Sábado, 11 Febrero 2017 00:00 Columnistas

La moda de editar genes

César Paz-y-Miño

En 2012 los investigadores Martin Jinek, Inés Fonfara, Krzysztof Chylinski, Jennifer Doudna y Emmanuelle Charpentier describieron una técnica que utilizaba las propiedades de corte y reedición del ADN en bacterias, y que podía ser utilizada para cambiar los genes humanos o de cualquier especie. Esta técnica, conocida como ‘edición de genes’ y científicamente como CRISPR/Cas9, por su origen, está de moda.

El impacto de la edición de genes ha evolucionado muchos aspectos de la manipulación genética, con lo cual se logran cambios en la manera de enfrentar las 10.000 enfermedades genéticas y la forma misma de apreciar la genética en todas las especies. En la actualidad se cuenta con esta técnica que permite cambiar los genes, cortando, añadiendo o duplicando el material genético a capricho.

La terapia genética se presenta más cercana, al poder reemplazar un gen malo por uno bueno. Y la transgénesis cambia de perspectiva, pues no se requerirá de organismos extraños para extraer ADN con características nuevas y útiles. Tan solo habrá que editar lo existente. Cobra valor así la alteración de material genético para combatir enfermedades infecciosas y plagas. Además, la edición genética coadyuva a proyectar nuevos fármacos y más, con ADN previamente diseñados.

En 2014 se aplicó por primera vez la edición genética para curar una enfermedad. Después se aprobó su aplicación sobre embriones humanos con fines terapéuticos y hoy se plantea utilizarla en ensayos clínicos contra el cáncer, y ya ha tenido éxito en leucemias. Esta extraordinaria herramienta está en discusión dentro del ámbito ético, ya que conlleva preocupaciones sobre su uso indiscriminado con fines no necesariamente pacíficos o de bienestar social. Se plantea controlarla en el mundo o que existan prohibiciones para realizarla en diversos países, pero más allá de sus beneficios, hay riñas con relación a quién se quedará con la patente.

Se acaba de premiar a los descubridores de la técnica, pero continúa la disputa de poderes. Uno de los científicos que trabajó en la técnica, denunció que su institución, el Instituto Broad, mintió sobre el hallazgo, y esto lo aseveró en un correo enviado a la Universidad de California, que pugna por la propiedad. Los gastos en abogados ascienden a $ 10 millones.

Sea cual sea el final de los juicios, lo que inquieta al mundo científico es que la técnica de edición genética es de por sí una herramienta potente para lograr beneficios a la humanidad, y por tanto debería ser de uso amplio, gratuito, equitativo y justo. (O)

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