El cerebro crea estrategias, según la edad

| 17 de Diciembre de 2016 - 00:00
Cuando se trata de la memoria, el cerebro de una persona mayor busca cómo llegar al objetivo con éxito.
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Una investigación se centró en las conexiones que existen a lo largo de la vida, y en especial en la vejez. ¿La cabeza de una persona mayor funciona de la misma forma que la de un joven?

Las conexiones funcionales entre regiones cerebrales evolucionan a lo largo de la vida y mantienen su eficiencia. Así se puede cumplir tareas relacionadas con la memoria. Las personas mayores utilizan pequeños grupos de conexiones cerebrales para recordar con éxito las cosas.

Una investigación llevada a cabo por un equipo de profesionales de la Universidad de California (Santa Bárbara) ha trabajado sobre  las conexiones del cerebro a lo largo de la vida. El objetivo fue averiguar si el cerebro de las personas mayores funciona de la misma forma que el de las personas jóvenes cuando se trata de poner a trabajar la memoria.

Para investigarlo utilizaron, según el portal de internet Tendencias 21, imágenes de resonancia magnética funcional (IRMf), una técnica que pone en evidencia las interacciones o conexiones funcionales, entre diferentes regiones del cerebro. Los resultados de este trabajo se han publicado en Plos Computational Biology.

Los científicos utilizaron la resonancia magnética funcional (IRMf) para registrar la actividad cerebral de las personas sanas durante tareas de memoria, tareas de atención y períodos de descanso.

Para cada persona, los datos IRMf se refundieron creando una red de regiones del cerebro y las conexiones entre ellos. Los investigadores entonces midieron las diferencias entre los grupos de conexiones durante el tiempo del experimento.

Encontraron que, independientemente de si una persona está usando memoria, dirigiendo la atención o descansando, el número de grupos síncronos de conexiones dentro del cerebro es consistente para esa persona. Sin embargo, entre diferentes personas, estos números varían drásticamente.

La investigación también determinó que, aunque el grupo de conexiones cerebrales varía de una persona a otra, en el caso de las actividades relacionadas con la memoria las variaciones entre personas están relacionadas con la edad.

Los participantes más jóvenes mostraban menos conexiones síncronas, pero de gran tamaño. Estas conexiones concentran la mayor parte del cerebro durante una actividad coordinada. En el caso de las personas mayores, lo que apreciaron los investigadores es que los grupos de conexiones eran más pequeñas, pero al mismo tiempo más numerosas: había una pérdida de cohesión en la actividad cerebral, incluso en la ausencia de problemas de memoria.

Además, descubrieron que para compensar la pérdida de sincronización del cerebro, las personas mayores utilizan nuevas estrategias cerebrales para recurrir a la memoria de manera más eficaz.

Una red que evoluciona de acuerdo a la edad

Las conexiones funcionales entre regiones del cerebro representan una red que evoluciona a lo largo de la vida manteniendo su eficacia, explica la investigadora Kimberly Schlesinger, una de las autoras del trabajo, en un comunicado de la Universidad de California.

“Constatamos que la manera en que nuestro cerebro organiza sus comunicaciones cambia a medida que envejecemos. A pesar de que vimos diferentes patrones de actividad cerebral en las personas mayores, no vimos ningún cambio en el rendimiento de la memoria. Esto sugiere que mientras las personas mayores tienen una comunicación menos sincronizada a través de sus cerebros, pueden compensar esto usando diferentes estrategias para recordar con éxito las cosas”.

“Este método capta elegantemente importantes diferencias entre los cerebros individuales, que a menudo son complejas y difíciles de describir”, manifestó Elizabeth Davison, estudiante graduada en la Universidad de Princeton. “Las herramientas resultantes son prometedoras para entender cómo las diferentes características cerebrales están relacionadas con el comportamiento, la salud y la enfermedad”.

A futuro, los científicos de la Universidad de California investigarán cómo utilizar las huellas individuales para diferenciar entre los cerebros que envejecen estando sanos y los que tienen deficiencias relacionadas con la edad. Los resultados pueden ayudar a tratamientos que ayuden a las personas mayores. (I)

Desarrollar otras habilidades

Leer, aprender alguna actividad artística o deportiva y resolver problemas matemáticos son recursos que nos ayudan a desarrollar habilidades mentales, pero también pueden ser de gran utilidad para evitar o retrasar el avance de enfermedades que generan pérdida de memoria.

Si usted trata de pensar en qué se diferencia su mente hoy en relación a cuando tenía 20 años, las cosas que más cambian son el grado de desafío, cambio y aprendizaje. El objetivo es lograr un cambio de actitud, por ejemplo, imponerse el reto de escribir un poema, hacer crucigramas, pintar un cuadro. O si se lava los dientes con la derecha, hágalo con la izquierda. Igual cuando salga, cambie de ruta siempre.

No se olvide que para llegar bien a la vejez -con respecto a la mente- es importante el ejercicio físico y el mental, y otro factor tiene que ver con una buena salud emocional. Esto se refiere a disfrutar las actividades de ocio y evitar el estrés porque, aunque sea moderado, no es bueno para el cerebro.

Lo que distingue a los seres humanos es el desarrollo de la inteligencia, memoria y capacidad de raciocinio. Estas facultades no están libres de sufrir deterioro de diferentes grados, por enfermedades, por falta de ejercicio o por enfermedades (alzhéimer o demencias).

A la gimnasia cerebral se la define como los ejercicios y métodos que tienen la finalidad de mantener con actividad el cerebro. Está comprobado, mediante investigaciones, que mientras más se utilice este órgano, la posibilidad de que se presenten fallas en sus funciones disminuye.

Las funciones mentales, como el lenguaje, juicio, raciocinio, memoria, abstracción, concentración o capacidad de cálculo, se afectan cuando no se utilizan. Estas son las que se estimulan a través del lenguaje. (I)