¿Es posible una conversación política en Ecuador?

- 26 de Enero de 2017 - 00:00

La contienda electoral causa serios problemas de comunicación, no solo entre los políticos (lo cual sería normal), sino entre los ciudadanos comunes y corrientes. A nivel familiar se ha vuelto peligroso referirse a temas políticos, especialmente si hay tendencias marcadamente distintas entre sus miembros. Pasé las reuniones de Navidad y Año Viejo defendiendo mi posición ideológica, que mi familia la conoce desde hace décadas, pues no ha cambiado en toda mi vida. ¡Qué insensatez! Personas que nos queremos profundamente, discutiendo en defensa de una u otra tendencia.

Parece que la polarización ideológica está empeorando en el país. La división entre la izquierda y la derecha luce mucho más marcada como nunca antes en la historia. Y lo peor es que hay estudios formales que nos indican que esto es verdad. Los socialistas, alineados en la izquierda, y los liberales/conservadores, alineados con la derecha, se han distanciado completamente y han puesto barreras que hacen que únicamente lean noticias de su predilección, hablen solamente con gente que comparte su mentalidad y aun decidan vivir en zonas muy específicas de las ciudades y del país. Pero lo más preocupante de todo es la creciente animosidad de los dos lados. Socialistas y conservadores, gobiernistas y de oposición cada vez se toleran menos y aun se puede percibir un odio latente.

Si nos vamos a la base científica de este problema, encontramos un modelo de conducta identificado por los psicólogos Jon Haidt y Jesse Graham mediante el cual los socialistas y los conservadores tienden a asignar diferentes valores a diferentes grados de creencias. Es así como los izquierdistas tendemos a soportar valores como la igualdad y justicia, el cuidado y protección del ser humano a cualquier daño. Los derechistas, por su parte, aprueban valores como lealtad y patriotismo, respeto a la autoridad y la pureza moral. Ahora bien, estos valores morales son normalmente las creencias más profundas de la gente, por los cuales están dispuestos a luchar y morir por ellos.

De esta manera es imposible que rescindamos dichos principios y valores solamente para ponernos de acuerdo con la otra parte en algo que no queremos estar de acuerdo de cualquier manera. Y es por eso que la única discusión que tengo con mi conservadora esposa es cuando hablamos de por quién voy a votar en las próximas elecciones. Nada valen 35 años de matrimonio (cuya estabilidad se da por sentado), pues sus valores en este momento de nuestras vidas son más importantes que cualquier otra cosa. Considera casi una traición que yo no comparta su línea de pensamiento. Me parece que es necesario buscar un nuevo encuadre moral si queremos romper esta polarización. Si queremos persuadir a alguien acerca de alguna de nuestras propuestas ideológicas (y esto va para los dos bandos), sería de gran ayuda que conectemos nuestra propuesta a los valores morales subyacentes de cada uno. Lo cual parecería obvio, pero nadie lo está haciendo y la ruptura partidista se agrava día a día.

La campaña política se ha vuelto como un discurso ante un espejo, en el cual no queremos persuadir, sino que nos ejercitamos en las razones por las que tenemos fe en nuestras creencias políticas. Solamente el candidato de izquierda está machacando los valores de ‘empatía y respeto’ y lo está haciendo tan bien que es posible (y ya lo está logrando) persuadir a mucha gente. Tenemos que unir a Ecuador nuevamente. Hagámoslo a pesar de los políticos, de los medios de comunicación, del Facebook y del Twitter, de la Asamblea y de todo aquello que nos divide. Unamos al país porque es lo correcto. Porque este odio e irrespeto nos hacen lucir feos, y nos corrompen y atentan contra nuestra sociedad. Es lo que le debemos a nuestros conciudadanos y a la historia. (O)

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