Entrevista / Jaime Guevara / Cantautor Ecuatoriano

“Aferrarse al pasado es como envejecer mentalmente”

- 24 de Agosto de 2017 - 00:00
Jaime Guevara, Cantautor Ecuatoriano
Fotos: Álvaro Pérez / El Telégrafo

El guitarrista vuelve a los grandes escenarios junto a La Hot Choclo Blues Band; esta noche se presentarán en el parque El Arbolito; y el sábado (16:30), en el Itchimbía.

Los festivales populares, de barrios, y algunos bares son los escenarios en que Jaime Guevara pregona “salud, canción y anarquía” desde que sufrió un accidente de tránsito en el que un bus le fracturó la columna. Pero esta semana el cantautor retoma dos eventos masivos, junto con La Hot Choclo Blues Band, que surgió en los ochenta, actuando en conciertos que homenajeaban a figuras como la de Jim Morrison (1943-1971), de The Doors.

La presentación de esta noche será en el parque El Arbolito, que Guevara usó como escenario desde que allí había un estadio, cuando empezaron a llamarlo ‘Chamo’ por ser el menor de un grupo de amigos, algunos jipis, que se reunían en El Dorado, barrio del cual se mudó luego de 3 décadas, pues su recuperación física le impide subir gradas.

Ahora vive frente al parque Gabriela Mistral y su guitarra está colgada en su sala con la leyenda ‘Máquina matafascistas’, una consigna del cantante Arlo Guthrie, a quien Jaime vio por primera vez en directo cuando los videos del Festival de Woodstock llegaron al país.

¿Qué tan trascendente fue el Festival de Woodstock (Nueva York, 1969) para su carrera?

Para entonces, grupos como Luna Llena, La Tribu, Flash o Jardín de Infamias ya sonaban en la Concha Acústica de La Villaflora (en el sur de Quito). El animador central, hombre clave para el inicio del rock en la Concha Acústica, fue Ramiro Acosta [que se presentará mañana en el Quito Blues], de La Tribu.

Esos festivales eran una forma de reconstruir Woodstock a la criolla.

Los titulares de ese tiempo, en los periódicos que daban cuenta sobre todo del primer concierto, hablaban de eso, de forma emotiva. La película homónima nos había motivado a construir no solo la música, sino una fraternidad entre jóvenes, una utopía naciente sobre traer un mundo de paz y amor en torno al rock, que era el himno. Fue cuando llegó el hinduismo, los primeros restaurantes vegetarianos aparecieron en Quito y hubo grupos que practicaban yoga. Desde entonces soy vegetariano y abstemio, fue una forma de crear un nuevo mundo dentro del real.

La primera canción que interpretó en público, en diciembre de 1973, fue de Guthrie...

Canté una versión en castellano de ‘Coming Into Los Ángeles’, de Arlo, un cantautor estadounidense de la onda folk, hijo de un grande de ese género, Woody Guthrie.

Siempre me preocupó que el contenido de las canciones pesara en la misma medida en que lo hacía su forma. Está bien el ritmo, la melodía y todo lo que tiene el rock y las músicas afines, pero las canciones dicen cosas... Antes de cantar en público, fui desarrollando cierta habilidad para adaptar las canciones sin traicionar su contenido, primero en inglés y, muy posteriormente, en francés. Es que a lo que siempre he aspirado, como artista, como músico, es llegar al corazón de la gente.

¿Cree que el jipismo se conservó esencialmente o solo hubo quienes renegaron de él?

A finales del ochenta y en el noventa, paradójicamente, fue la nueva juventud la que motejaba de ‘jipi’ para denostar a alguien; era usado como adjetivo peyorativo contra quien fuera una persona ociosa o dada al abuso de drogas o el alcohol, cosas con las cuales estábamos muy distantes. La forma de apreciar al jipismo, como cultura, como a hijos de la alegría o de las flores se fue perdiendo y, al no tener ese conocimiento, todo cambió. Me parece triste que haya habido esa desconexión, por desconocimiento, incluso entre culturas urbanas y rockeras, que ha llegado hasta situaciones de hostilidad y violencia mutua.

