Viernes, 03 Febrero 2017 00:00 Columnistas

Aquel Ecuador de infancia

Roberto Follari (*)

Para quien, como a mí, le tocó ser niño siendo argentino de provincias, Ecuador era un país ignoto, del cual nada sabíamos. La prensa hablaba de EE.UU. y la Unión Soviética, a veces de China, a menudo de Europa, y algunas ocasiones de las revoluciones africanas de los 60; muy poco de Latinoamérica. Y menos todavía si se trataba de uno de los países que no tenían economías poderosas, como sí sucedía -en ambos casos con amplios cupos de pobreza- con Brasil o con México. Venidos los años, llegaron noticias  menores. Que es un sitio donde un presidente lo fue por cinco veces; y que tal presidente era apostrofado de ‘populista’, adjetivo que muchos creen de valor despectivo. Era, sin dudas, una singularidad.

No habíamos sabido de Ecuador en la escuela, porque se nos hablaba casi exclusivamente de Chile y Perú, en tanto allí había intervenido la figura del prócer máximo argentino, el Libertador San Martín. La entrevista de Guayaquil con otro grande de nuestra historia, Bolívar, nos era presentada de manera mezquina, como una muestra de pretendido hegemonismo del autor de la Carta de Jamaica, contrastado con una supuesta humildad de San Martín. La historia era otra: a San Martín, los sectores librecambistas y proingleses no querían ayudarlo desde Buenos Aires, y tuvo que resignar su rol.

Pero, en fin, todo contribuía a que nada se dijera sobre Ecuador y a que lo hablado en Guayaquil quedara como pretendida anécdota, que no llamaba a indagar sobre su contexto nacional. Ya en los noventa, alguna excentricidad de Bucaram -y las reacciones posteriores en su contra- pusieron a Ecuador brevemente en los medios. Hubo también otra curiosidad que a muchos argentinos nos resultaba difícil de comprender: el neoliberalismo local había decidido acudir a los servicios de Domingo Cavallo, el mismo que tanto ha tenido que ver con el hundimiento de Argentina desde su actuación durante la dictadura militar, y luego todavía más. Pero solo esas breves referencias existían.

Desde hace 10 años, resultó muy diferente: Ecuador empezó a existir, a ser conocido. Como modelo político de integración social, como gobierno solidario con otros de la región, como sitio turístico valioso y de precios razonables, como paisajes espléndidos, como ese territorio que conjuga sierra, costa y selva en un espacio que no es tan dilatado. Ecuador se nos ha hecho familiar porque ha tenido un gobierno con mirada regional, amigo de sus vecinos, comprometido con el destino de Sudamérica. Hoy ya no es una incógnita para casi nadie en el subcontinente, no es un territorio que -por relativamente pequeño- alguien pueda obviar. Hoy, Ecuador existe para todos. (O)

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