Desafíos para la ciencia nacional

- 23 de septiembre de 2017 - 00:00

Resumo algunas de las herencias del anterior Gobierno: una ley que permite asignar presupuesto a la investigación; categorización de universidades; registro de investigadores; código ingenios; universidades especiales (Yachay e Ikiam); fortalecimiento de instituciones públicas e institutos públicos de investigación; plan de desarrollo con áreas prioritarias de investigación; algunos programas y proyectos de investigación de impacto; obligatoriedad de tener profesores investigadores con títulos de cuarto nivel y de que las universidades hagan investigación.

Si bien es positiva esta lista rápida, al analizar los logros, estos son débiles. Entre 2007 y 2017 contamos con 10.500 artículos científicos publicados, 250 capítulos en libros científicos, 1.900 participaciones en congresos científicos internacionales, 370 revisiones del estado de la ciencia en diversas áreas. Es poco comparado con países vecinos, que se multiplican por cuatro. No hay aportes eminentes producto de los 11 mil investigadores nacionales, según Senescyt. Además, las universidades ecuatorianas no alcanzan aún puestos destacados en el ranking internacional.

Al medir a Yachay y a Ikiam con los parámetros que se evaluó a las universidades, estas tambalearían en la categorización. La problemática en Yachay es desalentadora y eso que solo se ha evaluado su aspecto económico, sin considerar aspectos académicos (producción científica propia).

El panorama científico nacional es complejo. Y aunque al inicio de un Gobierno siempre surgen expectativas positivas, las señales indican en la actualidad, que los investigadores ecuatorianos seguimos esperando definiciones concretas sobre estrategias de desarrollo para ciencia y tecnología, y salir así del letargo científico que seguimos.

La ley prevé asignar para investigación parte del PIB (la última cifra habla del 2,1% asignado), pero no existe un postulado claro sobre cuánto se asignará para desarrollo científico y tecnológico. Se anunció recortes al “gasto público” y, por experiencia histórica, lo que primero se afecta es ciencia e investigación. Tampoco está claro qué áreas prioritarias se reforzarán para desarrollarlas y hacerlas competitivas. No existe plan alguno de financiamiento a científicos ni a centros dedicados a investigación.

El retraso en el desarrollo de la ciencia ecuatoriana significa retraso del país entero. La genética, la biodiversidad, la contaminación, las enfermedades transmisibles no esperan por decisiones políticas. O se trazan hoy, o seguiremos ocupando el puesto 92 (entre 239) en el ranking de producción científica mundial. (O)