Viernes, 14 Julio 2017 00:00 Columnistas

Derecha brasileña se libra de Temer para intentar salvar el golpe

Emir Sader

Ahora sí, es cierto. Aunque maniobre de todas maneras, cambiando a 20 miembros de la Comisión de Justicia de la Cámara, para intentar derrotar el informe del relator, por la continuidad del proceso en contra de Michel Temer, este ya es considerado un cadáver político. Las evidencias de las últimas denuncias le quitaron  cualquier tipo de legitimidad para seguir adelante con el paquete de reformas regresivas – razón del golpe en contra de los gobiernos del PT.

Desde las últimas denuncias, Temer ya no gobierna. Apenas busca estrategias para intentar sobrevivir, a pesar de los indicios claros de que la derecha ya no lo quiere como presidente.

Desde que Globo se ha adherido a la campaña por sus aliados, él sabe que ya no va a sobrevivir. El mismo tipo de traición que Temer practicó en contra de Dilma Rousseff, es el que sufre de parte del presidente de la Cámara de Diputados, Rodrigo Maia, que ya surge como el candidato de la derecha para sustituir a Temer.

Temer, como exvicepresidente, fue la vía que la derecha ha encontrado para sacar al PT del gobierno. Pero luego se dieron cuenta no solo que él no tiene las mínimas condiciones políticas para presidir a Brasil, y que además su equipo y él mismo están profundamente comprometidos con la corrupción.

Él fue un instrumento que sirvió para la derecha recuperar el gobierno, pero ya se muestra capaz de llevar adelante lo que más importa a la derecha: el paquete de medidas antipopulares que caracteriza la reinstauración del neoliberalismo.

Hasta ahora Temer había cumplido. Recién el Congreso ha aprobado monstruosas medidas de violación de los derechos de los trabajadores, que venían desde el gobierno de Getulio Vargas. El gobierno perdió muchos votos, pero mantuvo lo suficiente para seguir prestando ese servicio a los grandes empresarios. Pero los otros proyectos están aplazados.

Después que el relator del primer proceso de corrupción en contra de Temer en la Cámara de Diputados, aún siendo de su mismo partido, tuvo que admitir la continuidad del proceso – que ahora debe ser votado en la Comisión de Constitución y Justicia, para después llegar al plano de la Cámara -, la agenda política brasileña se vuelca sobre esos procesos. Ese primero –ellos serán probablemente tres– debe ser votado en la Cámara en agosto. Si Temer es condenado, el presidente de la Cámara de Diputados asumirá la Presidencia de la República por máximo 180 días, mientras el Senado juzga el proceso. De todas formas, como mencioné, se trata a penas de uno de los procesos muy circunstanciados en contra de Temer.

Por ello la derecha lo considera ya un cadáver político. Busca alternativa que pueda dar un empujón más firme a sus proyectos de restauración neoliberal. Lo intentará hacer por la vía indirecta, por votación de un Congreso absolutamente desmoralizado por las acusaciones de corrupción a cientos de sus miembros.

Lo intentará hacer, aunque sectores de la derecha, como el mismo Fernando Henrique Cardoso y órganos de prensa, planteen la necesidad de elecciones directas, conscientes de que alguien eligió por ese Congreso tampoco tendría la mínima legitimidad para reimponer una estabilidad política básica a un sistema que no ha salido de la crisis desde la reelección de Dilma Rousseff.

Pero para enfrentar elecciones directas, la derecha tendría que tener un candidato con apoyo popular, que pudiera enfrentar a Lula. Como toda la derecha se ha comprometido con el golpe y con el paquete de medidas regresivas implementadas hasta aquí, ninguno de sus candidatos tendría la mínima posibilidad de se enfrentar a Lula.

Queda la alternativa de eliminar a Lula de la disputa, pero esa posibilidad – aún contando con una condena segura en primera instancia – aparece como cada vez menos probable, frente a la falta de pruebas en contra de Lula y a manifestaciones de sectores del mismo Judiciario que rechazan procesos solamente con declaraciones como pruebas.

La más prolongada crisis de la historia brasileña, que ya está en su tercer año, no tiene todavía horizonte de término. Se ha intensificado, conforme Temer se ha debilitado y la imagen de Lula se ha fortalecido.

La derecha intenta un nuevo aliento sin Temer, pero ni siquiera es seguro que logre la mayoría parlamentaria para sacarlo y para sustituirlo por otro político suyo para dar continuidad al golpe y a la restauración neoliberal. (O)

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