Punto de vista

Liliana Felipe canta contra toda violencia

| 30 de Agosto de 2017 - 00:00

La obra de Liliana Felipe es de una enorme solidez. Sus composiciones hablan de manera directa acerca de los más diversos temas. Las políticas del cuerpo sensible -sintiente, diría ella-, cuerpo de mujer, aparecen en sus canciones en diálogo con una muy profunda indagación de la realidad, en la que se sopesan causas y consecuencias. El punto de vista ataca el tema desde una perspectiva inesperada, irónica y, de ese modo, nos obliga a ver aquello que preferimos no mirar. Su interpretación comprometida convierte su presentación en performance. La suya es una acción premeditada y repleta de sentido en la que participa sin ocultarse detrás de ningún afeite, ajena a cualquier estereotipo, sin concesiones al gusto popular.

Un estudio pormenorizado de su poética nos obliga a atender tanto a su calidad musical, como al desenfado de su puesta en escena. Pero es el tratamiento de temas considerados tabú lo que ha hecho trascender su discurso. Como a Brecht le interesa producir relación, activar la conciencia, propiciar el análisis crítico del acontecer, poner reflectores en los sitios que suelen permanecer a oscuras. El humor le sirve de bisturí. La risa es un vehículo que le permite llegar a la audiencia, con ella teje puentes, de otra forma los espectadores podrían defenderse y desconectarse con lo cual se perdería la intención principal de la artista: comunicar.

En su concierto de inauguración de la XX edición de Fiartes-G, de regreso a Guayaquil, ciudad en la que actuó hace cinco años, junto con su pareja, la actriz y performer mexicana Jesusa Rodríguez, Liliana cantó temas antológicos de su repertorio como ‘A nadie’, ‘También los jóvenes’, ‘No te lo puedo decir’, ‘Memoria, Mnemosina’, ‘Las histéricas’, ‘Si Diosito & otros temas eclesiásticos’ y  ‘Soñé’.  Algunas de esas canciones fueron reacomodadas a un nuevo discurso.

En los últimos tiempos a su conocido posicionamiento contra la violencia de género en todas sus variantes, Liliana ha sumado el tema de la violencia ejercida contra las otras especies. Desde su punto de vista implica terminar con el consumo de carne animal y de pescado, y con ello con uno de los más grandes sistemas de explotación y acumulación de riquezas, al que se refiere como “el enorme matadero”. Es obvio que en su caso no se trata simplemente de promover un estilo de vida particular, un tipo de dieta. Para ella no se trata de una moda sino una parte imprescindible de la estrategia descolonizadora en la que el ser humano debe implicarse si quiere recuperar su conexión con la madre tierra.

La actuación de Liliana Felipe en el Teatro Sánchez Aguilar fue polémica y, al mismo tiempo, excelentemente acogida; de eso se trata. No hay dudas de que las evidencias que sustentan su análisis, sus argumentos convertidos en canción, no pueden de ninguna manera desestimarse. La violencia invisibilizada e indiferente sobre los animales no humanos es la raíz de toda la violencia y ahora ya lo sabemos. (O)

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