El apego, un vínculo insano que genera sufrimiento

| 24 de Septiembre de 2017 - 00:00
El apego es una vinculación obsesiva y una adicción socialmente aceptada. Incluso hay especialistas que la consideran una enfermedad cuando raya en lo reiterativo.

Cuando es nocivo trae consigo temor, dolor, angustia y soledad.

Apegados a todo: a los hijos, al novio, al esposo, al trabajo, a los amigos... A diario desarrollamos apegos casi de manera inconsciente. Tan interesados estamos en lo que nos rodea que cuando se trata de romper estos vínculos, en muchos casos enfermizos, genera crisis emocionales.

Walter Riso, psicólogo y escritor italo-argentino, publicó un libro sobre este tema y lo tituló Desapegarse sin anestesia, en el cual invita a sus lectores a  romper con estos sentimientos que nos atrapan.

Está convencido de que el apego es una vinculación obsesiva y una adicción socialmente aceptada. Incluso hay quienes la consideran una enfermedad que puede conducir a la obsesión.

Carmen Recalde, psicóloga, dice que una de las formas de combatir los apegos se resume en una frase: “no hagas que tu vida y tu felicidad dependan de nada”. Pero, ¿cómo actuar cuando una persona muere? Se sabe que desapegarse de un ser querido o amigo fallecido no es nada sencillo, pero existe el período del duelo que ayuda a superar la pérdida.

El problema surge cuando una persona se enamora de otra y no es correspondida; aunque no exista un amor mutuo, en ocasiones, el que sufre por el desamor guarda esperanzas y eso solo lo enferma.

Hay una teoría sobre el apego, según la cual la generación del vínculo no es un proceso arbitrario, sino más bien bastante selectivo.  

En el campo de la psicología, hay una corriente que propugna un amor sin apegos; sino más bien el amor consciente. Este último, por ejemplo, favorece el crecimiento personal, respeta y sabe alimentar cada día un amor sencillo, capaz de nutrirse de las cosas más simples.

De lo que se conoce, el apego es un término definido por el psicoanalista y psiquiatra John Bowlby, quien analizó con detalle las carencias de los niños huérfanos de la II Guerra Mundial.

 Se considera que Bowlby se percató de que los seres humanos necesitamos a unas figuras que nos cuiden, fundamentalmente, para ganar seguridad.

Cuando somos muy pequeños es necesario la seguridad física, algo que nos viene de la evolución de las especies.

De acuerdo con el psicólogo Diego Figueroa, en las relaciones de pareja, entre padres e hijos e incluso entre amigos, hay apegos sanos e insanos.

El primero, como es previsible, promueve la autonomía personal; el segundo lo coarta; lo impide.

Es necesario aprender a soltar

El budismo, así como las diferentes vías espirituales nos invitan a transitar la ruta del desapego, a soltar y no aferrarnos a nada, a confiar en el fluir de los acontecimientos.

Por otro lado, el apego emocional trae consigo inevitablemente temor, dolor, angustia y soledad, señala un artículo publicado en la página Conversando en positivo.

Así, por ejemplo, quienes edifican su relación de pareja basados en un tipo de apego seguro son los que más estabilidad pueden alcanzar y uno de los secretos está basado en la confianza mutua que no tiene temor al compromiso y que, además, cuenta con un proyecto futuro con la persona que ama.

Tampoco manifiesta celos y no tiene la necesidad de controlar a la pareja, porque confía en ella. Según la psicóloga Carolina Espinosa, del Centro Psicoterapéutico Ansuz, es importante que existan vínculos, por ejemplo, en las relaciones entre madre e hijo; entre esposo y esposa, etc., pero cuando esta forma de relacionarse es obsesiva hay que preocuparse.

“Me parece que en este sentido no es un tema de apego, sino dependencia; de una dificultad para poderse sentirse seguro y completo por sí mismo”.

Según la especialista, hay personas que sienten seguras solo cuando cuentan con el apoyo económico y afectivo del ser amado.

El problema surge cuando esa persona ya no está presente por cualquier motivo. Si esto ocurre, el otro puede sentir que no puede valerse por sí mismo. 

“Es muy fácil dejar que el otro resuelva las cosas, que él otro sostenga el hogar”.

Para el escritor Walter Risso, si las personas consideran que algo o alguien en su vida es indispensable para su felicidad, tienen un grave problema porque “estarán a la sombra de su amo”. Para este investigador, el apego es ante todo un vínculo obsesivo con un objeto, idea o persona que se fundamenta en 4 creencias falsas: que es permanente, que te va a hacer feliz, que te va a dar seguridad total y que dará sentido a tu vida.

Cuando existe este tipo de  vínculo, las personas no están preparadas para la pérdida y no aceptan el desprendimiento.

Criados con apego

La manera en que las personas crean lazos, también repercutirán en la personalidad del niño o la niña. De igual manera, se reflejará en su comportamiento, en su autoestima y, al mismo tiempo, en su desarrollo personal.

