Sábado, 28 Enero 2017 00:00 Palabra Mayor

Ejercicio y dieta sana: dos formas de frenar el sobrepeso

La actividad física, como caminar, es recomendable y en especial al llegar a la tercera edad. El ejercicio aumenta las defensas del organismo y, según estudios, prolonga el aparecimiento de enfermedades que son propias de la adultez.
La actividad física, como caminar, es recomendable y en especial al llegar a la tercera edad. El ejercicio aumenta las defensas del organismo y, según estudios, prolonga el aparecimiento de enfermedades que son propias de la adultez. Foto: Fernando Sandoval / El Telégrafo

El incremento de la grasa en el cuerpo incide en el aumento del peso, más si supera los 50 años. En mujeres y hombres adultos mayores, la obesidad afecta de diferentes formas al organismo. Se puede sufrir situaciones constantes de estrés y angustia, padecimientos del riñón y diabetes. El consumo excesivo de sal, tabaco y alcohol contribuye a la aparición de enfermedades. El primer paso es dejar el sedentarismo.

Palabra Mayor / asesoría gerontológica

La obesidad y el sobrepeso son la reserva energética corporal, en forma de grasa principalmente; es conocido que en ambos casos la salud está en peligro, pero en los adultos mayores el riesgo se incrementa. Este puede ser el momento de emprender acciones para evitar problemas a futuro.

El incremento de grasa en el cuerpo se manifiesta siempre mediante aumento de peso, pero esto no quiere decir que todas las personas que pesen más de lo que se considera normal sean obesas.

Para saberlo se han establecido indicadores antropométricos: peso, talla, grosor de pliegues de la piel y circunferencias (cintura y cadera).

El Índice de Masa Corporal (IMC) es la herramienta médica que determina qué tanto una persona se ha excedido en las reservas de energía en forma de grasa.

Para obtener el IMC, se divide la cifra de su peso en kilogramos entre el resultado de su estatura elevada al cuadrado; si la derivación es menor a 24,9 kg/m2, su peso es normal; si va de 25 a 29,9 kg/m2, significa que hay sobrepeso.

El tipo de obesidad tiene tres índices: de masa corporal, de 30 a 34,9 kg/m2; de riesgo, de 35 a 39,9 kg/m2; y una alarma de peligro, supera los 40. Por ejemplo, si un individuo mide 1.70 m y pesa 85 kg tiene un IMC de 29, es decir, 85 kg / 1.70 x 1,70 = 85 / 2,89 = 29,4.

La mayoría de los adultos tienden a desarrollar sobrepeso y almacenar grasa con el paso del tiempo, principalmente porque la vida sedentaria (falta de ejercicio) se hace más común y no hay forma de eliminar los excesos acumulados.

Es así que no resulta raro que en las personas de más de 65 años el IMC se encuentre entre 24 y 29, que aunque bajo, ya es de riesgo para la salud.

Sin embargo, resulta importante tener en cuenta que se deben considerar tanto la magnitud como la distribución de la grasa.

Así, la obesidad con un IMC por encima de 30, con una distribución de grasa en el estómago y cuerpo (se reconoce como androide), puede originar diabetes, exceso de colesterol, gota, hipertensión y padecimientos del corazón, más comunes en el hombre.

Asimismo, cuando la distribución es genecoide (en glúteos, muslos y piernas), lo cual sucede en las mujeres con mayor frecuencia, no ocasiona tantos problemas, pero repercute desfavorablemente tanto sobre articulaciones como en columna vertebral, rodillas y tobillos.

Riesgos en las mujeres

Una de las principales causas por las que la mujer madura sube de peso es la disminución en la generación de hormonas sexuales a partir de la menopausia (última menstruación), ya que ello altera el mecanismo encargado de regular la distribución del tejido adiposo y la proporción entre músculos y grasa.

A ello hay que agregar que para el organismo es más difícil metabolizar lípidos y lipoproteínas como lo hacía antes, es decir, la asimilación, aprovechamiento y eliminación de grasas, lo que ocasiona sobrepeso.

Los riesgos de problemas se concentran en el aparato óseo de la mujer, pero también se ven afectados otros.

La artrosis, por ejemplo, es una enfermedad degenerativa caracterizada por desgaste o destrucción del cartílago, y la deformación de la superficie del hueso.

