Miércoles, 30 Noviembre 2016 00:00 Columnistas

Las dos épocas de Fidel

Fander Falconí

El 1 de enero de 1959 triunfaba la revolución en Cuba y Fidel Castro asumía el poder. El dictador de turno, Fulgencio Batista, huyó desesperado en un avión cargado con
$ 100 millones. Antes de decidir el destino final, su avión aterrizó en la República Dominicana, donde su colega Leonidas Trujillo le cobraría peaje. Luego pasó a vivir en Portugal y por último en la España franquista. Muchos pensaron que se trataría de otro golpe a la latina, sin imaginar que la revolución iría de largo. Gran parte de la propiedad privada de la isla pertenecía a estadounidenses, algunos de la mafia. A menos de 150 kilómetros de la primera potencia mundial, parecía que poco podían hacer Fidel Castro y el pueblo cubano.

¿Cómo era el mundo en 1959? África y Asia estaban en proceso de descolonización. Por primera vez se ponía el sol en el Imperio británico. Francia no se resignaba y se metió en dos guerras coloniales que perdió: Argelia y Vietnam. En este último país se involucraría luego Estados Unidos, porque no aprendió la lección en Corea, 1950-1953. Pero en 1959 ya hervía el ansia afroamericana de liberación en Estados Unidos y aparecían las semillas de la liberación femenina. Dos países gigantes se disputaban el planeta: la Unión Soviética y Estados Unidos. Pero en este lado del mundo, Washington ejecutaba la idea de su destino manifiesto, de dirigir los destinos hemisféricos. Ante esa voluntad de dominio, poco respondía nuestra región, dividida y sometida mediante el monocultivo (eso pasaba también en Cuba, claro, con el azúcar).

Por eso, cuando vino el bloqueo, pese a la voluntad de algunos países latinoamericanos de ayudar a Cuba, no necesitábamos azúcar. Luego Europa Oriental, productora de azúcar de remolacha, empezó a degustar el azúcar de caña. Además de la voluntad de ser libres de los cubanos, hubo factores que ayudaron a la revolución: ocurrió en el momento más álgido de la Guerra Fría, cuando la URSS entró de lleno a dar apoyo a Cuba; y el hecho de ser una isla, lo que impidió una invasión como la ocurrida en Guatemala.

¿Cuál es el mundo ahora, luego de la muerte de Fidel? Un mundo con nuevas formas de capitalismo, un mundo de altísima tecnología, el desplazamiento de las guerras imperialistas a Oriente Medio, un mundo más contaminado y enfrentando el cambio climático. Estados Unidos dando un giro más a la derecha (si eso es posible), pero con el surgimiento de nuevas potencias (en especial, China). Latinoamérica y el Caribe, pese a los logros integracionistas, aún tienen mucho por delante. Frente al mundo, la región muestra estas proporciones: exportaciones 5,5%, menos que en 1960 que llegaron a 6,7% (pese a la apertura y a los tratados de libre comercio). El peso del PIB regional en el contexto del planeta, 7,9%, en $ reales de 2010, apenas algo mejor que en 1960 (7,1%). Pero la esperanza de vida en la región subió de 56 a 75 años; en el mundo, de 52 a 71.

En 1959, nadie hubiera apostado por el éxito de la Revolución Cubana. En 2016, tras la muerte de Fidel Castro, nadie puede desconocer los logros de la revolución en materia de derechos sociales, en salud, en nutrición, en educación; todo pese al bloqueo imperialista. La historia realmente absolverá a Fidel. (O)

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