Historia

Una cooperativa sexual busca acabar con la explotación

- 27 de Agosto de 2017 - 00:00
Dos trabajadores sexuales que quisieron permanecer en el anonimato, en una de las habitaciones de My Red Light, donde aún prestan sus servicios.
Foto: The New York Times

My Red Light es el nombre del burdel administrado por prostitutas y decorado por premiados diseñadores de mobiliario.

Ámsterdam.-

En muchas ventanas de esta ciudad no hay cortinas. Prácticamente cualquiera puede echarle un vistazo a la sala de alguien desde la calle. Se vende marihuana y hachís de forma completamente legal en cafés autorizados.

En la zona roja de la ciudad se puede ver a las prostitutas detrás de grandes vitrinas, con su lencería blanca que brilla bajo las luces. En los Países Bajos, la prostitución fue legalizada en 2000. Sin embargo, a pesar de toda esa libertad de expresión, la ciudad ha tenido que combatir la trata de blancas y otros tipos de explotación dentro de la industria de la prostitución.

Durante la última década, el gobierno local se ha dedicado a limpiar los sectores criminales del barrio rojo.

Este año, con la ayuda de un alcalde de ideas progresistas, un grupo de prostitutas retiradas y algunas activas se embarcó en un nuevo proyecto: establecer su propio burdel llamado My Red Light, el cual -aseguran- es un experimento que busca empoderar a las trabajadoras sexuales.

My Red Light pretende convertirse en la primera cooperativa oficial de prostitutas en los Países Bajos, un espacio donde puedan opinar sobre los horarios de trabajo, el diseño de las habitaciones e, incluso, capacitarse en temas administrativos.

“Una de las cosas que hemos cambiado en los últimos años es que, en lugar de hablar sobre lo que es bueno para ellas, se lo hemos preguntado”, explicó Jasper Karman, portavoz del alcalde de Ámsterdam, Eberhard van der Laan.

No a todos les gusta esta idea; en el grupo hay quienes desconfían de la participación del gobierno de la ciudad.

Diseño de lujo

Sin embargo, My Red Light ha llamado la atención de distintos sectores, por ejemplo, de premiados diseñadores de mobiliario e interiores de los Países Bajos que han colaborado para amueblar las habitaciones.

Sentado en una colchoneta de vinilo color azul sobre una plataforma, con una bañera color rojo encendido en una esquina y un banco rojo de piel de Richard Hutten cerca de la ventana, Lyle Muns, un trabajador sexual que se encuentra en el consejo de administración del burdel, explicó recientemente que este proyecto, inaugurado en mayo, sigue en proceso.

“En verdad me apasiona la idea y creo que puede funcionar, pero también es un experimento, ¿no? No habremos logrado nuestro objetivo hasta que My Red Light sea totalmente administrado por trabajadores sexuales y genere ganancias”.

La primera vez que se habló de esta idea fue en 2007, cuando la ciudad intentaba combatir el crimen mediante el Proyecto 1012, cuyo nombre se refiere al código postal de la zona central del barrio rojo.

Finalmente, las autoridades cerraron cerca de 125 vitrinas donde las prostitutas se exhibían, lo que hizo que muchas de las personas que trabajan en el sector pensaran que las están apartando para que el Gobierno pueda ‘gentrificar’ (elitizar) el área histórica que alberga algunos de los inmuebles más valiosos de Ámsterdam.

Las protestas lograron que se implementaran reuniones regulares entre el Gobierno y los activistas, así como un estudio de viabilidad que generó la idea de My Red Light.

El municipio colaboró para que un fondo de inversión social comprara 4 edificios que actualmente le renta al burdel.

Tan pronto como el fondo adquirió los edificios a fines del año pasado, se cortaron todos los lazos con el Gobierno. En la actualidad, My Red Light opera de forma oficial como una fundación. “Esperamos que, en 1 o 2 años seamos completamente dirigidos por trabajadores sexuales activos o retirados”, expresó Justine Le Clercq, portavoz del proyecto.

Cuando el burdel empiece a generar ganancias -explicó- planean invertir ese dinero en talleres y otros programas, como capacitación en temas de negocios y clases de idiomas.

Tres meses después de su debut, My Red Light todavía intenta ganarse la confianza del resto de los burdeles y construir una comunidad de trabajadoras sexuales.

Cerca del 75% del total de las prostitutas viene de Europa del Este o de Europa Central -fuera de la Unión Europea- y el 25% restante proviene de Países Bajos y Centro o Sudamérica, según los informes de la alcaldía. Aquello hace más difícil la cooperación.

“Dejen de decir que es la profesión más vieja del mundo. Las mujeres y la población vulnerable siempre han sido explotadas y deberíamos aceptar este hecho”, manifestó Jolanda de Boer, fiscal general. (I)

DATOS

El proyecto ha sido criticado por miembros de la única red oficial de prostitutas de la ciudad, Proud, la cual ofrece de todo, desde clases de idiomas hasta asesorías legales.

Algunos miembros incluso amenazaron con demandar al nuevo burdel después de que no lograron obtener unos puestos directivos que, según afirmaron, les habían prometido. My Red Light respondió que esas mujeres tenían ciertos antecedentes y, si las contrataban, podría perder su licencia. (I)

Aunque en Holanda la prostitución fue legalizada en 2000, todavía no es considerada como una actividad laboral regular. La explotación continúa para este grupo. Foto: The New York Times

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