Miércoles, 27 Septiembre 2017 00:00 Fútbol Nacional

Entrevista / Paúl Vélez Ordóñez / DIRECTOR TÉCNICO DEL CLUB SOCIAL Y DEPORTIVO MACARÁ

"Mi segunda oportunidad en el fútbol la estoy consolidando en Macará"

"Mi segunda oportunidad en el fútbol  la estoy consolidando en Macará"
Foto: Roberto Chávez / El Telégrafo

El DT se retiró del balompié hace 27 años por una lesión que lo mantuvo 36 meses alejado de las canchas. Hoy, a sus 46 años, está a punto de clasificar a los ‘celestes’ a un torneo internacional.

Carlos Novoa

Paúl Vélez visitó por primera vez   Ambato en una fría mañana de mayo de 1990. Tenía 19 años y formaba parte de la selección de Azuay que llegó a la ciudad para enfrentar a la de Tungurahua.

Un solo pensamiento acaparaba su mente: dejar en alto el nombre de su provincia. Pero nunca pensó que en la tierra que estaba visitando desarrollaría su carrera como entrenador de fútbol, y menos que recordarían y respetarían su nombre.

Pero aquel día ocurrió uno de los sucesos más tristes de su vida y que, por poco, lo aleja definitivamente de las canchas. Tras una reñida disputa por el balón con un jugador de la selección tungurahuense, se produjo un brusco choque entre ambos. El deportista del equipo local se recogió sobre su estómago, de pie, por unos instantes, pero el consuelo de sus compañeros hizo que se reincorporara. No así Vélez, que se retorcía de dolor en el césped, con las manos en su rodilla derecha.

Después de ese choque, cuenta, recrudeció otra dolencia que le causaba malestar: una protuberancia calcárea, más conocida como un ‘nacido’ óseo que le impedía pisar bien. Esta afección lo dejó fuera de sus objetivos como jugador. No obstante, 27 años más tarde, tras una esforzada labor junto a grandes entrenadores en la serie A, se cumplió su propósito inicial, aunque no como él lo imaginaba.

Hoy, a sus 46 años, es el director técnico de Macará, un club que pugna por representar al país en torneos internacionales, lo cual Vélez considera una segunda oportunidad en su carrera futbolística.

¿Cuántos años lo alejó del fútbol esta lesión?

Tres años, aproximadamente. Si bien a cualquiera le parecería un período corto, para alguien como yo, que me dedico al balompié desde que aprendí a caminar, fue una tortura inexplicable. No obstante, durante ese lapso me dediqué a otras actividades que, si bien no se enmarcan en mis objetivos como deportista, me llenaron y enseñaron grandes lecciones de vida.

¿Cuándo apareció la protuberancia y qué procedimiento le aplicaron?

En realidad no sé la fecha exacta de cuándo apareció, lo que sí recuerdo es que empezó a molestar justo tras el choque que tuve en ese partido en Ambato, a los 19 años. El médico me explicó que el ‘nacido’ óseo podría obstruir algún nervio de la pierna y eso afectaría mi movilidad. Sin demora me operó, pero aunque la cirugía fue exitosa, mi desempeño en la cancha no fue el mismo, lo cual me entristeció mucho, pues quería llenar de orgullo a mi familia siendo un futbolista profesional. Algo que mi hermano mayor, Diego Vélez, sí lo logró. Y me alegro por ello.    

¿A qué se dedicó en esos 3 años?

A varios asuntos. A los 20 años me casé y empecé a trabajar en otras áreas para mantener el hogar. Mi primer hijo no tardó en llegar y me vi en la necesidad de emprender algunos negocios, aunque el fútbol siempre estuvo en mi vida.  Recuerdo que en aquellos años reuní lo necesario para adquirir una camioneta, la cual alquilamos a la Municipalidad de Cuenca para que sirva como medio de transporte de los funcionarios. Así sobrevivimos esos años.  

¿Qué recuerdos tiene del Círculo Cruz del Vado de Cuenca, su primer equipo?