Como las peleas entre punkeros y metaleros en el cambio de siglo...

Por ejemplo. Aunque una nueva generación de jóvenes haya pugnado por hacerse su propia identidad, cuando esta llega hacia los 30 años, como para reafirmarla, no está dispuesta a que aparezcan otras generaciones con otro tipo de cultura. Eso es una lástima y se debe al desconocimiento.

¿Hay una suerte de añoranza?

Es ese aferramiento al pasado. ¿Por qué no podemos permitir que haya nuevos jóvenes que se manifiestan de otra forma, que gustan de otro tipo de música, que hablan de otro tipo de cosas en sus canciones?

Aferrarse al pasado se parece bastante a envejecer prematuramente en la condición mental, con aquel viejo y gastado eslogan de ‘no hay como la música de mi tiempo’ (ríe) o ‘aquello era el verdadero rock, el verdadero metal’.

Han muerto Gary Moore, B.B. King, Chuck Berry... ¿Qué pasa con la pérdida de referentes?

La muerte de un artista es lamentable como artista y como ser humano. Pero algunos logran alcanzar la inmortalidad, por lo menos en términos relativos, a través de su obra. Gente como Lead Belly (1988-1949). Esa larga saga de cantores y de guitarristas han pasado su vida en el blues y fueron a parar a una tumba, como humanos que fueron, pero es mucho más difícil enterrar su música. Sé que otros seremos olvidados, pero sobrevivirán unas canciones, decenas o más. Pasará también lo que ocurre con Violeta Parra (1917-1967) que, en su centenario, le sobreviven multitud de canciones.

¿Recuerda cuál fue la primera canción que escribió?

“Vemos calles, / vemos edificios, / vemos el petróleo que nos dan a respirar. / Vemos hombres que no son humanos porque son las piezas de una máquina más...” (canta un fragmento de ‘Gas de Flores’). (I)

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Billy Branch también estará en el X Quito Blues

La décima edición del festival internacional se da del 21 al 26 de agosto. El certamen ha tenido como sedes las ciudades de Guayaquil, Riobamba, Ayangue y Montañita. Este año vuelve a Quito e incluirá la segunda edición de grafitis y de baile blues, además de la tercera muestra de fotografía. Este será el quinto año en que se realicen recitales de poesía sobre el género musical; además, habrá talleres de armónica, guitarra, batería, canto y bajo con músicos nacionales y foráneos, entre quienes están conferencistas reconocidos.

El cartel de hoy tiene a los ecuatorianos Hermanos Blues Band, Curanderos y Blues Project Rolling abriendo la jornada, de 14:00 a 17:00, en el parque El Arbolito (Seis de Diciembre y Tarqui). En la tarde y noche subirán al escenario el inglés Alex Emery, la argentina La Big Mama Baby, el colombiano Jorge Luis Vanegas, los estadounidenses Sam Crothers Blues Band / Little Monkeys y, para cerrar, Jaime Guevara & La Hot Choclo Blues Band.

“El Quito Blues es el epicentro, la capital del blues latinoamericano y seguimos trabajando con el equipo de producción, brindando lo mejor de nosotros en temas de gestión cultural, organización, realización, producción”, ha dicho Carlos Patricio Recalde, músico y gestor del evento, quien reside en Tampa, Florida.

Mañana se presentarán Mariah Gaibor, Mondonguito Blues Band, Metro Blues Band, Oveja Negra (de Argentina), West & Proshuning (de Canadá, Rusia y Colombia), Ramiro Acosta Blues Band y la uruguaya Virginia Martínez.

Lucho Pelucho es uno de los artistas que conforman la agrupación de Acosta; el sábado, esta edición se cerrará con el show de Las Hijas de Janis, de Argentina. (I)

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