Miércoles, 28 Septiembre 2016 00:00 Columnistas

El silencio vale oro

Lucrecia Maldonado

El problema, si nos ponemos a ver, no radica únicamente en el hecho de que un veterano periodista haya afirmado, en tono irónico, que durante el gobierno de Augusto Pinochet hubo estabilidad en Chile. Obviamente, a quienes están a favor de la vida puede espeluznarles esa afirmación, pero bastaría con averiguar un poco a qué se refería y con qué intención lo hacía al proferir aquel aserto. Porque, además, parecería que ni siquiera había logrado ponerse de acuerdo con su propia colega de canal, quien hace unas pocas semanas se había quejado de que la Venezuela de Maduro la hacía sentir como el Chile de Pinochet. Entonces, ahorita mismo, no se sabe si ella se quejaba o si estaba alabando al sistema.

Pero la situación problemática va más allá, porque no fue esa afirmación la única barbaridad de aquella entrevista. Pareció comenzar con vientos favorables, pues aparentemente habían hecho bastante con invitar a alguien que se sabía que podía estar a favor del gobierno de Rafael Correa. Sin embargo, desde el momento de la presentación ya hubo tono irónico, el endilgarle el título de ‘Consultor de Alianza PAIS’ sin más y el comenzar a buscar la confrontación por donde fuera.

Cuando, como era de esperarse, el entrevistado comenzó a señalar los aciertos del actual Gobierno ecuatoriano, el periodista comenzó a interrumpir sistemáticamente, acotando, impidiendo que su invitado se expresara en oraciones completas, pisoteando inmisericordemente aquello que tanto defiende para sí la prensa libre e independiente: la libertad de expresión.

Y en el momento en que el entrevistado osó mencionar, entre las cualidades del gobierno de Rafael Correa, el hecho de que en el Ecuador haya estabilidad política y económica desde hace una década, por lo menos más estabilidad que en la década anterior, el periodista no lo pudo soportar y soltó aquello de que con Pinochet también hubo estabilidad en Chile. Mucha gente interpreta esto como una alabanza al gobierno de Pinochet. Pero leyendo entre líneas tal vez Alfredo Pinoargote haya estado haciendo lo mismo que su colega retenida por unas horas en Venezuela: pretendiendo comparar el gobierno democrático de Rafael Correa a la sangrienta dictadura de un tirano de verdad, lo cual no le quita peso al error, pues también se constituye en una falta de respeto y en una inexactitud histórica y política de grandes proporciones.

Más allá de las expresiones tendenciosas y de la rebuscada ironía para ‘ganar’ una disputa en la que el único peleón era él, el periodista de Ecuavisa demostró, ante todo, una falta de profesionalismo que indigna: irrespeto total por el entrevistado solamente por no compartir su tendencia política, manifestado en constantes interrupciones y preguntas fuera de tono; completa pérdida de control de sus emociones negativas en el momento en el que, con mesura de parte del entrevistado, sus afirmaciones eran rebatidas con argumentos y no con groserías; y finalmente, la ambigua afirmación que ahora lo tiene situado de cuerpo entero en un ridículo casi sin precedentes dentro de los medios de comunicación de nuestro país.

Ya lo dicen los mayores: si no se tiene nada bueno que decir, es preferible callar. O también: si la palabra vale plata, el silencio vale oro. (O)

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