Sábado, 31 Diciembre 2016 00:00 Regional Norte

Los más jóvenes de la comunidad organizan eventos y la quema de monigotes el 31 de diciembre, pero promueven un proyecto para recuperar sus tradiciones.

El Mushuk Nina da inicio al nuevo año andino

Las limpias o curaciones se realizan, de preferencia, los días martes y viernes, pues la energía es apropiada para estos trabajos.
Las limpias o curaciones se realizan, de preferencia, los días martes y viernes, pues la energía es apropiada para estos trabajos. Foto: Daniel Molineros / El Telégrafo

Mientras decenas de familias hacen promesas para recibir el 2017, en las comunidades indígenas del norte del Ecuador, la jornada del 31 de diciembre no tiene el mismo significado. Como todo el año, los yachakuna realizan ceremonias de sanación y revitalización para las personas que los visitan. Para ellos, el calendario inicia cada 21 de marzo cuando se produce el equinoccio.

Coralía Pérez

Ilumán, Imbabura.-

El 31 de diciembre marca el fin de 2016 y abre las puertas a un nuevo año. Para la mayoría de ecuatorianos, esta fecha se celebra con cenas familiares, quema de monigotes y algunas cábalas como la ingesta de 12 uvas o correr por el vecindario con una maleta.

Pero en la zona andina, algunas comunidades conservan las prácticas ancestrales y ajenos del tumulto comercial viven ese día como cualquier otro. Para los indígenas de Ilumán, en la provincia de Imbabura, el inicio del nuevo año será el próximo 21 de marzo.

Diego Velasco, investigador, arquitecto y antropólogo urbano, explica que en la conquista se produjo una suplantación de lo Inca por lo español y se impusieron nuevos calendarios:  primero el juliano, de 10 meses de duración, y luego el gregoriano, con 12 meses.

En la cosmovisión andina, el año tiene 13 meses de 28 días, con sus respectivos cambios de ciclo y festividades. Determina la existencia de 4 puntos de mayor energía durante un ciclo solar: 2 solsticios y 2 equinoccios que marcan sus diferentes etapas.

Estos van estrechamente ligados a los ciclos de producción agrícola: el 21 de septiembre se celebra el Coya Raymi, la fiesta de inicio a la siembra (se pide a la madre tierra la cosecha de buenos frutos); el 21 de diciembre es el Capac Raymi, la fiesta mayor, en agradecimiento al florecimiento de las plantas; el 21 de marzo la fiesta del Mushuk Nina (fuego nuevo) que da inicio a un nuevo año; y el 21 de junio el Inti Raymi (fiesta del sol) para agradecer a la madre tierra por las cosechas.

La fiesta de marzo es muy especial. Los rayos del sol caen en posición perpendicular en el país. Ese día el astro emana una “luz sin sombra”, la cual se recibe y canaliza en el cuerpo humano, produciendo una serie de efectos favorables para restablecer la armonía de la gente y empezar una nueva etapa.

“La ubicación geográfica de nuestro país —explica Velasco— hace que en el equinoccio el sol regrese del sur hacia el centro para luego dirigirse al norte. El 21 de marzo hay exactamente 12 horas de luz y 12 horas de oscuridad y al mediodía nadie proyecta sombra. Por eso se toma  esta fecha como el inicio, desde cero, de un nuevo ciclo”.

Para la comunidad de Ilumán, estas celebraciones ancestrales son de suma importancia, pues representan una manifestación de sus raíces culturales. “La celebración del 31 de diciembre responde a costumbres que el pueblo adoptó con el pasar del tiempo, como la quema de monigotes, programas bailables, que están fuera de la cosmovisión andina”, destaca el investigador.

La Junta Parroquial, encabezada por Jorge de la Torre, impulsa un proyecto para el rescate y fortalecimiento de estas festividades autóctonas.

El proyecto está destinado especialmente a los niños, sus padres y unidades educativas del sector. El objetivo es que los más jóvenes  adopten estas costumbres y entiendan, desde pequeños, la importancia que tiene su propia cosmovisión.

De la Torre explica que son varias las comunidades indígenas en el país  que se encuentran en proceso de recuperar sus tradiciones. “Una parte importante de este proceso es la recuperación de las fiestas propias”.

La iniciativa promueve la celebración del Mushuk Nina que, a pesar de ser una fiesta muy importante para la comunidad andina, está siendo reemplazada por la del 31 de diciembre, “una festividad extranjera, impuesta”.

La fiesta del Fuego Nuevo se realiza en la vertiente de San Juan Pogio, en Ilumán. Asisten cerca de 1.200 personas, quienes portan sus vestimentas tradicionales. Desde los más pequeños hasta los ancianos usan sus mejores ponchos, anacos, sombreros y alpargatas en este evento, con el objetivo de afianzar su cultura.

Las familias, en su mayoría, participan en una ceremonia especial en la que forman una espiral, para simbolizar la continuidad de las cosas. En esta fiesta se utilizan granos, flores y plantas representativas para agradecer a la madre tierra, al rey sol, al viento y al universo por las bendiciones recibidas, y para iniciar un año nuevo venturoso.

