El país polarizado

- 24 de mayo de 2017 - 00:00

Resulta increíble cómo ciertos conceptos posicionados por los medios y las redes sociales se convierten en verdades absolutas de un minuto al siguiente. Ahora circula, por ejemplo, el aserto de que el presidente Correa dividió al país y que el país está ‘polarizado’. Por otro lado, se supone que una característica esencial del ser humano es la de pensar, y dentro de ella, la de poder juzgar sanamente a partir de evidencias. Sin embargo, hay tanta pereza mental en el mundo que la gente simplemente se agarra de algún concepto dicho por algún opinólogo o por algún pseudoexperto en cualquier cosa y lo comienza a repetir sin ton ni son, y sobre todo sin la menor comprobación. Mientras la conducta adecuada sería elaborar una premisa a partir de hechos ciertos, y con ellos sustentarla, es fácil ver cómo se inventa una premisa cualquiera y se comienza a manipular la realidad para sustentarla al precio que sea.

Esto de la ‘polarización’, por ejemplo, parecería hablar de un idílico y bucólico territorio en el que no existía la menor discrepancia hasta cuando llegó la Revolución Ciudadana. Y lo repite alegremente todo el mundo, bueno… no todo, pero sí una parte de la población. Lo que sucede es que antes la polarización era entre un sector de la población que era muy visible y otro que era absolutamente invisible y, salvo excepciones, casi no se hacía notar. En el momento en que uno de esos sectores comienza a ser atendido, además, después de siglos de exclusión y olvido, es obvio que muchos sentimientos y emociones comienzan a movilizarse, y muchos de ellos a transformarse en acciones. Pero sobre todo la división se comienza a dar porque, en el afán de crear una sociedad menos desigual, quienes antes detentaban los más grandes privilegios deberán ceder un poco de beneficios, muchas veces una parte ínfima, pero eso ya les cuesta, y hablan de división porque, para muchos, la unión consiste sencillamente en que unos pocos lo tengan casi todo y en que los que no tienen casi nada estén completamente de acuerdo.

Ninguna transformación importante en la historia de los pueblos se ha hecho a partir de un consenso total. Ya en su tiempo, dicen que fue Jesús quien anunció: “No he venido a traer la paz, sino la espada”. Lamentablemente el porcentaje de la población que podría calificarse como ‘de buena voluntad’ es demasiado pequeño. Y quienes se han beneficiado de la desigualdad no aceptarán tan fácilmente que ya no sea así. Mucho depende de la habilidad de los líderes que las cosas se lleven con paz y calma. Pero también es cierto que en ciertos grupos sociales anidan muchos recursos poco éticos y bastante arteros para manipular la opinión pública y hacer parecer cada mentira como una gran verdad. (O)