Miércoles, 05 Julio 2017 00:00 Cultura

José Luis Cuevas, la ruptura como motor

Carlos Monsiváis, Carlos Fuentes, José Luis Cuevas, Elena Poniatowska y Leonora Carrington son los artistas mexicanos que aparecen en la imagen.
Carlos Monsiváis, Carlos Fuentes, José Luis Cuevas, Elena Poniatowska y Leonora Carrington son los artistas mexicanos que aparecen en la imagen. Foto: Tomado de culturacolectiva

Uno de los primeros artistas en diferenciarse del muralismo de su país falleció en la Ciudad de México a los 83 años. Era hipocondríaco y es considerado el maestro del autorretrato.

Redacción Cultura

El artista mexicano José Luis Cuevas falleció la tarde del pasado lunes, a los 83 años, en la Ciudad de México. Pintor, escultor, grabadista y escritor; el suyo fue uno de los primeros pinceles en alzarse contra el muralismo –costumbrista y político– que dominó el arte mexicano hasta mediados del siglo XX.

A Cuevas se lo consideraba el pilar de la llamada ‘Generación de la Ruptura’, movimiento de artistas que surgió para rechazar el estilo predominante en la Escuela Mexicana de Pintura. Los opositores no estaban de acuerdo con la temática revolucionaria y nacionalista que se plasmaba en cuadros y murales de artistas como Diego Rivera o David Alfaro Siqueiros.

José Luis Cuevas (1934-2017) fue, con Vicente Rojo, Manuel Felguérez y Juan García Ponce, el artífice de este movimiento.

Heterodoxo y en gran parte autodidacta, a los 17 años escribió ‘La cortina de nopal’, un artículo -aparecido en 1951- contra el estilo folclorizante, ideologizado y de “una alegría juguetona” de los muralistas. La publicación se convirtió en un manifiesto temprano y empezaron a llamar al artista enfant terrible. Las tintas se dirigían especialmente al estalinista David Alfaro Siqueiros, que algunos años antes había decretado que en el arte mexicano no existía “más ruta que la nuestra”. En 1967, Cuevas llevó a la práctica el texto a través de un mural en el epicentro contracultural de la Ciudad de México de entonces, el corazón de la Zona Rosa. Al concluir el mes de exhibición, la obra fue destruida.

El artista mexicano sostenía que esa confrontación iniciática le cerró las puertas en los espacios culturales de su país. Algunos críticos de arte rechazaron dicha versión, pese a que durante varias décadas la obra del artista se presentaba con más frecuencia en el extranjero que en tierras mexicanas. Recién en 1992 se inauguró el museo José Luis Cuevas donde se encuentra la mayor parte de su arte.

En un artículo publicado en la revista Letras Libres como obituario para el artista, el historiador mexicano Enrique Kreuze explicó que “en la pelea del (medio) siglo entre Cuevas y los muralistas no se disputaba solo el destino de un estilista precoz que había probado el éxito en París y Washington y que ahora se arriesgaba frente a los pesos completos de su país, dueños vitalicios de la conciencia pictórica nacional. Estaba en juego también la posibilidad de que la cultura mexicana se adelantara, se abriera definitivamente al mundo y descubriera sin terror que como México sí hay dos”.

El ensayista matizó: “Es verdad que cuando Cuevas escenificó aquel match, la desmuralización llevaba años de avance silencioso gracias a la obra de Mérida, Tamayo, Soriano, Gerzso, Gironella y otros”.

José Luis Cuevas fue Premio Nacional Bellas Artes, doctor honoris causa de la Universidad Autónoma de Sinaloa y estuvo al frente de su propio museo. Durante décadas vivió en San Ángel, barrio acomodado de la capital mexicana que también habitó Gabriel García Márquez (1927-2014). Autor de un legado memorable, en varias artes, el artista se une a otros intelectuales de la irreverencia, como Carlos Monsiváis (1938-2010). (I)

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