Miércoles, 30 Agosto 2017 00:00 Columnistas

Crecer juntos

Padre Pedro Pierre

Tal vez consiste en eso el sentido de la vida y la vocación de cada una y cada uno de nosotros: crecer juntos en todas nuestras dimensiones. Una frase sobre Jesús a los 12 años puede orientarnos: “Regresó a Nazaret… y crecía en talla, en sabiduría y en gracia delante de Dios y de los hombres”.

‘Crecer en talla’ nos sugiere que el cuidado de nuestro cuerpo es importante. Hay que tratarlo bien, alimentarlo sanamente, cuidarlo atentamente, moldearlo inteligentemente para que sea nuestro mejor aliado. Pero cuánto lo maltratamos con los múltiples excesos que lo van cansando inútilmente y destruyéndolo antes de tiempo. Demasiada carne, grasa, azúcar en las comidas. Demasiado cansancio por las actividades que más nos gustan o el trabajo excesivo, la falta de descanso y de recreación deportiva. Demasiadas cremas relucientes, demasiados aceites adelgazantes, demasiados hidratantes y deshidratantes… Y nuestro cuerpo envejece antes de tiempo y no nos presta la ayuda necesaria para crecer integralmente.

‘Crecer en sabiduría’ es la segunda dimensión del crecimiento humano. La sabiduría es el arte de vivir y de convivir. ¿Incluye nuestro proyecto de vida un desarrollo equilibrado en la intelectual, lo afectivo, lo relacional, lo profesional, lo social? Todas estas dimensiones deben estar presentes para que seamos capaces de vivir bien, con calidad y calidez, individual y colectivamente. Nadie puede vivir sin los demás, peor contra ellos en la competencia desenfrenada y el tener siempre más y más. Ser humano es ser fraternos y solidarios, para aportar nuestra parte a la calidad de vida de todos los que nos rodean. ¡Cuánto hace falta todo esto en nuestra vida cada vez más agitada, superficial, individualista y materialista! ¿Y la comunión con la naturaleza? ¿Sabemos maravillarnos de la belleza natural que nos rodea y nos embellece a nosotros mismos?

‘Crecer en gracia’ se refiere a la dimensión espiritual. No somos animalitos que nos dejamos llevar por las corrientes y los deseos del momento sin apuntar a dónde vamos o lo que construimos o destruimos. Lo espiritual o trascendente no está en un cielo imaginario o en otro mundo inexistente: está en nosotros mismos. La vida que tenemos nos sobrepasa. El amor que nos habita es mucho más grande que nosotros. Nuestros sueños son llamadas de la dimensión trascendental del universo y del alma que lo anima, que llamamos Dios. Lo espiritual va más allá de las religiones, las devociones y las oraciones: estas son solo unas expresiones materiales de lo que no podemos alcanzar fácilmente, sobre todo si no les dedicamos a esta dimensión trascendental el tiempo necesario. ¿Sabemos entrar en comunicación con esta realidad profunda de nuestro ser más íntimo: la fuente de todo? ¿Sabemos hacer silencio para escuchar la voz interior de la vida, del amor, de Dios? Esto nos dará paz, lucidez, fortaleza, esperanza, optimismo… que nada ni nadie nos podrá quitar.

Y creciendo así, en la totalidad de nuestro ser, ayudándonos unos a otros, nos sentiremos “¡felices de la vida!”. (O)

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