Hay una teoría sobre el apego según la cual la generación del vínculo, no es un proceso arbitrario, sino más bien, selectivo que se inicia durante la infancia y se mantiene en el transcurso de la vida. Se ha constatado, por ejemplo, que cuando el bebé nace, este ya se encuentra dotado de un sistema que le motiva a la búsqueda del contacto con los demás y al establecimiento de vínculos sólidos con personas que lo rodean.

Para Recalde, el apego puede considerarse una adicción e indica que en este tipo de relaciones se impone la creencia irracional de que ese vínculo proveerá de manera única y permanente de placer, seguridad o autorrealización.

Se trata, principalmente, de vínculos de apego patológicos y son los que dan en aquellas relaciones desiguales donde uno ejerce el poder y el otro se supedita, implorando la atención de aquel que, a su vez, no le pone atención pero encontrando en ese mismo desprecio el valor del otro.

Marina Castro, psicóloga, advierte que hay personas  que entienden una relación como una fuente de autoalimentación con la que llenan vacíos y aplacan  soledades.

Según señala, esta no es una relación saludable, porque, en general, toda relación puede ser comparada con un baile armónico, donde dar y ofrecer; donde  hablar y escuchar; reír y hacer reír, anteponer necesidades y cuidar y ser cuidado.

Por otro lado, las personas inmaduras son aquellas que anteponen sus propias necesidades frente a los de la pareja, las que solo ven su propio universo.

El amor neurótico puede provocar un apego excesivo

Para Castro, el amor obsesivo, es un apego enfermizo al ser amado. En muchos casos, las personas llegan a creer que el otro representa su vida entera, que sin él o ella no pueden vivir. Incluso aseguran que lo aman más que su propia vida.

John Morre, en su libro Confusing love with obsesion, describe las fases de este tipo de amor en cuatro fases. La primera se denomina fase de atracción que se produce tras una intensa y repentina atracción por la otra persona y un deseo de establecer una relación de inmediato. En muchos casos, no se tiene en cuenta su personalidad o posible compatibilidad.

 En muchos casos, confunden con facilidad la atracción física inicial con el amor y piensan que sus intensos sentimientos indican que están ante el amor de su vida, a pesar que aún no conocen a esa persona. También se contempla una etapa ansiosa, es decir, una relación que se caracteriza por gran ansiedad, miedo al abandono, celos y pensamientos de infidelidad. Cuando esto ocurre, como señala un artículo publicado en la revista Psicología y Competencias, existe un deseo intenso de estar en contacto permanente con esa persona, ya sea, personalmente o mediante llamadas o mensajes. Por ejemplo, existe el  miedo a la pérdida y la desconfianza: ambos generan sentimientos de tristeza, depresión o ira. Es por esta razón que las emociones son variables y extremas.

¿Cómo fomentar el desapego?

Hay especialistas que aseguran que en toda relación sana hay que fomentar el desapego, lo que no significa que se promueva el desamor.

Lo que se busca ante todo es promover la independencia, la no posesividad y la no adicción.

De hecho, la persona no apegada o emancipada es capaz de controlar sus constantes miedos a la posibilidad del abandono.

Además, no considera que se deba destruir la propia identidad en nombre del amor, pero tampoco promocionar el egoísmo y la deshonestidad.

Desde el punto de vista biológico, el apego es un mecanismo de supervivencia de la especie.

Hay científicos que explican que es como nuestro sistema inmunológico psicológico.

De acuerdo a la teoría del apego, los bebés establecen un fuerte vínculo emocional con sus padres, un vínculo precursor de la seguridad y de la empatía en las relaciones personales en la edad adulta. Un inadecuado establecimiento de un vínculo seguro en la infancia puede conllevar a dificultades psicológicas. La crianza con apego, propuesta originalmente por John Bowlby, afirma que el niño tiene una tendencia a buscar la cercanía a otra persona y se siente seguro cuando esa persona está presente y es sensible a cubrir sus necesidades tanto físicas como emocionales.

Bowlby había propuesto en 1951 la hipótesis de que la privación materna no solo causaba depresión en la niñez, sino también hostilidad e incapacidad para establecer relaciones saludables en la vida adulta.

Dentro de esta teoría los niños están “diseñados” a estar apegados a sus padres, no solo para satisfacer sus necesidades sino porque son seres profundamente sociales. (I)

Datos

La esclavitud emocional ahoga. Es en ese momento en el que los seres humanos no nos vemos capaces de hacer nada sin ir de la mano de esa persona.

La verdadera libertad llega cuando empiezas a comprender quién eres y de lo que eres capaz. No poseer y que no te posean es la mejor experiencia de libertad.

La autoconfianza y la autoestima cuidadas son las mejores herramientas para decir adiós a los apegos insanos e innecesarios que merman nuestra vitalidad. (I)

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