Martes, 04 Octubre 2016 00:00 Columnistas

"Colombianos, cesó la horrible noche"

Rodolfo Bueno

Es memorable para todo el planeta lo que este 26 de septiembre pasó en Cartagena de Indias: el fin de un conflicto que nunca debió comenzar. Nos congratulamos de todo corazón porque estamos seguros de que a Colombia, país de una asombrosa dinamia, le espera un futuro de envidia. Los recursos mal gastados para combatirse entre hermanos podrán ser invertidos en resolver numerosos y profundos problemas que carcomen el buen vivir de la compleja sociedad de ese país.

Si en medio de tanta violencia, Colombia se las arregló para alegrarnos con su bella música, literatura y demás artes, no se diga ahora que ha dado un ejemplo de coraje al reconocer, tanto el presidente Juan Manuel Santos como Rodrigo Londoño, máximo dirigente de las FARC, que como estaban las cosas no iban a ningún lado, porque, tal como pensaba el Libertador, estaban arando en el mar y había llegado la hora de decir basta a la lucha armada y se debía conquistar la paz.

Hay que dar tiempo al tiempo para que se plasmen las palabras de Rodrigo Londoño: “Que nadie dude que vamos a la política sin armas; preparémonos todos para desarmar las mentes… La clave está en la implementación de los acuerdos para que lo escrito en el papel cobre vida en la realidad”. El presidente Santos estuvo brillante cuando respondió a Londoño: “No estamos… de acuerdo sobre el modelo político o económico que debe seguir nuestro país, pero... defenderé con toda la determinación su derecho a expresar sus ideas dentro del régimen democrático, porque esa es la esencia de la libertad dentro de un Estado de derecho”. No se quedó atrás Ban Ki Moon, cuando afirmó: “Un mundo en conflicto quiere aprender lecciones de Colombia. Quienes negocian la paz en muchos lugares están mirando hoy hacia Colombia para aprender las lecciones que este país tiene para dar”. ¡Bravo! Ojalá así sea.

Es que la paz permitirá descansar a tanta víctima inocente y recuperar la esperanza a las regiones más olvidadas y pobres de Colombia, es un soplo de aliento para los campesinos desarraigados de su terruño, para los niños con hambre y sed de conocimientos, para las minorías afro e indígenas, para los marginados y los humildes de la sociedad.

Ahora descansarán en paz los soldados, los policías y los guerrilleros, que fueron sacrificados o mutilados por sus propios hermanos, en fin, podrán vivir sin miedo los sobrevivientes y todos los que en su momento fueron perseguidos sin piedad por defender sus ideales.

Como afirmó el mandatario colombiano, vale más una paz imperfecta que continuar una guerra perfecta, porque salvar vidas y vivir en un país tranquilo no tiene precio.

Finalizó el acto con un verso del himno nacional: “Colombianos, cesó la horrible noche”. Queda mucho por hacer, pero se ha dado un paso importante en la dirección correcta, se ha dicho no a la guerra y a la intolerancia. Falta convencer de la bondad de la paz a los escépticos, a los que aún creen que es posible derrotar al contrincante con balas, y no con ideas, y se debe eliminar al que piensa diferente.

Esta paz es la paz de todos, es la alborada de días mejores para tanto refugiado de los conflictos desatados por las potencias imperiales que, mediante guerras de rapiña en el mundo entero, los despojan de su patria y sus riquezas. (O)

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