Martes, 08 Noviembre 2016 00:00 Columnistas

Acuerdo para la solución del problema de las drogas ilícitas

Gustavo Pérez Ramírez

Uno de los más significativos acuerdos entre el Gobierno colombiano y las FARC, que quisiéramos ver ya en la fase de implementación, es el punto 4; un nuevo programa que propone una solución original, pacífica e integral al problema de las drogas ilícitas (cultivos de uso ilícito, producción y comercialización de drogas ilícitas): Programa Participativo Nacional Integral de Sustitución de Cultivos de Uso Ilícito-PNIS (páginas 88 a 111).

Está regido por 4 principios fundamentales:

1.- Sustitución voluntaria, para generar confianza entre las comunidades y crear condiciones que permitan contribuir a la solución sin detrimento de la sostenibilidad económica, social y ambiental de las comunidades.

2.- Integración a los planes de desarrollo en los diferentes niveles del ordenamiento territorial.

3.- Enfoque diferencial de acuerdo a las condiciones económicas, culturales y sociales  de cada territorio.

4.- La aplicación y el respeto por parte de las instituciones y de los ciudadanos de los principios y las normas del Estado social de derecho, el fortalecimiento de los valores democráticos, la convivencia ciudadana y la observancia de los derechos humanos.

Se dará un tratamiento especial a los eslabones más débiles de la cadena del narcotráfico, que son los cultivadores y los consumidores de drogas ilícitas, y se intensificarán los esfuerzos de desarticulación de las organizaciones criminales. Además, tendrá un enfoque territorial basado en la participación ciudadana y en la presencia y el fortalecimiento de las instituciones responsables de la atención social y de las responsables de la seguridad, ambas con un enfoque de derechos humanos y de género.

Y como es un problema mundial que requiere soluciones globales, el Gobierno promete organizar una conferencia internacional, en el marco de la ONU, con la que promoverá una evaluación objetiva de esta nueva política de lucha contra las drogas y el avance en la construcción de consensos en torno a los ajustes que sean necesarios, teniendo en cuenta la discusión y los nuevos desarrollos internacionales en la materia, así como la perspectiva de los países consumidores y productores.

Una modalidad fundamental del programa es que involucra en la solución a las FARC, que colaborarán con los campesinos en la suplantación de la droga por otros productos. No es una utopía, lo confirman los múltiples ejemplos de sustitución de cultivos de coca, en particular, por cacao de exportación, que se están generalizando a través del país, entre  campesinos del Bajo Cauca antioqueño, en el Vichada, en la Sierra Nevada, en Caquetá. En el Chocó son cada vez más los habitantes del campo que están aceptando  sustituir los cultivos ilícitos; donde hace unos años crecía coca, hoy hay cultivos de cacao, de madera y de plátano, maíz y arroz.

El acuerdo tiene un mérito especial, porque EE.UU. había impuesto una guerra contra el narcotráfico, en la que nosotros ponemos los muertos y los prisioneros del minitráfico; las ganancias convergen a las arcas imperiales y a las de los poderosos narcotraficantes. ¡Se derrumba el mito de la necesidad de las bases militares de EE.UU. para combatir la droga! (O)

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