Lunes, 11 Septiembre 2017 00:00 Cultura

“Quería que Chuquiragua fuera como un ensayo fotográfico”

Mateo Herrera, cineasta, fotógrafo y músico.
Mateo Herrera, cineasta, fotógrafo y músico. Foto: cortesía Mateo Herrera

En su octava película estrenada el pasado viernes, el cineasta ecuatoriano narra un drama alucinante en el que la naturaleza es la mayor protagonista.

Redacción Cultura

El cineasta Mateo Herrera mira sorprendido un afiche promocional que está colgado en una pared del Ochoymedio de Quito. Se trata de la obra escénica La flor de la chukirawa, del grupo teatral Contraelviento, que este año cumplió una década desde que fue estrenada. “Qué loco”, dice el también fotógrafo y músico ecuatoriano, quien estrenó el pasado viernes su octava película, la cual tiene el mismo nombre de aquella planta andina con características medicinales, acaso místicas, y que sirve de alimento para los colibríes.

Filmada en blanco y negro, Chuquiragua es una cinta localizada en medio del páramo de Papallacta y  narra el descenso de sus tres personajes principales (Agustín, Lucía y Santiago) hacia las fauces de la más impredecible naturaleza. Lo que aparenta ser un viaje tranquilo, poco a poco deviene en situaciones alucinantes, de otro mundo. 

En el preestreno de la película dijo que fue su tío quien lo llevó por primera vez a Papallacta, ¿desde ese momento nació este trabajo?

Yo tenía unos siete u ocho años cuando él me llevó a Papallacta, un lugar alucinante donde pescar es una experiencia del silencio. Con mi tío no íbamos a conversar, porque si hablas los pescados se asustan. El hecho de hacer silencio en un lugar de por sí muy silencioso es como un ritual, algo místico y de mucha contemplación de la naturaleza, de estar atento a los sonidos. Después, con los años, pasaba por Papallacta y las formas de su paisaje me encantaban y dije que alguna vez debía filmar allí.

A diferencia de otros trabajos, en los que hay varias locaciones y personajes, en Chuquiragua hay un espacio fijo y tres personas, ¿por qué se dio este cambio?

Es una especie de reto creativo. Yo  conocí a María Alché (actriz argentina y protagonista del filme), en 2011, en Buenos Aires. Nos hicimos muy buenos amigos y en esa ocasión ella dijo ‘escríbeme un papel de una mujer terrible’. Ella anteriormente había visto Impulso (película de 2009, de Herrera). Al inicio empecé a escribir el guion sin pensar en ella y, de repente, me di cuenta de que este era el personaje que María me había pedido. Para mí, el guion no es un trabajo terminado, no es un producto literario, sino que es parte del proceso. Cuando llegó María para la filmación trabajamos en el guion como dos semanas.

Aun cuando los colores de la naturaleza son fuertes, usted filmó en blanco y negro, ¿por qué?

Me encanta lo expresivo del blanco y negro, pero sobre todo me gusta eso porque nos aleja de la realidad, nos dice directamente ‘esto no es la realidad’. En ese sentido podría decir que esta es una película ‘antirrealismo social’. El blanco y negro es, además, un punto de vista muy subjetivo. Y de ahí también surge la potencia del blanco y negro, pues fortalece, por ejemplo, el encuadre. A veces los colores te hacen olvidar el encuadre y eso es importante en la fotografía. Yo quería que esta película fuera como un ensayo fotográfico, que cada plano te diga cosas, que cada toma sea como una foto. Si tú ves colores en la imagen puedes entender qué está atrás y qué está adelante de los personajes, porque las plantas tienen diferentes tonos. En cambio, en Chuquiragua todo es gris y eso es parte de la confusión que queríamos crear.

Una confusión que se asemeja a la paranoia de los personajes, quienes en el páramo tienen una menor cantidad de oxígeno...

Sí, queríamos evocar esa sensación en la película, de claustrofobia. Y también queríamos proyectar la idea de que la pantalla sea como una pecera en la que los personajes y los elementos están sumergidos.

A estas sensaciones se suma un velo de misterio representado en objetos o situaciones que le dan un aire onírico a la película...

Algo que me molesta en el cine es que todo debe estar justificado en el guion, que debe haber una lógica. Yo prefiero no justificar con una lógica, sino sugerir. Prefiero instalar un misterio que no sea resuelto y que esté abierto, como sucede en una obra de Duchamp.

Él le pidió a un artesano que haga un ovillo de hilo y que ponga un objeto en su centro que nadie, ni Duchamp, supo qué es. La  obra de arte es justamente esa tensión que propone Duchamp. La ausencia de justificación me gusta, pues nos crea el deseo de tratar de entender más. Prefiero pensar que en una casa hay un fantasma, a que cuando investigo descubrir que, en realidad, era el viento.

Además de Duchamp, ¿tuvo otros referentes que lo orientaron?

Estaba leyendo a Horacio Quiroga, quien habla de lo implacable de la naturaleza sobre el ser humano.

Me siento absolutamente identificado con este cuentista, alucinante el miedo que tenía a la naturaleza. La naturaleza puede ser terrible, somos sobrevivientes de ella. Este país, por ejemplo, es un lugar donde no estamos 100% seguros. Todos los años hay cocodrilos que se comen a turistas en el Oriente. ¡Imagínate, no solo hay caimanes, sino cocodrilos! Todos los años hay surfistas comidos por tiburones en Galápagos, una situación normal que nadie cuenta. Vivimos en un país donde te puedes quedar congelado en el páramo. En una entrevista a María Alché, quien tiene una maestría en filosofía, decía que la naturaleza no tiene moral. Si te mata, no tiene culpa.

Entonces, después de leer a Quiroga, quise reflexionar al respecto. Además de que es un elemento de la literatura romántica, que la naturaleza participe en el drama.

La actriz argentina María Alché es una de las protagonistas del filme ecuatoriano. Previamente ha trabajado en películas como La niña santa, de Lucrecia Martel.

Datos

Los protagonistas son María Alché, Stefano Bajak y Roberto Sempértegui. El guion es de Mateo Herrera, quien también es director de la película, y de Antonella Frisone.

La producción general estuvo a cargo de Estefanía Peñarreta y la edición de Amaia Merino y Mateo Herrera, cuya carrera está dividida entre proyectos cinematográficos y musicales. Chuquiragua es su último filme.

Su documental El Comité ganó 6 premios  entre los que destaca el Prix George Beauregard del Festival Fid Marseille; y su tercer largometraje, Impulso, el Gran Premio Coup de Coeur del Festival de Toulouse. (I)

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