Viernes, 04 Noviembre 2016 00:00 Cultura

Consecuencia resume la evolución estética de Medina

Desde octubre, Alberto Medina Enríquez expone 40 pinturas, como ‘Estación de la Esperanza’. La técnica usada es mixta y al óleo, en mediano y gran formatos.
Desde octubre, Alberto Medina Enríquez expone 40 pinturas, como ‘Estación de la Esperanza’. La técnica usada es mixta y al óleo, en mediano y gran formatos. Foto: archivo del artista
Redacción Cultura

Las pinturas de Alberto Medina (1962) parecen atravesar tres dimensiones distintas. Una sensorial, otra mágica y la que sirve como soporte de los recuerdos que evoca cada escena: la real.

Las imágenes parten de situaciones cotidianas en que los elementos de cada cuadro tejen una reflexión a través de símbolos.

Sobre la crítica de arte, Medina ha dicho que “el artista contemporáneo está empeñado en ser encasillado por la crítica especializada o, a su vez, por su propia cuenta, se inscribe  en determinada corriente pictórica, moderna, contemporánea, conceptual tal vez; ese afán de ser identificado, clasificado, catalogado en vez de darle libertad para crear y fluir con  su propuesta artística, lo limita y presiona, coartando su libertad de expresión estética, convirtiéndolo en esclavo de ese formulismo y restándole posibilidades de recorrer nuevos caminos”.

Consecuencia -la muestra pictórica que está en el Palacio de Carondelet, del 3 de octubre y hasta el 3 de diciembre- es el resultado de un reflejo del recorrido que ha hecho el artista plástico, arquitecto, muralista, escultor y profesor de arte a lo largo de su carrera.

El lenguaje estético de Medina es distinto en cada una de sus series de cuadros, tituladas de forma sintomática: ‘Más mágico más real’, ‘Arborizarte’, ‘Mujeres, señoras y vírgenes’ y ‘Abstraccionismo Espacial’. Las personas, la naturaleza, lo rural, se muestran exuberantes en esta propuesta, que no es “ni retrospectiva, ni antológica, más bien es didáctica”, ha dicho el pintor.  

El crítico Hernán Rodríguez Castelo esboza estas series: “De la hora de su realismo mágico persiste el escenario paisajístico y en él signos como el reloj que confiere dimensión temporal a esas escenas sin tiempo o musicantes y personajes alados, y objetos fantasiosos que turban la inmóvil soledad de esos pueblos perdidos  entre montañas. Y, de espléndido remate, el músico alado que toca su corno contra un cielo aborregado de cálidos (...) Una expresión artística cada vez más segura y más fina, y, por ello, más rica. (I)

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