Punto de vista

Mar para/por/ desde/de Bolivia

| 11 de Septiembre de 2017 - 00:00

Con dramaturgia y dirección de Arístides Vargas, Mar es una creación colectiva del Teatro de los Andes, que nos pone en contacto con los múltiples imaginarios que sustentan la relación del pueblo boliviano con el acceso legítimo y soberano al mar. Este le fue usurpado por Chile a raíz de la Guerra del Pacífico. De ningún modo esta obra puede ser clasificada como teatro histórico puesto que abre una reflexión más amplia sobre la pérdida y sobre los múltiples procesos identitarios que nos conforman más allá de los grandes hechos de la historia. Lo que somos suele estar sustentado en lo que hemos vivido, pero solemos identificarnos de manera más radical con lo que nos falta, más si ello nos ha sido arrebatado por la fuerza.

De este modo, y sin dejar de colocar de manera justa el reclamo que une a bolivianos de las más diversas tendencias políticas y credos, la puesta consigue una dimensión metafórica excepcional. El mar es esta vez lo que se ha perdido y es también el horizonte que nos completa, un anhelo imposible de borrar hacia el cual nos dirigimos irremediablemente y con el que aspiramos a fundirnos porque nos pertenece, nos constituye.

Tres hermanos viajan llevando en andas sobre una puerta a su madre anciana y moribunda. Quizás son hermanos de otros porque la madre, invisible, es la misma y al mismo tiempo es bien distinta. La madre podría ser la patria representada en una puerta-bandera que se arma y desarma para permitir que personajes bien distintos entren a escena. Todos intentan atrapar una ola que escapa. El mar aparece como ensoñación, como espejismo al interior de una teatralidad que articula palabra e imagen poética, interpretación y artesanía.

Entre las principales características del Teatro de los Andes está la potencia de su imagen escénica. Sus puestas proponen una visualidad riquísima que se sustenta en el manejo creativo de mecanismos muy simples, construidos previamente y puestos a funcionar durante el espectáculo por los propios actores. El juego del teatro se presenta entonces como la infinita posibilidad de crear y habitar otros mundos, es también el camino que nos permite reconquistar sueños perdidos. En Mar sobresale una dimensión onírica, pero la puesta no deja de ser profundamente política, humanista. Frente al mar que nos falta todos somos iguales y lo sabemos.    

Lucas Achirico, Gonzalo Callejas y Alice Guimaraes tienen a su cargo las actuaciones. Cada uno interpreta con precisión distintos personajes al tiempo que son ellos mismos, los actores, tejiendo ante el espectador un alegato que de algún modo los retrata y los compromete. Ellos asumen y quiebran estereotipos, registran comportamientos y opiniones, asumen una responsabilidad ciudadana, viajan a través de su memoria para reencontrarse en un ansia común de vida plena. Pero la verdadera pieza se construye en realidad en nuestros ojos.  La justicia que las leyes aún no consiguen, esta puesta la realiza y el público hace parte de ello. El mar que nos divide es el mismo que nos junta, ahora lo sabemos porque lo hemos vivido. (O)

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