Despedida a un amigo

| 06 de Septiembre de 2017 - 18:36

Soy amiguero por naturaleza y como buen paisano (a pesar de que los quiteños somos una clase especial de paisanos) soy chusco y amable. Es por eso que de entrada le caí bien a una persona que llegó a ser un leal amigo, insustituible consejero, oportuno apoyo y siempre un ejemplo de profesionalismo e integridad. Conocí a Ricardo Alfredo Estrada Estrada en el campus del Georgia Institute of Technology hace más de cuarenta años cuando yo formaba parte de un pequeño grupo de becarios Fulbright y él terminaba sus estudios de ingeniería eléctrica.

Por su caballerosidad y gentileza muy rápidamente nos unió a los ecuatorianos que estudiábamos ahí, a pesar de ser ‘mono’ y  que nosotros ‘paisanos’ ya éramos amigos y compañeros de la Politécnica Nacional de muchos años. Enseguida nos dimos  cuenta de que la amistad que nos ofrecía era sincera y desinteresada. Esa fue la relación más significativa y que te cambia la vida que uno pueda tener. Y es por eso que es muy duro sobrellevar la muerte de ese amigo.  No soy bueno escribiendo obituarios, pero quiero expresar mis emociones de la única manera que sé hacer y es mediante mi columna.

Quiero agradecerle al ‘Flaco’ Estrada por su abierta disposición a apoyarme cuando se lo pedí. A enseñarme que la hombría de bien, la honradez y la sencillez son cualidades que son apreciadas y perduran. Su célebre libreta de ‘cachos’ la tuvo a la mano para romper el hielo y las asperezas de las relaciones personales. Siempre supo crear puentes entre la gente y relacionar entre sí a personas con ideas absolutamente opuestas, buscando sus intereses comunes. Fue un ecuatoriano a carta cabal.

Sorteó con habilidad los difíciles momentos de un contrato con Emelec y dio a nuestra ciudad una empresa eléctrica moderna y operativa. Sirvió al país con decencia, humildad y mucha fe en nuestra capacidad de salir adelante. Su espíritu luchador mantuvo a la Corpei activa y productiva, transmitiendo esa visión de que somos una nación exportadora. Y fue ese espíritu luchador que me hizo abrigar la esperanza de que iba a vencer a la enfermedad y a la muerte. Y me alegro de que en casi cuatro años de su dura pelea, nunca hablamos de ella, sino de emprendimientos, negocios y amistad.

Y fue azul emelecista. ¡No podía ser de otra manera! En su presidencia, el Club Sport Emelec alcanzó un campeonato nacional en 1979. Y junto con la tremenda presión de mi esposa y la sonrisa maliciosa del ‘Flaco’ Estrada, me hice emelecista.  

No hay palabras perfectas para expresar mis condolencias a su familia. Solo sé que Ricardo hubiera querido que celebremos la vida. Lo vamos a recordar siempre. (O)