Martes, 27 Septiembre 2016 00:00 Punto de vista

Punto de vista

La metamorfosis de Messi

Claudio Campos, entrenador de fútbol

¿Podemos encasillar a Lionel Messi en algún concepto profundo de lo que significa para la historia del balompié mundial? Las estadísticas dicen que el talentoso futbolista en cuestión llegó hace 16 años a un lugar que, por sobre todas las cosas, supo interpretar el diamante en bruto que tenía en sus filas y con esa premisa sin lugar a dudas marcar con convicción conceptos y enseñanzas constantes, que no para de develar en su crecimiento futbolístico el diez del equipo catalán.

La desesperación voraz de sacarse a todo rival que se le ponía por delante hizo que sus corridas maradonianas deslumbraran a todos sumado al poder letal de dar ese tan sagrado pase a la red con una naturalidad que abruma. Cuando reviso imágenes que ya traen nostalgia entiendo que las capacidades de entendimiento de este jugador de excepción lo han hecho sumamente competitivo partiendo de que comprende con toda plenitud cuál es su función y qué precisa el equipo de él en los momentos determinados.

Codearse con Ronaldinho no fue un dato menor en sus primeras etapas porque aprovechó la presión que asumía el astro brasileño para crecer y absorber lo que significa ser el ‘hombre’ donde descansan todas las miradas, coyuntura que hoy transita con total naturalidad. El fútbol tiene la bondad de enseñar cosas todos los días, pero hay que tener ganas de aprender y seguir enriqueciendo el andar de cada uno, detalle que irradia este extraordinario deportista con humildad, mucha confianza y con un carácter fuerte que es incomprendido, no porque se le quiera refutar comportamientos, sino más bien porque todos se adueñan de sus sentimientos y, por lo que él significa, desean de manera egoísta que los demuestre de otra manera.

Es casi imposible entender lo que puede correr por el torrente sanguíneo y el sentir de las emociones de un jugador que es ejemplo y tendencia mundial a cada paso que da. Y eso, si intentamos analizarlo, nos puede dar la pauta de que estamos ante un majestuoso personaje que de a poco transita por el umbral de su obra.

Guardiola encontró los eslabones ideales para que su once de gala pregone la idea de una abrumadora tenencia, con la idea clara de que todo ese entramado estaba finamente ideado para que la impronta y valentía de ‘Lio’ fulminen los mecanismos defensivos rivales. El cuidado de ese grupo de jugadores y el respeto de todos para con su líder futbolístico fueron tales, que se llegó al punto de que el recorrido del balón debía siempre ser llevado a la zona de confort donde no existen aún métodos ni estudios que puedan frenar lo que ya se sabía iba a pasar. En ese lapso sumó a sus habituales desequilibrios una cuota goleadora que lo llevó a romper absolutamente todos los registros hasta la fecha. Pero parece que no se conforma con los logros personales y no me refiero a los títulos, sino a su incesante desarrollo como atleta, ya que en sus últimas partituras podemos denotar que su altísima comprensión lo llevaron de a poco a ser el gestor de las jugadas que pueden iniciar a un toque, con un eslalon en zonas calientes o con un pase de 45 metros que descuartiza cualquier oposición.

Siempre tuve la sensación que se divertía jugando, pero en la actualidad compruebo que todas las materias que cursó en su preparación fueron abarcadas en profundidad por él, entendiendo que había nacido con un poder natural de adelantarse a los hechos.

Messi fue pasando por todas las facetas que le ha ido exigiendo la vorágine de este deporte que premia la constancia y enaltece la presencia de los valientes.

No solo se lo recordará por sus grandes logros, sino también porque, gracias a su competencia interna, nos demostró y demuestra que la ambición y respeto al juego lo transformaron en un jugador integral. (O)

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