Miércoles, 16 Noviembre 2016 00:00 Editoriales

Que la lucha contra la corrupción no sea el pretexto proselitista

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Todo acto de corrupción debe ser combatido y sancionado, caiga quien caiga, sea quien sea. Eso no está en discusión. Al contrario, si la lucha por mejorar la democracia, en cualquier país del mundo, pasa por reducir al mínimo la corrupción, también es cierto que no solo lo vamos a lograr a base de escándalos ni con rumores de todo tipo.

Se entiende que en una campaña electoral quienes aspiran a algún cargo tengan como su plataforma favorita la denuncia de la corrupción, pero una cosa es combatirla con pruebas y datos fehacientes y otra es hacer de ella una tarima llena de ruido y pocas evidencias. Incluso parecería que, ante la falta de propuestas programáticas y sensatas, lo más fácil es denunciar todo acto (verdadero, supuesto o falso) de corrupción.

Y bajo esa conducta se genera la incertidumbre, que no ayuda ni a la misma lucha contra la corrupción. Por otro lado, los candidatos parecerían estar más preocupados por ‘descubrir’ un caso antes que revelar si entre sus candidatos hay personas con cuentas en paraísos fiscales y de qué modo obtuvieron ese dinero acumulado y ocultado. (O)

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