Allí di mis primeros pasos futbolísticos. Aprendí mucho, hice buenos amigos y fui parte de los logros que se consiguieron en los años 80 y 90. Luego pasé a las divisiones juveniles del Club Deportivo Cuenca, equipo que más adelante me brindó la oportunidad de dirigir a sus primeras promociones, a mis 26 años. Esto marcó mi alma con los colores que viste el ‘Cuenquita’. 

Ahora, al mando de Macará, ¿siente su corazón dividido?

(Risas). Cuando juega el Cuenca, obviamente deseo que gane, excepto si el partido es contra el Macará. Por mi trabajo al frente de los ‘celestes’, busco que triunfen siempre. Esto es lógico porque de esta manera mido mi efectividad como técnico.

¿Qué opina del fútbol ambateño?

En términos generales, es bueno. Considero que Macará y Técnico Universitario han tenido altibajos, como todos los equipos, y últimamente se han destacado. En el caso de este último, hace varias décadas logró representar al país en Copa Libertadores, lo cual ha sido su mayor logro, y el equipo ‘celeste’ actualmente pugna por conseguir algo similar, ya sea en ese torneo o en la Sudamericana, que si bien es un reconocimiento intangible, dejaría el nombre de Ambato en alto. Eso lo estamos trabajando partido a partido. En el caso de Mushuc Runa, es un equipo nuevo, pero con buenas proyecciones.

Pero Deportivo Cuenca ocupa un lugar especial en su trayectoria...   

Siempre consideraré al club de mi ciudad un formador de formadores, pues allí dirigí por más de 8 años a las divisiones inferiores, experiencia que me capacitó para más adelante entrenar a otros equipos del país. Además, trabajé con Técnico Universitario en 2010, al cual subió de la serie B a la A, con Liga Deportiva Universitaria de Loja en 2012, fecha en la que logramos clasificar por primera vez a la Copa Sudamericana. Finalmente, hace un par de años me fui a Deportivo Quito, donde mi participación fue muy breve, y desde enero de 2016 estoy en Macará. Todo esto gracias a la invaluable cátedra que recibí de Gabriel Perrone y Guillermo Duró, argentinos que dirigieron por varios años al Cuenca.

¿Se considera un pupilo de ellos?

Sí. No obstante, de quien aprendí más es de Gabriel Perrone, quien fue técnico de los ‘morlacos’ entre 2007 y 2008. Tras varios resultados no muy favorables en el club, él renunció, y yo hice lo mismo. En 2009 Duró fue contratado como técnico, de él también aprendí valiosas enseñanzas de esta labor.

Usted es el único técnico ecuatoriano de la serie A, ¿cómo ha logrado mantenerse en un medio dominado por extranjeros?

Esa pregunta debería cambiarse por: ¿qué virtudes ha visto usted en Vélez para dirigir su equipo?, y se la debería hacer a dirigentes de clubes que me han contratado. En lo que a mí respecta, es excelente la experiencia de competir con entrenadores extranjeros, pero desde luego me congratularía mucho que, en próximos años, técnicos nacionales dirijan nuestros equipos y los lleven a participar en torneos internacionales.

¿Qué posibilidades tiene Macará de lograr esto y a qué club le gustaría dirigir en el futuro?

Esta es una de las mejores temporadas del equipo, por lo tanto, tiene las mismas oportunidades que el resto de clubes de  representar al país en la Libertadores o en la Sudamericana. En cuanto a mi futuro, estoy a gusto donde ahora estoy; además, la estadía de un técnico depende de los resultados a finales del campeonato, pero no cierro ninguna puerta. 

¿Se han adaptado usted y su familia a Ambato?

Mis dos hijos, de 20 y 16 años, están radicados en la urbe y se desenvuelven sin problema. Existen  muchos espacios culturales y para el deporte. Para mí, Ambato es la ciudad donde estoy consolidando mi carrera como director técnico, gracias a los directivos de Macará; lo considero una segunda  oportunidad en el fútbol. (I)

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