Martes, 06 Junio 2017 00:00 Columnistas

El diálogo, principal herramienta de gobierno de Lenín Moreno

Gustavo Pérez Ramírez

En sus dos discursos, muy aplaudidos, que traslucían  sinceridad y convicción, tanto el de la ceremonia de posesión de nuevo Presidente Constitucional, de la República de Ecuador, como el de la  posesión a su gabinete ministerial, en Carondelet, Lenín Moreno hizo el anuncio  que define su estilo propio: hará del diálogo, la inclusión y la participación las principales herramientas de su gobierno. Asimismo, como Presidente de todos los ecuatorianos, prometió trabajar por cada uno sin exclusiones, consciente de los nuevos retos y desafíos. A todos ofreció la mano tendida y brazos abiertos.

¡Enhorabuena! Sin embargo, no va a ser un camino de rosas, porque no se ha desarrollado en Ecuador una cultura del diálogo, y no se le ha dado prioridad al cambio de la matriz cultural, de importancia clave para el desarrollo, no simple medio para alcanzar fines.

Esto lo tiene claro el Presidente, como lo expuso  razonadamente al referirse insistentemente a los valores que hay que cambiar, que obstaculizan el diálogo, o lo harían de sordos.

Es  claro, desde el comienzo, que se trata de auténticos diálogos, en los que interviene la crítica constructiva; las partes implicadas explican en la mesa del diálogo en qué consiste el problema que se pretende resolver para llegar a un acuerdo, así sea de cómo manejar la crisis, mientras se puede llegar a un consenso. 

Suele hablarse de diálogo como una exposición e intercambio de pensamientos, donde se aceptan las posturas del interlocutor y los participantes están dispuestos a modificar sus propios puntos de vista. El diálogo genuino intenta buscar la verdad y fomentar el conocimiento sin prejuicios ni manipulaciones de la opinión, como una forma de interacción franca, basada en el respeto, en busca de encontrar valores universales comunes.

Los católicos hemos sido educados primordialmente en el amor al prójimo, pero sin darle atención específica  a la dimensión  del diálogo, que está implicado, excepto para el diálogo interreligioso, con miras al ecumenismo que avanza. El papa Francisco es ahora pionero en ampliar a todas las dimensiones este amor concreto que valora el diálogo porque “el amor se realiza en el diálogo, en la comunión, se comunica”.

El budismo, por su parte, está contribuyendo notablemente a la construcción de una nueva cultura del diálogo en el mundo, en estrecha relación con el humanismo, concepto esencial del budismo. Los maestros del budismo enseñan que el diálogo es un proceso que permite identificar y desarrollar los aspectos más nobles y grandes del ser humano, y estimula el deseo de crear valores, resaltando los aspectos comunes que unen a las personas y les permiten vivir de una manera satisfactoria, humana y digna.

Es la oportunidad para que Ecuador impulse la cultura y pedagogía del diálogo desde todos los frentes, hogares, centros de educación, universidades, instituciones públicas y privadas. Que los diálogos ensanchen el horizonte a los intereses de la patria y del bien común. (O)

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