Martes, 26 Septiembre 2017 00:00 Columnistas

La consulta al pueblo

Alfredo Vera

El presidente Lenín Moreno ha lanzado como herramienta de gobernabilidad el anuncio de que lanzará una convocatoria a consulta del pueblo ecuatoriano, para los próximos días.

Es una lástima que esta decisión sea una respuesta a la demanda de Guillermo Lasso y su claque de la extrema derecha bancaria.

Debemos estar alertas porque el eje del interés derechista es el de cerrarle el paso a la posible reelección de Correa en las próximas elecciones.

El odio de los sufridores no puede ni debe regir los destinos de la nación.

Estos señores no saben que, de todas maneras, hay un destino manifiesto que la voluntad de cuatro gatos o de la fanesca politiquera no puede ni desviar ni detener.

Se requiere mucha ceguera para no darse cuenta de que si la voluntad del pueblo es esa, nadie podrá detener ni desviar el desenlace seguro del rumbo de la nave del Estado.

Para tratar de disfrazar el odio, se embarcan en un galimatías al pretender eliminar el llamado Quinto Poder. No dicen de qué manera se van a designar las cabezas de los órganos públicos que se estructuran bajo esta jurisdicción.

¿Van otra vez a dejar esa responsabilidad en manos del Poder Legislativo, para que vuelvan los enjuagues, los toma y daca, los hombres del maletín y el concubinato politiquero, como en el pasado?

Aunque el mal de muchos se dice que es consuelo de los bobos, son más de 20 países los que fueron prostituidos por el soborno de Odebrecht. Igual multiplicidad de corrupción se originó con los fondos de la FIFA para vender las sedes de los campeonatos deportivos.

El drama que genera esta crisis de la inmoralidad universal, que llega hasta las puertas del Vaticano, no se arregla con palos de ciego y hay que ensayar otros mecanismos en los que se valorice la formación ética y la capacidad intelectual del grupo de personas que deben vigilar que los negocios del Estado sirvan para mejorar las condiciones de desarrollo social y no para permitir el enriquecimiento ilícito de unos cuantos malandrines.

La Constitución de Montecristi sirvió para liquidar el negociado de las canonjías que se repartían en los congresos de turno. Se reemplazó el mecanismo con la creación del Quinto Poder.

Toca ahora que ilustres constitucionalistas aporten propuestas para que el mecanismo de designación de los miembros del Quinto Poder garantice, de alguna manera, la probidad de los ungidos.

Si llegamos a tener la suerte de que así suceda, Ecuador pasaría a ser modelo ejemplar para el resto del mundo.

Como dice el vulgo, no es cosa de soplar y hacer botellas. Es materia de un profundo análisis para descubrir algo más importante que el agua tibia. Tampoco es materia de rogar a Dios que nos ilumine el camino; ya el Vaticano lo habría conseguido.

Como decía uno de mis profesores: ¡Ahora, sí, muchachos, a pensar! (O)

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