Jueves, 05 Enero 2017 00:00 Cultura

Aurora Estrada dijo sin ambages lo que el cuerpo es capaz de sentir

Portada del libro sobre la poetisa riosense Aurora Estrada y Ayala, autoría de la  investigadora quiteña Rosario de Fátima A’Lmea Suárez y que fue editado por la PUCE.
Portada del libro sobre la poetisa riosense Aurora Estrada y Ayala, autoría de la investigadora quiteña Rosario de Fátima A’Lmea Suárez y que fue editado por la PUCE.

Rosario A’Lmea Suárez intenta una aproximación interpretativa no solo de su poesía, sino también como pionera en la defensa de los derechos femeninos.

Redacción Cultura

Durante cuatro años, la investigadora Rosario A’Lmea (Quito, 1973) estuvo hurgando en archivos y libros sobre una poeta que ella considera fundamental en la literatura nacional: Aurora Estrada y Ayala.

Estrada, nacida en 1903 en la provincia de Los Ríos, irrumpió en las letras ecuatorianas en la década del 20, cuando en otros lares de la América hispana sonaban las voces de Gabriela Mistral, Alfonsina Storni, Juana de Ibarbourou y Delmira Agustini. Sin embargo, medida con ellas, su voz no tuvo la resonancia que, según A’Lmea, debió tener.

Las razones, las principales, en cierta forma, son responsabilidad de la propia poeta, pues nunca se preocupó de publicar formalmente ni fue parte de los círculos literarios encargados de difundir o promover solo los escritos de los amigos, tal como ella lo sostiene.

Esta falta de difusión de su obra impulsó a A’Lmea a escribir sobre ella y proponer, a través de su libro Aurora Estrada y Ayala: voz y simbología del cuerpo, una reivindicación de la autora fluminense.

“Mi interés nació luego de leer su poema ‘El hombre que pasa’, que es el más conocido, el más antologado. A partir de allí me propuse saber si esta autora valía la pena ser investigada y si debía estar en el puesto que había sido ubicada sobre la división que hacen de la literatura”.

Con muy pocas fuentes a la mano, cuenta que se valió de dos críticos para analizar su obra: Hernán Rodríguez Castello y Rodrigo Pesántez Rodas, quien, a su vez, fue su alumno. Pero estas lecturas tenían un inconveniente: habían sido hechas según formas de leer o estructuras de otra época.

“Entonces yo me propuse, con las nuevas maneras de leer el discurso, de leer el lenguaje, especialmente la teoría de Paul Ricouer y Octavio Paz sobre la interpretación literaria (que tiene que ver más con la aplicación de la conjetura), ver su riqueza lingüística. Aparte de eso, ver cuáles son los hitos que proyecta la autora”.

En este caso, A’Lmea -quien tiene dos masterados, uno en Literatura y otro en Diseño Curricular- descubre que Estrada crea una reinterpretación de lo que es el cuerpo como una manera de liberarse de una época en la que, como heredera del modernismo, recibe una lectura del cuerpo, pero vista desde una visión patriarcal, no auténtica, de la mujer.

A partir de allí, lo que Estrada hace, como aporte literario, “es crear una ruptura, es dar esa visión propia de una autora sobre su propio cuerpo, que es precisamente el leitmotiv que yo resalté”.

“Ella -continúa- da la voz al otro, da la visión de lo que es ser mujer a partir de una nueva representación, no desde la visión patriarcal que estaba asentada hace algunos siglos, desde la Grecia clásica y que siguió con los modernistas José Martí o Rubén Darío, donde ellos expresaban fundamentalmente a la mujer fatal y el ángel del hogar que son las dos visiones que se proyectan en el modernismo y se heredan hasta hoy, desgraciadamente”.

Con esa capacidad creada “de ver, de crear, de desear”, Estrada ve el cuerpo como algo que tiene sus opciones, pero que se originan en sí mismas, con una psiquis de percepción, con ángulos, con influencias históricas, es decir, con una vida autónoma, no del otro, impuesta.

Según la autora, hoy el tema del cuerpo y la necesidad de la corporeidad es de uso común, pero en los años 20, hablar de eso iba a contrapelo de las modas literarias, pues lo que primaba era la espiritualidad. “Hablar del cuerpo, como ella lo hace, es algo pionero”.

Poemas como ‘El niño malo’, que habla de su hijo, también es tomado por A’Lmea para representar la necesidad de Estrada de hablar una multiplicidad de los cuerpos, desde el propio hasta el ajeno. (I)

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