Miércoles, 23 Noviembre 2016 00:00 Columnistas

La mejor opción de inversión

Fander Falconí

Se habla mucho del bienestar social, pero con frecuencia se descuida la piedra angular de tal objetivo: el adecuado desarrollo infantil integral. En un reciente estudio de la revista médica The Lancet para el desarrollo de la primera infancia (Investing in the foundation of sustainable development: pathways to scale up for early childhood development) se establecen pautas claras para avanzar hacia tal bienestar. En efecto, sabemos desde hace tiempo (lo han venido diciendo durante años los pediatras) que si se descuidan los primeros años de vida de los seres humanos, no servirán de nada las intervenciones posteriores.

Cerca de 250 millones de niños y niñas menores de cinco años en los países pobres tal vez no alcancen a desplegar todo su potencial. ¿Por qué? Por la falta de conocimientos científicos de los mencionados adultos cuidadores, y por la falta de voluntad política para obligar a su inmediata ejecución en forma integral.

La atención infantil requiere un ambiente estable, sensible a las necesidades en salud y nutrición, protegido de cualquier amenaza, con oportunidades para el aprendizaje temprano y con interacciones en varios contextos sociales (hogar, trabajo de los padres, guarderías, comunidad en general).

La atención infantil incluye conductas, actitudes y conocimiento (salud, higiene y alimentación); estimulación (conversación, canciones y juegos); capacidad de reacción (confianza, vinculación afectiva y comunicación) y seguridad (protección y rutinas). El mejor contexto para la atención infantil es el propio hogar y el cuidado de la madre o del padre y de la familia inmediata; luego por las guarderías.

Un cerebro bien desarrollado adquiere de manera rápida el lenguaje, las herramientas básicas del aprendizaje y las competencias sociales y emocionales. Esta etapa de plasticidad cerebral define la vida entera de una persona, en la enseñanza posterior y en la interacción social. Investigaciones en todo el mundo han demostrado que la atención integral determina todo el crecimiento posterior hasta la edad adulta.

Desde el nacimiento, hay interacciones entre la criatura y los adultos cercanos, que son más los familiares al principio y que pasados los cinco años son más los maestros. La salud materna es esencial para garantizar una gestación y un nacimiento sin complicaciones. Si las madres reciben asistencia en esta etapa, hijas e hijos tendrán mejores condiciones físicas y emocionales.

La lactancia materna definitivamente mejora la salud física y emocional de niñas y niños, incluso en cuestiones de conducta social. La nutrición, en especial la dotación de micronutrientes, tiene efectos posteriores comprobados, por ejemplo, hasta en el área del aprovechamiento escolar.

Tanto en estas etapas como en las de crecimiento hasta los seis años, la pobreza causa problemas serios, no solo en lo material sino, además, como fuente de alteraciones psicológicas. Y en algunos casos degenera en violencia doméstica o en abandono, lo cual afecta la vida entera de los niños afectados. Solo con intervenciones integrales se tendrá una base efectiva para un bienestar duradero. (O)

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