Patricio Tituaña, de 21 años, nació en Ilumán. Asegura que participa, siempre que puede, en las fiestas y ritos tradicionales de su pueblo, especialmente en la de marzo.

Lo que más le gusta de la celebración del Mushuk Nina es el almuerzo comunitario que se realiza al final de la ceremonia. “Es emocionante ver cómo todos nos unimos y compartimos productos que cosechamos con mucho esfuerzo”.

Se siente orgulloso de recuperar las tradiciones de sus antepasados. “Mis padres y abuelos me han contado cómo se celebraban antes las fiestas, y la verdad me gustaría mucho recuperar la alegría y el amor que se tenía anteriormente por nuestras costumbres”, afirma.

Un aspecto importante para la conservación de la cultura andina, es precisamente el traspaso de conocimientos.

Debido a que no poseen información escrita que dé cuenta de las costumbres ancestrales. Entonces son los mayores quienes comparten con la comunidad todos sus saberes y permiten que ciertas tradiciones o rituales, que se han ido perdiendo, sean rescatados. Entre ellos se encuentran las actividades realizadas por los yachakuna, quienes realizan ceremonias de sanación durante todo el año.

Los rituales de los yachakuna para un año venturoso

José Picuasi es un yachak de la comunidad de Ilumán. A sus 65 años continúa practicando lo que él denomina “medicina ancestral, tradicional y mística”.

El hombre comenta que, si bien no comparte la celebración del 31 de diciembre, participa directamente en ella, pues sus servicios son muy requeridos en esta fecha con el fin de “purificarse para recibir al año nuevo”.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula que hasta el 80% de la población de los países en desarrollo acude a la medicina tradicional como forma de atención primaria.

Ciudadanos de las diferentes provincias del país visita Ilumán en diciembre para realizarse limpias, curaciones y baños energéticos. Para algunas familias se ha convertido en una cábala semejante a ingerir uvas o pasear con una maleta a medianoche. Estos rituales —según Picuasi— son muy importantes para balancear las energías del cuerpo, eliminar las malas y potenciar las buenas.

En ellos se utilizan plantas medicinales como ruda, ortiga, marco y chilca. Además emplean aguardiente, colonia, velas, huevos y cigarrillos.

Los yachakuna también recomiendan realizarse baños en pozas, cascadas, ríos, lagunas y en el mar, para purificarse completamente y absorber la energía que proporciona la naturaleza.

Rosa Elena de la Torre, yachak de la comunidad, comentó que estas ceremonias no solo se realizan en personas sino también en casas y medios de transporte como camionetas, taxis y buses. “Aunque no compartamos una fiesta o fecha, nuestro trabajo es sanar y cuidar de la gente. Eso es lo que hacemos todo el año”. (I)

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La población es 88% indígena

San Juan de Ilumán, tierra de yachakuna

San Juan de Ilumán es una de las 9 parroquias rurales del cantón Otavalo, perteneciente a la provincia de Imbabura. La conforman 11 barrios y 9 comunidades, con un aproximado de 11 mil habitantes; de ellos el 88% es indígena.

Su clima es templado, con una temperatura media de 14 °C,  lo que permite una importante producción agrícola que constituye la base de su economía, junto con el procesamiento artesanal de lana de borrego para transformarla en tapices, sombreros y otros accesorios de vestir.

La parroquia es reconocida, fundamentalmente, por ser cuna de yachakuna (sabios o conocedores en español), quienes han adquirido un conocimiento ancestral, que les permite diagnosticar enfermedades, sanar males y ser guías espirituales.

A Ilumán llegan varios turistas desde las diferentes ciudades del país, principalmente de Otavalo, Ibarra y Quito, para consultar con estos sabios, quienes a través de curaciones, limpias y baños de purificación, ayudan a sus pacientes a mejorar en aspectos de salud, amor, dinero y energías, entre otros.

José Picuasi, yachak de Ilumán, asegura que existen varios requisitos para pertenecer a esta importante agrupación. Todos se deben preparar desde la infancia para desarrollar los conocimientos y habilidades que curarán males físicos y espirituales.

Así mismo, aprenden sobre plantas medicinales y cómo prepararlas, sobre el uso de cantos e instrumentos musicales para la sanación, sobre astrología y espiritualidad.

El signo zodiacal es determinante ya que solamente aquellos que son de signo Aries, Tauro, Leo, Escorpio, Sagitario y Capricornio son los elegidos para poder ejercer esta actividad. Las mujeres también son parte de este grupo, que ha conformado una asociación que actualmente cuenta con 28 yachakuna.

Este selecto grupo es poseedor de un don especial por ser descendiente directo de Atahualpa —afirma Picuasi— lo que los compromete aún más a transmitir sus conocimientos hacia las nuevas generaciones, para perpetuar y mantener identidad cultural de su pueblo.

Los ritos y tradiciones que aún guarda esta parroquia son de gran importancia histórica y cultural.

Actualmente, Jorge de la Torre, presidente de la Junta Parroquial, está impulsando un plan de rescate y preservación de las costumbres y tradiciones propias de la cosmovisión andina, que apuntalan la celebración del Año Nuevo andino. (I)

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