Sábado, 29 Abril 2017 00:00 Columnistas

El triunfo electoral y sus riesgos

Melania Mora Witt

Tras el recuento de casi dos millones de votos, se desvaneció cualquier especulación acerca del resultado electoral, que siempre estuvo claro. Esta campaña evidenció las peores aristas de un núcleo de personas que no vacilaron en provocar incidentes violentos, en los cuales algunos protagonistas -ya identificados- llegaron al extremo de llamar asesino al presidente electo y de pedir que se proceda  con  el presidente Correa en la forma que sus posibles antecesores hicieron con Alfaro.

Más temprano que tarde se reconocerá el proceder pulcro y democrático del Consejo Nacional Electoral. El proceso fue un ejemplo de transparencia y contó con el aval de las más importantes instancias latinoamericanas. Sin embargo, algunos voceros continúan en la denigración y el odio, que ya pasó del presidente actual al electo, lo cual no debe sorprender, pues se hizo claro un conflicto de intereses entre quienes se identificaron con el cambio y quienes trataron de darle un vuelco neoliberal.

Lenín Moreno ha extendido su mano a los ecuatorianos de buena fe. Esa debe ser la condición de los acuerdos, que ojalá sean amplios, tras superar rencores y resentimientos. La mayor riqueza de un país es un entramado social sólido, en el cual todos se sientan partícipes y, por tanto, unidos con lazos de solidaridad, más allá de las diferencias ideológicas y políticas.

Con desagrado he leído propuestas de voceros de la ultraderecha, que ‘condicionan’ su aceptación al nuevo Gobierno, si este reniega del programa con el que fue elegido.

Le ‘exigen’ que se sume a la orquestada campaña internacional contra Venezuela y tome medidas duras contra Assange, a quien Estados Unidos ha declarado objeto especial de persecución. En forma inaudita pretenden imponer su agenda internacional sobre la mantenida por el gobierno de Rafael Correa, que ha merecido, para él y Ecuador, un especial reconocimiento en foros mundiales.

En ellos se ha mencionado -como ejemplo- el de un pequeño país, capaz de tomar decisiones soberanas y ser consecuente con la integración regional, sueño y anhelo de los próceres latinoamericanos. No deben escucharse los cantos de sirena que, con el señuelo de la adhesión, piden la renuncia a los principios de la RC, es decir la traición a sus electores.

Ardua es la tarea que espera al binomio triunfador. A pesar de los esfuerzos realizados, la situación del país es difícil, pues dependemos de mercados internacionales y decisiones geopolíticas desfavorables. Es vital la elección de cuadros intachables y capaces para el gabinete y principales entidades.

La próxima asamblea es decisiva para el futuro de Alianza PAIS y en la conducción de la misma debe desterrarse el amiguismo y sectarismo. Hay que  reforzar la formación política de la militancia. La integración de las directivas locales con los dignatarios o funcionarios originó -en algunos lugares- que los reparos a su gestión se traduzcan en la pérdida de muchos adherentes. La unidad en la pluralidad -tal el Frente Amplio Uruguayo- podría evitar exclusiones, que pasan luego la factura. (O)

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