Una muestra recopila las influencias de Matisse

| 02 de Septiembre de 2017 - 00:00
Matisse en su estudio, rodeado de objetos de valor de todas partes del mundo que influenciaron su obra
FOTO: Foto: Royal Academy of Arts, Londres

El artista francés se sirvió de objetos de gran valor histórico para crear sus propios cuadros, dibujos y esculturas.

“He trabajado toda mi vida rodeado de los mismos objetos. El objeto es un actor. Un buen actor puede tener un papel en diez obras teatrales diferentes: un objeto puede tener un papel en diez cuadros diferentes”.

Así describía en 1951 el artista francés Henri Matisse (1869-1954), una de las figuras centrales del arte moderno, su relación con la vasta colección de objetos en su estudio.

Matisse se rodeó de una colección inigualable de objetos que provenían de muchos rincones del mundo: desde estatuas budistas de Tailandia, hasta esculturas de Mali, muebles y alfombras del norte de África, bustos de Grecia y Roma antigua, entre otras piezas.

Dichos objetos de gran valor histórico le sirvieron como punto de partida para crear sus propios cuadros, esculturas y dibujos extraordinarios. Fueron todos materiales de inspiración excepcionales para un prolífico artista conocido por su uso del color y por su maestría en dibujo fluido.

Los objetos de Matisse conformaron su reserva creativa principal, pero también le proveyeron de influencias e inspiración únicas que fueron más allá de los límites del Arte Occidental. Por ejemplo, las esculturas y máscaras africanas fueron una verdadera revelación para Matisse, al sugerirle a partir de formas más alongadas modelos de mayor expresividad a la hora de retratar la figura y el rostro humanos.

En sus últimos años, Matisse adornó su estudio en Niza con distintos objetos y obras de arte del mundo islámico, creó escenarios cuidadosamente diseñados para sus famosas ‘odaliscas’, y esto le permitió fusionar armoniosamente la figura y el objeto en sus telas.

Incluso en la última fase de su vida, a sus casi 80 años, desarrolló la técnica de recortar figuras de papel de vivos colores, inspiradas en la precisión concisa de la caligrafía china o en el entramado de las telas africanas, creando así su propio idioma de signos simplificados.

Hasta el 12 de noviembre próximo, la Royal Academy de Londres explora en una exposición imperdible la relación que tuvo Matisse con los objetos y artesanías que lo rodearon en su estudio y el vínculo que tuvieron estos en la obra del artista.

Matisse en el estudio es la primera muestra que considera cómo la colección personal de objetos atesorados por el artista en vida fue tanto materia de estudio, como tema de inspiración para sus cuadros, esculturas y dibujos.

Para explorar los procesos de trabajo por los cuales estas piezas fueron transformadas por Matisse en su obra de arte, unos 35 objetos y artesanías fueron expuestos junto con 64 cuadros, esculturas, dibujos, grabados y recortes en papel del artista nacido en Le Cateau-Cambrésis.

Matisse seleccionó estos objetos no solo por su valor estético y visual, sino también por su carácter simbólico, su historia y tradiciones a las que pertenecían. La mayoría de las piezas fueron prestadas por el Museo Matisse de Niza, como también por colecciones privadas, que por primera vez abandonan Francia.

La exposición londinense explora cómo Matisse regresó continuamente a su colección de objetos personales y cómo fueron reconsiderados, estudiados y revaluados por el creador, dependiendo del medioambiente pictórico en el estaban.

La colección de Matisse fue un estímulo creativo vital para el artista, de tal importancia que este solía viajar con ellos, incluso a sus residencias temporarias. Muchas cartas de Matisse a familiares y allegados incluyen pedidos expresos para trasladar sus objetos de París a Niza.

La exposición de la Royal Academy está dividida en cinco secciones temáticas, comenzando con ‘El objeto como actor’, donde se explora cómo Matisse reconsideró elementos de su colección en diferentes obras durante varios períodos de su carrera artística.

Una taza de peltre, un jarrón de vidrio andaluz y una chocolatera que recibió Matisse como regalo de bodas, aparecen y reaparecen modificados en distintos cuadros, desde ‘Rosas en la ventana’ de 1925, hasta en ‘Naturaleza muerta con concha’, de 1940.

Otra de las secciones es ‘El desnudo’, que se enfoca en la colección de esculturas y figuras africanas y del sudeste asiático que tenía el artista, y que le ayudaron a innovar radicalmente en sus retratos de la figura humana.

La sección ‘El rostro’ analiza cómo el artista se inspiró en las máscaras africanas para trabajar aspectos de la cara humana, desde ‘La mujer italiana’, de 1916, pasando por ‘Marguerite’, de 1906. En ‘El estudio como teatro’ el recorrido se centra en los interiores que Matisse creó para sus estudios durante la década del 20. Allí se puede ver cómo utilizó muchos objetos islámicos, de Medio Oriente y del norte de África, transformándolos en fuente de inspiración para sus cuadros, como en ‘Pantalla árabe’.

La última sección, ‘El idioma de los signos’, incluye algunas de las últimas obras de Matisse, como sus famosos recortes en papel. Matisse en su estudio ofrece por primera vez un panorama íntimo de las influencias del francés. (I)