En general, envejecimiento y sobrecarga hacen que el cartílago se desgaste, de modo que la articulación pierda su sistema de amortiguación natural y los huesos sufran pequeñas deformidades que se manifiestan a través de dolor y movimiento limitado; afecta sobre todo a las articulaciones que soportan peso o que tienen exceso de movimiento, como caderas (concretamente en ingle y región interna del muslo), rodillas (en su parte interna) o pies.

En cambio, la osteoporosis es una enfermedad del esqueleto, que se caracteriza por la disminución de la densidad mineral ósea (calcio y colágeno), debido a desequilibrio en el ciclo de reconstrucción de huesos (se forma menor cantidad de tejido óseo del que se destruye), lo cual ocasiona que se vuelvan porosos, delgados y frágiles; en consecuencia, susceptibles a fracturarse ante el más mínimo esfuerzo o sin él.

Este trastorno es muy frecuente en la edad avanzada, y suele afectar mayoritariamente a mujeres menopáusicas (por falta de estrógenos y hormonas que el organismo deja de producir cuando se presenta la última menstruación).

En el caso de los hombres

El los varones suelen incrementarse las afecciones en el corazón a partir de la acumulación de grasas, aparecen los problemas de colesterol elevado, compuesto graso que obtiene nuestro cuerpo a partir de dos vertientes: la alimentación y el que elabora el propio organismo.

El colesterol se requiere para desarrollar muchas funciones: producir hormonas, ayudar en la formación de bilis y vitamina D, y mantener la estructura celular del organismo. Sin embargo, cuando se elevan las concentraciones del compuesto en la sangre se originan problemas de salud.

Una de las afecciones es la aterosclerosis. El colesterol suele acumularse en las paredes de las arterias, sumado a residuos de células musculares y sanguíneas y calcio, provoca una placa que se llama ateroma, que de alcanzar un tamaño grande, dificulta el paso de la sangre.

Este padecimiento se presenta usualmente en las arterias coronarias (las que llevan sangre al músculo del corazón), en la aorta (la más grande del cuerpo), y en las del cerebro y extremidades, sobre todo muslos y piernas.  

Cuando la placa ateromatosa tapa parcial o completamente las arterias, provoca disminución o ausencia total del flujo de la sangre, lo cual ocasiona que los órganos no reciban suficiente oxígeno para poder trabajar o no lo tengan en absoluto (oclusión completa), produciéndose la muerte de las células.

El infarto, como se sabe, puede ocurrir en cualquier parte del cuerpo en donde la sangre deja de circular. Es así que se produce en corazón, cerebro, ojos, intestinos y piernas.

Existen otros padecimientos comunes entre hombres y mujeres por causa del sobrepeso.

La gota, por ejemplo, es parte del proceso de renovación diaria de las células que lo conforman.

El organismo desecha diariamente un compuesto llamado ácido úrico, que de manera natural se elimina por la orina, pero cuando esto no sucede se acumula en la sangre y se deposita poco a poco en las articulaciones, en forma de cristales, provocando inflamación y dolor muy intenso.

Entre las causas por las que el ácido úrico no es eliminado correctamente se pueden mencionar obesidad y diabetes, enfermedades que provocan mal funcionamiento de los riñones, lo que genera la acumulación y determina la aparición de cálculos (piedras formadas por sales y minerales no desechados).

La presión alta afecta a un tercio de las personas que superan los 60 años; este mal radica en que las vías sanguíneas más pequeñas se angostan, o bien, las arterias pierden su elasticidad, lo que obliga al corazón a bombear con más fuerza para abastecer de sangre a todos los órganos.

Una de las principales causas de la hipertensión es la acumulación de grasa en los vasos sanguíneos, situaciones constantes de estrés y angustia, padecimientos del riñón y diabetes, hábitos de vida sedentarios (con muy poco ejercicio físico), consumo excesivo de sal, tabaco y alcohol.

La diabetes mellitus es un síndrome caracterizado por la acumulación excesiva de glucosa en la sangre, debido a un deterioro absoluto o parcial de la secreción y acción de la hormona insulina, producida por el páncreas y encargada de mantener los niveles de azúcar normales.

Si no se controla puede traer complicaciones como ceguera, daños renales y vasculares y amputaciones de piernas.

