Martes, 06 Junio 2017 00:00 Cultura

Horamen revela el vacío y colapso de la historia

Adrián Balseca usa los crisoles para crear constelaciones escultóricas vinculadas a la cultura La Tolita-Tumaco.
Adrián Balseca usa los crisoles para crear constelaciones escultóricas vinculadas a la cultura La Tolita-Tumaco. Foto: Mario Egas / El Telégrafo

Adrián Balseca presenta una muestra en la que recoge las tensiones que ha atravesado la isla Tolita Pampa de Oro.

Redacción Cultura

Uno de los emblemas que más ha reforzado el discurso oficial del Estado-Nación es el Sol de Oro, pieza precolombina que fue utilizada como logotipo del Banco Central del Ecuador. Se dice que aquella máscara luminosa que representaba a la institución encargada de emitir dinero y de haber adquirido uno de los mayores acervos patrimoniales, fue extraída de la isla Tolita Pampa de Oro, ubicada al norte de Esmeraldas, en una de las zonas más remotas, olvidadas y pobres del país.

En ese sitio, al cual se llega por lancha desde la parroquia La Tola, se asentó la cultura Tolita, una de las precursoras en la fundición de oro, platino, y en el trabajo de orfebrería.  Su nombre proviene de las ‘tolas’ (sitios ceremoniales en forma de pequeñas montañas de tierra) que se hallaban allí y sobre las cuales, ahora, se han hecho intervenciones modernas como la construcción de una Escuela del Milenio o de una cancha de fútbol.

La Tolita Pampa de Oro también ha atravesado una serie de despojos territoriales marcados por la búsqueda de réditos económicos: luego de haber sido ocupada por comunidades Cayapas, se convirtió a inicios del siglo XX en una hacienda aurífera de la familia Sánchez Isaías y, luego, en 1923, fue vendida a la familia de Donato Yannuzzelli, abuelo de Carlos Pareja Yannuzzelli, hoy prófugo de la justicia ecuatoriana por delitos de corrupción.

En aquel territorio sobre el cual converge una historia de saqueos, de contradicciones, de abusos y, más que nada, de olvidos, el artista Adrián Balseca realizó su última investigación para crear Horamen, que se exhibe en el Museo de Arte Precolombino Casa del Alabado, hasta el próximo 30 de julio
Luego de 7 años sin montar una exhibición individual en la capital, Balseca regresa con un trabajo que revela los vacíos y el colapso cultural -en términos simbólicos y matéricos- de la historia del país, a partir de un territorio que ha sido foco de disputas económicas.  

Horamen -palabra que no está registrada en el diccionario  de la Real Academia Española- significa perforación, agujero o hueco. Es una palabra que representa un vacío lingüístico, como la constitución de la historia de la Tolita Pampa de Oro.

La muestra fue comisionada por el equipo curatorial de Zarigüeya Alabado Contemporáneo y representa el tercer capítulo de este proyecto. El primer fue de Asier Mendizabal y exploró la documentación de objetos arqueológicos como una práctica histórica y política, mientras que el segundo fue de Osías Yanov,  quien desplazó materiales precolombinos fuera del Museo Casa del Alabado, hacia un contexto de acción coreografiada.

Balseca, a través de un diálogo crítico sobre la forma en cómo la Casa del Alabado adquirió sus piezas arqueológicas, presenta una muestra compuesta de 6 fotografías, una instalación con crisoles (donde se fundían los metales, hasta ahora) y un letrero del Museo Arqueológico de la Tolita Pampa, autogestionado por Antonio Alarcón.

“La mayor parte de las colecciones arqueológicas de Ecuador fueron configuradas por la transacción y compra de piezas; los aportes de la arqueología fueron pequeños. Y este no solo es un caso privado, también el Banco Central fue el principal adquiriente de piezas precolombinas”, dice Balseca, quien visitó la isla en diversas ocasiones y cuya muestra se inscribe en sus investigaciones anteriores, que están definidas por la manera en que los recursos naturales y los modelos desarrollistas alteran los relatos nacionales.

Horamen despliega una serie de imágenes hechas en la Tolita Pampa, intervenidas por la figura de un crisol horizontal que marca un hueco en el paisaje y en la memoria de ese territorio. También, Balseca usa los crisoles para crear constelaciones escultóricas relacionadas con la cartografía de la cultura La Tolita-Tumaco. Y el letrero que exhibe representa la precaria situación de las instituciones culturales del país.  (I)

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