Martes, 15 Noviembre 2016 00:00 Columnistas

La agenda oculta de la derecha

Erika Sylva Charvet

El candidato banquero ha defendido las escuelas del milenio por constituir una “mejor calidad de educación”, pero mantiene su propuesta de eliminar la Senescyt. Una inconsistencia total.

¿Qué defiende Lasso de las escuelas del milenio? ¿Sus edificios? Si bien ellas son una expresión, no constituyen el modelo de educación de la Revolución Ciudadana. El modelo radica en el principio de responsabilidad del Estado en la garantía de acceso a una educación de calidad a todos(as) los(as) ecuatorianos(as), en especial a la población históricamente marginada. Por eso, no es consistente defender las escuelas del milenio por su calidad y dejar al garete la calidad de la educación superior.

Dice Lasso que “son muy pocas” las escuelas del milenio, que hay que construir más. Pero, ¿de dónde va a sacar la plata si propone eliminar los impuestos? ¿Va a volver a entregar la política de calidad educativa a los organismos financieros internacionales o a las agencias de cooperación según la pauta neoliberal?

Porque como lo evidencia Minteguiaga (2014), de los 23 programas educativos de calidad en la educación básica y media ejecutados entre 1980-2010, 19 (82,6%) fueron iniciativas foráneas, generalmente operativizadas por unidades ejecutoras, delatando el desentendimiento del Estado de su responsabilidad de garantizar calidad educativa.

Esa es una de sus diferencias fundamentales con las escuelas del milenio, enmarcadas, por el contrario, en la política pública indelegable de un Estado garante de derechos.

La eliminación de ese principio es, justamente, la agenda oculta de la derecha que se desenmascara cuando Lasso dice que va a eliminar la Senescyt, entidad rectora de la educación superior. Para empezar, va contra la integralidad del sistema educativo, que exige que la política de calidad articule todos los niveles formativos. La eliminación de la Senescyt implicaría el retorno a la desregulación de la educación superior que devastó su calidad durante el neoliberalismo, abriendo las puertas a su re-mercantilización.

Si el candidato banquero exhibe tal desinterés por la calidad de este nivel formativo, ¿cuál sería el sentido de interesarse por la calidad de los otros niveles? Algo huele mal por ahí.

Por otra parte, la integralidad tiene fines estratégicos. Pero, ¿qué fin estratégico puede tener una derecha sin proyecto nacional? Lasso dice que eliminando la Senescyt aumentarán las becas. ¿Y cuál sería el propósito de estas en el diseño del mismo país ‘abierto’ del pasado que propone? ¿Abierto al libre comercio, de matriz primario exportadora, que no necesita que el Estado garantice la odiada inversión pública en la formación de científicos(as), técnicos(as) o investigadores(as)? Indudablemente, miente sobre la continuidad de las becas.

Tales inconsistencias tienen la virtud de develar la agenda oculta de la derecha: su no política de educación, que tratará de enmascararla por todos los medios. Pieza maestra: los escándalos promovidos por sus peones. Como los que hoy mismo estamos atestiguando. (O)

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