Capitales sin ética

- 13 de Junio de 2017 - 00:00

Las últimas informaciones de los medios de comunicación revelan las nocivas intenciones de quienes manejan los recursos financieros de la banca, de los Estados y hasta los dineros de circulación ciudadana, que están destinados al control de las economías de cada país, con la intención de convertir a los pueblos y personas en esclavos al servicio de quienes manejan los recursos financieros.

Esas manifestaciones se perciben en todos los estamentos de las sociedades a nivel universal. Según las explosivas noticias, la firma constructora brasilera Odebrecht ha regado centenares de millones de dólares, sobornando a gobiernos enteros, de variado rango, para conseguir contratos de construcción de distinta clase de proyectos, involucrando a personajes importantes de varios países, a nivel mundial, incluyendo a varios Estados de América Latina, donde parece que la ansiedad corrupta no ha tenido límites.

Así por el estilo, se descubre que también otras empresas constructoras o vendedoras de maquinarias e insumos utilizaron el mismo procedimiento para sobornar altos funcionarios gubernamentales, para conseguir contratos de obras de gran magnitud.

De tal forma actúan quienes pretenden someter a los pueblos a los designios del capital, poniendo a los seres humanos a su servicio, cuando debería ser al revés, generando el bienestar de los pueblos por encima de quienes manejan dineros en general.

En la era contemporánea esa es la disyuntiva: o los valores mercantiles estrangulan a las sociedades, o estas, liberándose de esa esclavitud, someten al poder económico a su disposición.

Precisamente, el mecanismo de chantaje, para el enriquecimiento ilícito es, cada vez con más fuerzas, el procedimiento para subyugar a las colectividades, que luchan denodadamente para intentar conseguir que las relaciones funcionen al revés: las sociedades controlando a la riqueza de los empresarios.

La humanidad entera ya contempló un espectáculo bochornoso similar cuando se hizo pública la repartición de cuantiosas sumas de dinero a través de altos funcionarios de la FIFA y algunos de sus beneficiarios ya están tras las rejas.

Estos ejemplos sirven para demostrar cómo los grupos humanos se dejan atrapar por la ambición desmedida de manejar fortunas y dominar a sus congéneres, los ambiciosos que no se inmutan ni por los ejemplos clamorosos de personas de buen nombre, archivadas en las cárceles por el merecido castigo de traficar con los fondos ajenos.

Ya sería hora de que estos ejemplos de dominio capitalista conmuevan la conciencia de quienes manejan los fondos públicos para que no acepten recibir el voluminoso dinero de las coimas, dinero mal habido que ni siquiera pueden consumir, porque no les alcanzaría la vida entera para gastarlo.

Los maquinadores de los sobornos se especializan en analizar a sus próximas víctimas, para decidir contactarlas y seducirlas con almuercitos, con fiestecitas, o directamente, para ofrecerles dinero en efectivo, en cuentas en el exterior o acciones en compañías fantasmas.

La ética no es valor moral que manejan los traficantes de sobornos y no existe organización que se encuentre liberada de sus acechanzas, y Ecuador parece no ser una excepción. Sin embargo, el tema de la corrupción debe ser manejado con mucho cuidado, lo más probable es que no estén todos los que son, ni sean todos los que están. (O)

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