Ciencia y política

- 25 de marzo de 2017 - 00:00

Algunos países que han sido ejemplo de desarrollo científico enfrentan reclamos sobre la situación penosa de la ciencia y la investigación. Ocurre en Estados Unidos, Argentina, México y ciertos países europeos. La problemática se da por cambios de gobiernos progresistas hacia los tradicionalistas, con lo cual se producen retrocesos, reducción de los financiamientos, restricción para líneas de investigación, malos sueldos, etc.

La ciencia no escapa a la influencia política. La idea de que la ciencia es neutra resulta conveniente para las crisis y las reformas sociales, ya que, al apelar a su neutralidad, no interesa poner en evidencia verdades o sacar a la luz temas conflictivos. Se esconde a la ciencia para reemplazarla con opiniones, cargadas incluso con argumentos descabellados, aunque socialmente aceptados.

Los políticos desacreditan a la ciencia y a los datos científicos en miras a utilizar la opinión como prioridad en la toma de decisiones, evadiendo lo ya comprobado por la ciencia. Un ejemplo lo aclara: un pesticida daña el material genético de los expuestos por aspersiones -demostrado con estudios científicos-, evidencia cuestionada por opiniones políticas, que lo niegan.

A la posición política tradicionalista no le interesa usar datos y cifras extraídos de investigaciones, por lo que da valor a la opinión de ‘expertos’ y no a la de científicos, por tanto se confunde a las sociedades, se degrada a la ciencia y a la academia. A la posición tradicionalista no le conviene tener ni ciencia ni científicos que hagan investigaciones de denuncia y que descubran verdades. Tampoco le interesa la educación masiva, pues esta revela realidades y promociona derechos.

La información es un derecho. La información científica un deber ser. Pero en el país no se discuten programas o planes científicamente construidos, sino posiciones y opiniones. Se debate sobre dos ideologías, pero cuenta más la opinión que la rigurosidad de la ciencia. No se investiga, se opina.  

Estamos frente a dos corrientes de desarrollo de la ciencia: la tradicional y retardataria, versus la ciencia de denuncia y adelanto; dependencia o independencia del conocimiento nacional y debemos definirnos por una de ellas. Siguiendo al científico Carl Sagan: “Si todas las ideas tienen igual validez, estamos perdidos, porque entonces, ninguna idea tiene validez”, por tanto, la necesaria definición vendrá de la verdad surgida del análisis científico fáctico, del económico y social. Es más inteligente creer si existen evidencias, y la historia reciente las tiene. (O)