Martes, 12 Septiembre 2017 00:00 Cultura

Entrevista / selva almada / escritora argentina

Almada indaga en la violencia de lo rural

Almada indaga en la violencia de lo rural
Foto: José Morán / El Telégrafo
Redacción Cultura

La escritora argentina Selva Almada es –como uno de sus títulos publicados– Una chica de provincia. Desde hace 15 años reside en Buenos Aires. Nació en 1973 y creció en Entre Ríos, en el centro del país, en la proximidad con el Paraná. Desde ese lugar surge su narrativa, una escritura intensa sobre la perturbadora violencia que habita en la ruralidad.

La divulgación de su obra creció a pasos agigantados tras la publicación de El viento que arrasa, pero ella lleva muchos años en la escritura y sus intereses no han cambiado. Selva Almada sigue narrando la ruralidad, construye personajes masculinos en aprietos o voces femeninas que ponen en perspectiva la violencia histórica contra ese género.

En una entrevista con diario El País, de España, dijo que le cuesta viajar porque siente que, al hacerlo, desordena su vida y que si tuviera que escoger se quedaría en casa con sus gatos. En su primera visita a Ecuador, como parte de los invitados a la Feria Internacional del Libro de Guayaquil, dice que está bien salir un poco del frío de Buenos Aires. 

Sus novelas se sitúan en lo rural desde el desastre. ¿Qué le interesa contar de estas realidades, pensando en la relación que tiene con lo que ocurre en las ciudades?

Soy del interior de Argentina y viví más de la mitad de mi vida allí. Me gusta contar esa zona porque me parece que en estos escenarios alejados de las grandes urbes hay una potencia dramática en los personajes, en la manera de pensar, en su idiosincrasia, en los modos de hablar o en el uso de la lengua.

El interior de mi país es muy rico en imágenes, tiene una dimensión poética grande y creo que comparte la violencia con la ciudad. Aparentemente son violencias distintas, pero hay una mirada de los citadinos, de los  habitantes de las grandes ciudades, bastante ingenua hacia la gente del interior. Creen que son lugares donde la gente es buena, donde no pasa nada, donde todo es muy bucólico. De hecho, las personas que viven en estos lugares piensan que no son espacios muy violentos.

¿Por qué parecería que en la ruralidad la gente está muy calmada y concentrada?

Es una calma que todo el tiempo está engendrando violencia que, por momentos, estalla y adquiere dimensiones muy graves. Al menos,  lo que yo encuentro y que me gusta trabajar en los relatos es que la superficie es aparentemente mansa, pero, por debajo, hay un torbellino de pasiones, de odios, de rencores, de ocultamiento, de secretos y de abusos. Me parece que esto es común en la manera de entender, tanto nuestra sociedad urbana como la rural.

En Chicas muertas utiliza historias pasadas sobre femicidios, en un momento en el que las estadísticas parecen crecer...

Escuchaba que la gente decía que los femicidios son algo de ahora, pero yo conocía casos de cuando era chica y pensaba que estaban normalizados en ese entonces. La idea en mi libro era darle una dimensión histórica, aunque corta.

En El viento que arrasa las mujeres como madres están ausentes...

Quería contar el mundo masculino. ¿Por qué en la sociedad los hombres son como son?, ¿qué hacen cuando están solos?, ¿cómo hacen cuando tienen que cuidar a un hijo? Por eso construí 2 padres, con 2 hijos a criar donde no está presente la figura de la madre. La mamá de Leni fue abandonada por el padre, el reverendo Braun, quien, de alguna manera, le arrebata a la hija. En el caso de la madre de Tapioca, ella lo deja por una cuestión de no poder afrontar su crianza y tener que ganarse la vida. Lo que a ella le parece más conveniente es que se quede con su supuesto padre, aunque aún no sabemos si es el padre o no. Tanto en esa novela, como en Ladrilleros, me interesó contar el mundo masculino del interior, cómo se construye la figura del hombre, del macho. (I)

ENLACE CORTO

Últimas noticias

Últimas noticias

Cultura

Google Adsense