El Día Internacional de la Tierra

| 25 de Abril de 2017 - 00:00

Fue celebrado el pasado 22 de abril, promovido desde 1970  por el senador y activista ambiental Gaylord Nelson. Tiene como objetivo establecer conciencia sobre los retos que significan la preservación del planeta Tierra y la protección del medio ambiente

Los astronautas, al observar la Tierra desde el espacio la denominaron con sentimiento poético el Planeta Azul. El azul es un color que se lo asocia con la parte más intelectual de la mente y en la antigüedad se le asociaba con el infinito, simbolizando confianza de la permanencia en el tiempo. La palabra Tierra tiene origen latino y significa seco.

La tonalidad azul de la Tierra corresponde a la hidrosfera y atmósfera, capas exteriores del planeta. La hidrosfera (océanos, mares, lagunas…) cubren casi las tres cuartas partes de la superficie del globo terrestre. La atmósfera, capa gaseosa que la envuelve, no es uniforme, la mayor concentración del aire está en los quince km, más próximos a la superficie terrestre. La diferencia de densidades, presión y temperatura entre las diversas capas gaseosas o entre las distintas zonas del planeta presenta cambios a los cuales llamamos clima. Las tierras emergidas en el hemisferio norte ocupan aproximadamente 154 millones de kilómetros cuadrados y en el hemisferio sur apenas 48 millones de kilómetros, las cuales, al integrarse con su hidrosfera y atmósfera (caso único en el sistema solar) permiten la vida en la Tierra.

La edad aproximada del planeta se calcula en 4.510 millones de años y la evidencia de la presencia del Homo sapiens en la Tierra entre 165.000 y 195.000 años. El origen de la agricultura, actividad que consume los recursos naturales renovables, se sitúa en el Neolítico, aproximadamente hace unos 8.000 a 10.000 años. La comparación de estos lapsos del tiempo nos permite reflexionar sobre el corto tiempo que necesitó el hombre para poner en peligro el mundo que hemos logrado conocer y que para establecerse necesitó miles de millones de años.

En artículos anteriores indicamos que a partir de la revolución industrial hace apenas 150 años estos procesos destructivos y contaminantes ambientales se han multiplicado poniendo en peligro la estabilidad mundial, lo cual fue denunciado por la comunidad científica.

El Convenio Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 1992 y el Protocolo de Kioto de 1997 (que no se cumplió) constituyeron la respuesta de la comunidad internacional al fenómeno negativo del cambio climático. La Conferencia de las Partes, realizada en diciembre de 2015 en París, supuso un auténtico punto de inflexión favorable a superar la falta de apoyo y de confianza entre las partes para controlar el cambio climático y sus resoluciones fueon apoyadas por los presidentes de Estados Unidos y China.

Actualmente, el administrador general de la Agencia de Protección Ambiental (EPA) de Estados Unidos, Scott Pruitt, el pasado 14 de abril, indicó que, “en su opinión, Estados Unidos debería plantearse salir del Acuerdo de París, porque no supone ningún beneficio económico para las empresas de Estados Unidos”. Este criterio acientífico es del gobierno de Trump. (O)