Viernes, 10 Febrero 2017 00:00 Columnistas

Devaluación de candidatos oligárquicos

Ilitch Verduga Vélez

Los formularios de hechicería electoral, que tenían todas las mañoserías, picardías, que tan útiles le fueron a la partidocracia, en el pasado reciente, hoy le son difíciles de aplicar. Los volúmenes de superchería electorera, donde se computaban resultados en las plataformas digitales de los bancos, también de grandes compañías, ya no funcionan más. Las fórmulas invariables del péndulo comicial perdieron veracidad, ni siquiera los esguinces, volteretas en los recintos legislativos del ayer, han podido reeditarse, a pesar de denodados esfuerzos de unos pocos. En la actual Asamblea Nacional se trabaja, se legisla para el bien del Ecuador que ya cambió. Las instituciones funcionan, la nave del Estado tiene un timonel ilustrado, decidido, honrado, continuarán otros su labor patriótica por la voluntad del pueblo ecuatoriano, que es quien decide, manda.

En este lapso de votaciones, a veces atolondrado, las acusaciones de corrupción llueven en cantidades comparables a los aguaceros de este invierno. Las imputaciones en contra del vicepresidente Glas, sin prueba alguna, solo como infame maniobra electorera, han colmado la paciencia de los ciudadanos, que confían en hombres como Lenín Moreno y Jorge Glas. Unos cuantos barones mediáticos tomaron vías diferentes que las de sus colegas. Un diario porteño no publicó una malhadada entrevista, concedida precisamente por el imputado de haber recibido coimas depositadas en paraísos fiscales. La directora de un noticiero nocturno ha sido desautorizada por el dueño del canal por haber realizado una interviú al mismo sujeto acusado del acto delincuencial. Por ello, porque las falacias, por planificadas que estén, tienen piernas cortas, los postulantes presidenciales que esperaban lanzar bombas publicitarias incendiarias contra la honra de los candidatos del pueblo para ponerlos en la picota pública y lograr así votos raudos, se encuentran aún aturdidos por este suceso inesperado. Entonces, presos de angustia existencial, vuelven a las prácticas virulentas, deshonestas, de tiempos idos.

Estas elecciones generales demuestran que los conceptos políticos nunca serán inmutables, mencionemos varias hipótesis: 1.- La credulidad humana tiene límites. 2.- Las rectificaciones, ampliadas por órganos de la mediocracia que se hacen de prisa, que pronto menudearán, son formas de condensar el mea culpa de las tinieblas con las que intentaron cegar a las gentes nuestras, elemento importante, ahora, en el caos de la derecha política. 3.- La creación de una cortina fantasmal con entontecidos, mediocres corifeos, que pronto buscarán otros aleros como aves migrantes, podrán ser un síntoma de la derrota de la traición, de la cobardía. 4.- Los pájaros que tal vez queden -unos cuantos que trocaron en buitres-, cual legado insolvente de una izquierda de café, libresca, envejecida, comensal del poder, que nunca alcanzó; hoy son concomitantes con la derecha económica, que los utiliza, querrán seguir haciéndolo. 5.- Creo yo que la patria nueva no los necesita. 6.- Aunque jamás debe negársele a nadie el ‘derecho a la paranoia’, francamente alguien se está pasando; como dicen los jóvenes: se ‘rayó. Un video que circula en redes sociales llamando al putsch legislativo, para que a un empresario se lo proclame jefe de Estado, será ubicado en los anales de la extravagancia, con vectores ridículos de barroquismo bananero. Por lo demás, sus ahijadas, con seguridad, no llegarán a la Asamblea.

Finalmente, hay una realidad incontrastable, existe un conglomerado popular movilizado para impedir que las conquistas sociales de estos diez años de progreso se trunquen. El devenir de las naciones solventa seres humanos, los ubica en dimensiones de su tiempo histórico, para acometer grandes obras en beneficio de sus semejantes. Es evidente que Lenín Moreno es el estadista capaz, serio, que Ecuador necesita. La era de los parlanchines de barrio concluyó. (O)

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