Miércoles, 08 Febrero 2017 00:00 Columnistas

Del pacto con el diablo y otras tretas políticas

Lucrecia Maldonado

En una librería religiosa estuvo alguna vez en exhibición un libro escrito, editado y publicado por gente de pensamiento católico fundamentalista, preconciliar, diríamos, refiriéndonos al Concilio Vaticano II. Dicho libro reseñaba una ceremonia de exorcismo y, a través de esta reseña, pretendía desprestigiar al papa Juan XXIII y la enorme renovación que vivió la Iglesia católica tras su breve pontificado. ¿Cómo pretendía lograr este desprestigio? Utilizando un método muy simple: poniendo en boca del demonio que poseía a la víctima afirmaciones en contra del ‘Papa Bueno’. Pero esto no es lo más sorprendente. Lo más sorprendente es que el autor de tal publicación le daba crédito al demonio que hablaba por boca del poseso y tomaba sus palabras y afirmaciones como pruebas irrefutables de que la gestión de Juan XXIII había estado plagada de errores e ingenuidades. O sea, le daba crédito al demonio que poseía al exorcizado. Más claro: la contundente prueba de que Juan XXIII había sido un mal papa eran las afirmaciones de un demonio que estaba siendo expulsado de un cuerpo humano al cual tenía esclavizado.  

En aquel momento parecía risible y absurdo. Sin embargo, aquí en Ecuador se ha vivido para ver algo muy similar: algunos periodistas fungen de los exorcistas que van a conversar con un demonio que de la noche a la mañana pasa de ser victimario a ser víctima, de reo a testigo de cargo, y de ser corrupto a ser algo así como el ángel de la guarda de la oposición.

Desde esta postura, Carlos Pareja Yannuzzelli lanza sus acusaciones y esparce lodo con ventilador sobre el gobierno de Rafael Correa, y más que nada sobre el vicepresidente Glas. Y eso no debería llamar la atención, en el fondo de toda mente psicopática subyace alguien que está convencido de su inocencia y pretende convencer a los demás de ella. Como dice un antiguo y sabio refrán: “Desde que se inventaron las excusas, nadie queda mal”. Raro es el delincuente o el reo que asume su culpa por completo y deja de buscar con quien compartir aunque sea un trocito de ella.

Lo que sorprendería, si no fuera porque se conoce de larga data a la prensa privada de nuestros países, es que de repente todos le hacen caso y toman sus palabras como verdades evangélicas: Dios en el cielo y ‘Capaya’ en la tierra, si no tiene aureola es porque se le extravió en el avión en el que fugó. Para más sorpresa, incluso se ha contratado al polígrafo de Sábado gigante … ¿Es broma? San Carlos Pareja prestándose para un burdo show mediático en el que no hay payasos disfrazados porque con los asistentes basta. Y no necesitan disfraz. Además, tal cual candidata a reina de belleza, más ocupada de sus atributos que de su cerebro, da la impresión de que le han ofrecido la oportunidad de escoger las preguntas que le harán, pues todas tienen sesgo y ninguna está destinada a esclarecer su responsabilidad en los hechos de corrupción de los que es protagonista, sino a culpabilizar a terceras personas, mejor dicho, a una sola tercera persona, pero sin pruebas ni argumentos válidos, tanto así que incluso lo reconoce uno de los medios participantes en las entrevistas.

Tal vez falten las escenas dramáticas que suelen conllevar consigo los exorcismos. Tal vez no haya habido las invocaciones, los cambios de voz, las convulsiones y el vómito verde propios de estas ceremonias. Pero en esencia, aquí, como en el exorcismo mencionado al principio de esta nota, se le da la voz cantante al representante del mal… y se espera que se le crea a pies juntillas. (O)

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