Martes, 07 Febrero 2017 00:00 Columnistas

Lo intensivo y lo sostenible

Víctor Mendoza Andrade

Los términos: intensivo y sostenible han sido utilizados con significado contrapuesto para calificar el aprovechamiento de los recursos naturales para el desarrollo humano relacionándolos con el control de su degradación.

Estos recursos naturales son los utilizados por la agricultura, actividad que transformó la forma de vida de la humanidad, practicada por el hombre casi desde el origen de su presencia en el planeta (7.000 años a.C.). En un comienzo la practicó para su alimentación y la de su entorno y luego le añadiría un complemento comercial para obtener beneficios económicos de la misma.

La agricultura intensiva se la define como la practicada para obtener la mayor producción en la menor superficie. Pero este resultado intensivo significa también un sistema que utiliza los medios de producción intensivamente. Por ello se puede admitir el uso intensivo de la mano de obra en insumos y en recursos financieros.

Esta modalidad de producción agrícola intensiva ha sido sostenida fuertemente por los países industrializados y las transnacionales de comercialización de productos entre los llamados países del primer mundo y los subdesarrollados, los cuales, en su mayor número, están localizados en la franja tropical, paradójicamente, la región más rica y la mayor reserva de recursos naturales del planeta.

En los países subdesarrollados la intensificación de la utilización de los medios de producción, como la mano de obra, favorece el empleo para los campesinos, estrato económico más vulnerable del tercer mundo. Para lograr el desarrollo se propone reemplazar la modalidad de producción por las herramientas y metodologías de la tecnificación agrícola proveniente de los países desarrollados, las cuales, no pocas veces, al ser aplicadas en regiones ecológicas diferentes a las de donde fueron diseñadas han causado serias degradaciones ambientales.

Estas soluciones, como es el empleo de maquinaria para las labores agrícolas, movilizada por combustibles fósiles, fueron favorables económicamente en los países desarrollados a partir de la Revolución Industrial porque la industria proporcionó ocupación a los desplazados. Esto no sucede en los países subdesarrollados, lo cual significa que cambios tan importantes generados por el talento humano -como la generalización de la tecnificación agrícola-, para ser introducidos, necesitan de capacitación y políticas sociales favorables para el desarrollo de los sectores económicamente deprimidos.

El desarrollo sustentable, con reconocimiento válido mundial a partir de la reunión de la Organización de las Naciones Unidas en Río de Janeiro (1992) significa una respuesta conceptual para alcanzar este objetivo con rostro social y no solamente financiero y contaminante como es el de la producción intensiva. Sin embargo (como sucede en nuestro país), esta propuesta, más allá de su invocación en los discursos, no ha tenido un apoyo de investigación y aplicación de técnicas adecuadas, propuesta  de estrategia y políticas de Estado con participación de la academia, más preocupada por las novedades tecnológicas que por el progreso científico respetuoso del medio ambiente. (O)

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