El Museo de la Ciudad retrata el siglo XX

- 27 de septiembre de 2017 - 00:00
La exposición permanente Siglo XX: Quito en la modernidad se inauguró en la Iglesia del Museo de la Ciudad, edificio del antiguo hospital San Juan de Dios.
Foto: Miguel Jiménez / El Telégrafo

El recorrido tiene un enclave inicial en la réplica del taller de Bernardo de Legarda y finaliza con el arte urbano del pasado. El relato del transporte culmina con la recreación del Trolebús.

El Museo de la Ciudad ofrece un recorrido temporal que empieza 10.000 años antes de la Colonia y, hasta julio pasado, culminaba en el siglo XIX. La incorporación de la modernidad da a los visitantes la oportunidad de reflexionar mejor sobre su presente.

La exposición permanente del repositorio (ubicado en las calles García Moreno y Rocafuerte, del Centro Histórico de Quito) tiene una sala dedicada a la influencia de la Ilustración en la ciudad. La llegada de misiones geodésicas a la Mitad del Mundo está ilustrada en el museo, junto a las costumbres de época, como la de tener un estrado especial en las casas burguesas, que ocupaban mujeres exclusivamente, quienes fumaban allí, entonaban instrumentos -como el arpa- leían y recibían a las visitas.

Una instalación recrea el taller pictórico y escultórico en donde trabajaba el maestro Bernardo de Legarda (1700-1773), en la cual es visible el proceso de desbaste de una de sus posibles tallas, la más representativa de las cuales fue la Virgen de Quito, explica el escultor Eduardo Maldonado, quien es coordinador del Museo de la Ciudad. El repositorio cumplirá dos décadas de inaugurado el próximo año.

Réplica de la Biblioteca de la Ciudad, derrocada, de la actual entrada de San Blas, donde ahora hay un jardín vertical, se puede ver en la muestra permanente. Foto: Miguel Jiménez / El Telégrafo

Las estratificaciones sociales se pueden ver a través de un corte en una miniatura de la Catedral Metropolitana. Las autoridades del Cabildo están al frente, mientras las autoridades eclesiásticas le preceden a otras castas sociales, con sus vestimentas. Las esteras o alfombras de indígenas aparecen sobre sus cabezas mientras acompañan a las damas que van a misa.

En el espacio decimonónico del museo aparece una cama de viajero portable, que los expedicionarios instalaban en tiendas de campaña y llevaban a lomo de mula por las ciudades de América. Con el pasar de los siglos las quebradas iniciales fueron desapareciendo con rellenos.

El transporte es otro de los ejes del museo: la fragua de los herrajes que usaban los caballos al halar carretas está presente en réplicas de talleres de forja, antes de la modernización que trajo el siglo XX con un invento cargado de símbolos.

La impronta del ferrocarril

La última semana de julio, una sala que recrea un viaje virtual en tren hacia la capital fue abierta como conexión de la muestra permanente con el siglo pasado.

La reseña histórica es sobre la ruta Durán-Quito y explica que la gestión inicial del tren fue hecha por el expresidente Gabriel García Moreno (1821-1975) y realizada por Eloy Alfaro Delgado (1842-1912).

Las contradicciones de la modernidad están enfocadas a través de los objetos que comunican. Pero el comercio, sociedad, transporte y arquitectura conforman los ejes narrativos de una de las épocas más vertiginosas, en la cual llegó el alcantarillado, el agua potable y la luz eléctrica.

El historiador Jacinto Jijón y Caamaño (1890-1950) fue el primer alcalde de la ciudad y se ocupó de establecer una estética del arte precolombino que apenas alcanzó a esbozar. En la muestra hay dioramas e instalaciones que hacen interactivo el paseo del público.

Las edificaciones del arquitecto Francisco Durini (1880-1970) tienen un espacio destacado y, al final del recorrido, se expone la evolución del transporte público, que incluye el tranvía, los autobuses y el ‘Trole’, medio articulado que le precede al Metro, para el cual se hacen   excavaciones. (I)

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