Miércoles, 12 Octubre 2016 00:00 Columnistas

La ciencia que definirá esta década

Fander Falconí

El objeto de la Economía es ser útil, es decir, que mejore el bienestar humano. Así pensaba el Premio Nobel 1973 Wassily Leontief, en cuyo honor estableció un premio internacional la universidad estadounidense de posgrado Tufts y entre cuyos ganadores están John Kenneth Galbraith, Amartya Sen, Angus Deaton, Amit Bhaduri y Herman Daly. Acaba de recibir el galardón Leontief un reconocido profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona. Se trata del investigador catalán Joan Martínez Alier, uno de los pioneros de la Economía Ecológica.

Esta disciplina, que une la economía y la ecología, pretende limitar el crecimiento económico descontrolado que amenaza con destruir el planeta, debido a la codicia de los países ricos y a su miope visión, que no coloca como debiera a la naturaleza y al ser humano por encima del mercado. Es mentira que solo mediante el crecimiento económico se resuelvan los problemas del hambre y de la pobreza ni que se pueda recuperar el medio ambiente: esa filosofía es un “concepto mágico del mercado”. El corolario lógico es que los países ricos deben decrecer sus economías y ‘descarbonizar’, es decir reducir sus emisiones contaminantes, en términos absolutos y por unidad de producción.

La Economía Ecológica es una de las pocas disciplinas que conjugan la investigación académica con la militancia social, convirtiéndose así en una economía útil, tal como fue el anhelo del renombrado Wassily Leontief.

Las recientes investigaciones de Joan Martínez Alier se han enfocado en los impactos sociales y ambientales de las actividades extractivas y mineras alrededor del mundo. Aunque no comparto todas las posiciones políticas del galardonado, creo que su aporte a la historia del pensamiento económico y ecológico es invalorable. Ha introducido, junto con otros economistas ecológicos, al ámbito académico y político conceptos como la deuda ecológica (los países ricos deben pagar la deuda ecológica a los países pobres, lo que incluso ha sido posicionado por el papa Francisco en su encíclica Laudato Si), el intercambio ecológicamente desigual (hay un deterioro de los términos de intercambio de nuestras materias primas, pero también hay un mayor esfuerzo exportador en volumen, lo que ocasiona el deterioro del patrimonio natural) y otros.

Martínez Alier ha introducido a la discusión académica y política la idea del ecologismo de los pobres. Hay un ecologismo de los ricos que tienen ya resuelta su vida, pero hay un ecologismo de los pobres, aquellos que defienden sus mares, bosques y manglares, porque es el sustento de su vida.

Joan Martínez Alier ha sido mi maestro, mi colega y mi amigo. He tenido el privilegio de que dos libros míos fueron prologados por Joan (Al Sur de las decisiones, y Economía y desarrollo sostenible: matrimonio feliz o divorcio anunciado). Es un honor para la Flacso y para el Ecuador haber contado con un profesor tan valioso. Estamos de celebración en Quito, donde hemos contado con Joan casi dos décadas, y en Barcelona, su ciudad natal y sede de su alma máter. Pero también ha recibido felicitaciones de otras tres universidades donde él dictó su cátedra: Yale y Stanford de Estados Unidos, y la más antigua universidad de habla inglesa: Oxford. (O)

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