Viernes, 18 Noviembre 2016 00:00 Columnistas

Cartografía mítica de Ibarra

Juan Carlos Morales. Escritor y periodista ecuatoriano

En estos días se celebra en Ibarra el II Simposio Binacional de Historia Ecuador-Colombia, en una cita convocada por la Academia Nacional de Historia de Ecuador y la Academia Nariñense de Historia, de Colombia, con el aval del Municipio de la ciudad fundada en 1606, como puerto de tierra entre el comercio de Bogotá y Quito. El encuentro, que inició ayer, se extenderá hasta el viernes, en la Casa de la Ibarreñidad.

Hay múltiples temas que van desde el pensamiento de Juan Montalvo (puesto que vivió en Ipiales), las implicaciones del terremoto de Imbabura de 1868, los intercambios humanos binacionales, historia de los pueblos indígenas de Ecuador, relaciones entre las etnias de los caranquis y pastos… en definitiva, la oportunidad de encontrar los vasos comunicantes para superar las fronteras.

El autor de estas líneas -dentro del trabajo de mitología- presenta justamente la ponencia ‘Cartografía mítica de Ibarra’, un trabajo que aborda a los seres fantásticos, situaciones inverosímiles, fronteras entre el centro y la periferia, para indagar esta parte de la historia que, desde las investigaciones de Lévy-Strauss y antes dan cuenta de la importancia del mito.

Uno de esos eventos es el relato sobre la Caja Ronca, que no es otra cosa que una construcción para varios fines, como la cohesión social, pero además los argumentos contra la avaricia y la codicia, puesto que los mitos buscan preservar el orden moral. ¿En qué parte de la ciudad se sitúa? Los hechos acontecen en la periferia, en los extramuros, para decirlo en términos antiguos.

Pero esta leyenda -con sus variantes- se localiza en casi toda la Sierra ecuatoriana, desde la vertiente de la cultura mestiza, y tenía aterrorizados a los abuelos, aún más cuando se enteraban de que uno de esos penitentes había encargado sendas veladoras verdes que después se transformaban en canillas de muerto. El recorrido del siniestro cortejo fúnebre era, para el caso de Ibarra, por el denominado Quiche Callejón, en las actuales calles Maldonado y Colón (el límite de la urbe hace medio siglo).

El sector se llamaba antiguamente el barrio de San Felipe y, antes del terremoto de 1868, que devastó la urbe, se sabe que estaba colocada una cruz, que no es otra cosa que el indicio de una probable pacarina, es decir, un sitio sagrado para la cultura prehispánica. Como se sabe, los curas doctrineros tenían como costumbre poner los símbolos cristianos -grutas o cruces- para disuadir a los antiguos habitantes de sus sitios sagrados. Como sea, la Caja Ronca también recorría el tradicional barrio de San Juan Calle, donde se encuentra el actual cementerio y donde el actual barrio El Carmen es el sitio en el que se expenden ataúdes y, además, existen dos amplios salones de velaciones.

Todo lo que sucedía fuera del perímetro de la urbe, es decir hasta la calle Colón, se convertía enseguida en extramuro, como si con esta idea se mencionara un ámbito insano, precisamente donde residía parte de los seres fantásticos de la cultura prehispánica, alejada del centro donde vivía la Viuda o la Vergonzante del Pretil. (O)

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