Viernes, 11 Noviembre 2016 00:00 Columnistas

El poder de la mediocracia

Ilitch Verduga Vélez

En el siglo pasado, el gran pensador italiano Antonio Gramsci estableció conceptos y principios fundamentales del devenir político del capitalismo mundial, señalando sus grandes fortalezas, sostenidas en la llamada superestructura ideológica, que posibilitaban su dominio universal, las cuales iban más allá del accionar de los tradicionales partidos de esa época en Europa: liberales, conservadores, democratacristianos, socialdemócratas y hasta las cúpulas de agrupaciones socialistas. Él los llamó ‘aparatos ideológicos del poder’, pues sus designios eran decisivos en la vida de los pueblos, singularizando al más importante de todos por su trascendencia y relevancia a  los medios de comunicación, los mismos que ahora tienen y aumentan su influencia en el planeta.

En esos tiempos el poderío de la prensa escrita y radial era importante, aunque no existía la TV, que más tarde reclamó su tajada de potestad, especialmente en EE.UU. En los años 30, tanta era la influencia que presumía la prensa, que el miembro de la Cámara de los Comunes inglesa Thomas Macaulay la llamó el ‘cuarto poder’. Los medios, hoy reconvertidos en poderosos consorcios de información, tanto impresos como radiotelevisivos o electrónicos, son definitivamente los dueños de la opinión pública universal. Y en la circunstancia gravísima de generar noticias a partir de una misma matriz ideológica, la del capitalismo financiero universal, no tienen rival. Podemos citar, por ejemplo, que cinco cadenas de la televisión de EE.UU. proveen los sucesos y comentarios al 90% de audiencia del orbe, en el tenor de lo que decía el asesinado líder negro estadounidense Malcolm X: “La noticia que genera un medio puede convertir a un esclavista en héroe y a un esclavo en villano”.

Pero además la realidad cotidiana nos muestra lo que vaticinó Gramsci, o sea, la  gran influencia que tiene el ejercicio mediático en la existencia de las naciones y las gentes, en materia de decisiones político-electorales, no solo por lo que hemos mencionado, sino también porque los mass media se transforman en actores políticos aprovechando su exposición cotidiana y la carta de inmunidad que otorga ser parte de una corporación mediática. Lo que sucede en nuestro continente es atroz.  Cuba y Venezuela han sido blanco favorito de los enclaves noticiosos basándose en la técnica del ‘rebote’.

La pesquisa embustera ha logrado que gran parte de sus habitués se nutran de una falsa realidad de lo que sucede en esas repúblicas. Aquel ocupado o soñoliento de noche o de mañana recibe segundos de notas sesgadas y las transfiere a su psiquis y transmuta con artificio subliminal a su conducta diaria y es víctima de manipulación.

La información se usa como dispositivo de poder, de allí que quienes son propietarios de medios de difusión de cualquier clase, en realidad lo son de gran parte del mando en un país. Se ha dicho que tal vez el poder gubernamental requiere de un contrapoder que lo controle u observe, empero, ¿con qué legitimidad la mediocracia puede alzarse como el gran fiscal de cualquier régimen que ha sido elegido por millones de ciudadanos y por qué puede asumir la representación de un conglomerado, si nunca la autorizó? Y claro, ¿quién controla a estos controladores? En muchos lugares ha habido mandatarios dueños o aupados por los medios de difusión, todos fracasaron sepultados en escándalos de corrupción y megalomanía.

La Alcaldía de Guayaquil, en días pasados, condecoró a un caballero de horrible figura que jamás ha podido explicar cómo con sueldo de comentarista de TV tiene casa en Miami cuyo valor es de $ 3 millones. Los ecuatorianos debemos estar alerta en las próximas semanas. Estarán los noticieros llenos de falacias, en  busca de que gane el postulante banquero. La CNN ya las inició. (O)

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