Existen dos tipos: el primero se desarrolla en personas en las que la producción de insulina es escasa o nula. La mayoría de los pacientes con esta afección la desarrollan antes de los 30 años; y la tipo 2 o mellitus, generalmente,  se presenta cuando el páncreas continúa produciendo insulina, pero el organismo desarrolla resistencia a sus efectos. Este tipo de diabetes aparece después de los 30 años.

El cáncer: este padecimiento puede explicarse como falla en el mecanismo que regula el desarrollo de las células ubicadas a lo largo de nuestro cuerpo, hecho que de presentarse provoca que algunas de estas crezcan sin control alterando su estructura genética, siendo de esta forma las más propensas a desarrollar cáncer.

Uno de los factores que pueden acelerar el proceso es la acumulación de grasa en el cuerpo del ser humano, así como compuestos contaminantes, virus y radiación ultravioleta de los rayos solares. (I)  

La calidad de vida mejora con buenos hábitos

Pese a que los adultos mayores requieren de manera natural de cuidados especiales, hay que centrar la atención cuando haya obesidad o sobrepeso.

No resulta raro que muchas mujeres menopáusicas sigan una terapia de reemplazo hormonal, es decir, reciben artificialmente los estrógenos que su cuerpo ya no produce, lo que entre otros beneficios ayuda a no subir de peso.

No obstante, recibir hormonas es motivo de discusión en la comunidad científica, pues se asocia a casos en que las mujeres desarrollan cáncer. Lo indicado es consultar al ginecólogo sobre riesgos y ventajas de su administración.

Asimismo, para que en el organismo haya mayor gasto de energía es necesario promover el ejercicio.

Aumentar la definición de los músculos, mejora la sensibilidad a la insulina y disminuye los niveles de colesterol.

La caminata, por ejemplo, es excelente actividad deportiva, ya que no se necesita condición física ni accesorios especiales.

Igualmente, masticar lentamente permite triturar los alimentos y convertirlos en un bolo alimenticio perfectamente digerible; de no ser así, los órganos implicados en la digestión trabajarán a marchas forzadas, lo que generará indigestión, dolor estomacal, emisión de gases e inadecuada metabolización de grasas.  

La alimentación es posiblemente el punto principal y del que se desprenden muchos problemas. Hay que comer poco pero frecuentemente; la buena distribución permite perder el exceso de grasa, en tanto que una sola comida al día favorece la acumulación de grasas.

Los médicos recomiendan beber dos litros de agua al día para rehidratar el tracto digestivo y la piel; y evitar el consumo de sal debido a que favorece la formación de ateromas (pequeñas bolas o grumos de grasa en las paredes arteriales).

En cambio, procure incorporar ajo a sus comidas, pues evita la formación de ateromas (al igual que la toronja) y favorece la buena circulación sanguínea.
Las frutas o verduras (jícama, pepinos, zanahorias, etc.) no engordan y eliminan el apetito.

Compare las calorías, proteínas, grasas y azúcares de todo lo que come y busque equilibrar sus alimentos.

Otra recomendación es hacer una evaluación de los grupos esenciales de alimentos, minerales, vitaminas y proteínas (ubicadas en el apartado Esquemas, al costado izquierdo de la pantalla).

También, utilizar el aceite de oliva para cocinar y aderezar, ya que este producto reduce la concentración del colesterol dañino, a la vez que incrementa la del llamado bueno. Coma con moderación pan elaborado con harinas refinadas (sustitúyalo por pan integral). (I)  

Datos

Desde 1980, la obesidad se duplicó en todo el mundo. Su aparición es recurrente en edades tempranas.

En 2014, 1.900 millones de adultos de 18 o más años tenían sobrepeso, de los cuales 600 millones eran obesos.

En 2014, el 39% de las personas adultas de 18 o más años tenían sobrepeso, y el 13% eran obesas.

La mayoría de la población mundial vive en países donde el sobrepeso y la obesidad son frecuentes.  

En 2014, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), 41 millones de niños menores de cinco años tenían sobrepeso o eran obesos.

La actividad física y una alimentación sana son dos hábitos sugeridos para mejorar la calidad de vida. (I)

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Viernes, 27 Enero 2017 21:31

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