Lunes, 31 Octubre 2016 00:00 Justicia

El Telégrafo visitó el CRS de Latacunga, Cotopaxi

La reinserción rinde frutos en los Centros de Rehabilitación

Los internos acceden libremente a las bibliotecas del CRS Cotopaxi.
Los internos acceden libremente a las bibliotecas del CRS Cotopaxi. Foto: Roberto Chávez / El Telégrafo

Hoy los internos acceden de forma permanente a capacitación, salud, alimentación, recreación y educación.

Redacción Justicia

Latacunga, Cotopaxi.-

Infraestructura deficiente, inseguridad, alimentación deplorable, atención sanitaria limitada e inadecuados controles de ingreso a las cárceles, entre otros aspectos, eran algunas de las características del viejo modelo penitenciario del país.

En estas condiciones era imposible garantizar un proceso de rehabilitación para las Personas Privadas de la Libertad (PPL). Y menos aún una exitosa reinserción social.
Esta grave deficiencia estructural del sistema penitenciario nacional cambió drásticamente en 2008. Ese año, en efecto, como parte de la reforma a la Constitución, en el artículo 35 se incluyó entre los grupos de atención prioritaria a las PPL, junto con adultos mayores, niños, mujeres embarazadas, personas con discapacidad, entre otros.

Dicha política mejoró sustancialmente el sistema penitenciario y facilitó la creación de 3 Centro de Rehabilitación Social (CRS) regionales en el país. Uno de ellos es el CRS de la provincia de Cotopaxi, en la ciudad de Latacunga.

Esta unidad tiene pabellones de mínima, mediana y máxima seguridad, para hombres y para mujeres. A inicios de 2014 empezaron a llegar las personas privadas de libertad de la Sierra centro y del norte del país.

La obra costó $ 95 millones, cuenta con espacios dedicados a la recreación, formación académica, desempeño laboral, desarrollo humano y educación de los internos, convirtiéndose así en un referente de infraestructura y modelo de rehabilitación social en la región.

El principal objetivo del CRS Cotopaxi, así como del de Guayas y Turi, en Cuenca, es lograr la rehabilitación y posterior reinserción efectiva de los internos, y la dignificación de sus familiares, personal penitenciario y todos quienes allí laboran.

Ledy Zúñiga, titular del Ministerio de Justicia, Derechos Humanos y Cultos, explica que “otra de las importantes metas que hemos logrado con el nuevo modelo penitenciario es la democratización de las relaciones de convivencia en los centros de privación de libertad”.

Para ello —agrega— la administración central no solo ha invertido en una moderna y eficiente infraestructura; también se ha incluido en el sistema nacional de rehabilitación un cuerpo colegiado, en el quediversas carteras de Estado, entre ellas las de Cultura, Educación y Salud, toman parte activa.
Esas entidades asumen sus competencias al interior de los CRS para garantizar: desempeño laboral, distracción, formación académica, culturización y bienestar de las PPL.

El CRS Cotopaxi tiene capacidad para 4.800 personas. Las personas privadas de su libertad —entre ellas las que tienen penas altas— provienen de distintas provincias, entre ellas, de Tungurahua, Chimborazo, Pichincha e Imbabura.

Atención odontológica es uno de los servicios que se brindan a diario. Foto: Roberto Chávez / El Telégrafo

Talleres productivos

Para ingresar al Centro se debe pasar al menos 6 controles, a cargo de personal penitenciario y Policía Nacional. De esta manera evita el ingreso de armas, alcohol o drogas.

En el pabellón femenino, a diario se realizan diversos talleres, con el propósito de enseñar a las internas alguna actividad productiva y lograr una posterior reinserción exitosa.

Piedad Zapata, promotora laboral del CRS, está a cargo de los cursos textiles. Ella cuenta que es una gran satisfacción ver cómo estas actividades ayudan a fortalecer el compañerismo y la amistad.

“Desde el trasladado de los PPL se dictan talleres de elaboración de fomix, jeans (maquila), tejido, pintura, pegado y empaquetado de cromos, entre otros”.

“Muchas ingresan sin conocimientos ni formación —agrega—, pero gracias al deseo por salir adelante y la solidaridad de sus compañeras, en poco tiempo se vuelven expertas maquiladoras”.

La inducción dura 3 meses, luego cada PPL recibe un certificado que le permitirá trabajar cuando obtenga la libertad e incidirá para una futura rebaja de las penas.
Actualmente existen 328 internas inscritas en talleres textiles. Un mecanismo aleatorio escoge a quienes aún no han participado en los cursos a fin de garantizar que todas reciban la instrucción.

Al mes se fabrican 800 prendas en tela jean, lo cual les permite percibir una pequeña remuneración. Alis, inscrita en el programa desde hace un año, explica la importancia de mantener la mente ocupada.

“El encierro es una tortura que si no se la combina con trabajo diario, puede empujar al interno a abismos como la droga, el alcohol, la violencia y hasta locura. Por tal razón es vital ocuparse en talleres que además de brindar una formación valiosa nos permiten crecer como personas, valorar el tiempo y el dinero, y fortalecer los lazos de amistad”.

Con una sonrisa que no pasa desapercibida, Alis ayuda diariamente a los tutores que llegan desde importantes institutos de moda de la capital a instruir a las más jóvenes.

No lejos de allí, en los pasillos que conducen al patio del área de mujeres, se escuchan música y aplausos. El ruido proviene del área musical donde ensaya un ensamble de voces denominado Duha.

Dayanara, una de las 4 integrantes del grupo, explica que han grabado ya 2 discos con artistas nacionales. Fausto Quimbita, coordinador cultural, señala que la actividad artística mitiga la nostalgia de todos los internos. “Tanto en la etapa (área) de hombres, como en la de mujeres, hay talleres diarios dedicados a la inducción artística. Esto les permite apaciguar los sentimientos de tristeza y soledad que sienten por estar lejos de sus tierra y familias, así como las charlas de las diferentes confesiones religiosas que ingresan”.

Formación académica

Cerca del lugar, en los pabellones de hombres, la realidad es similar. Los PPL tienen varias opciones a escoger, una de ellas es la formación académica. Johana Moreno, gestora educativa, señaló que los internos pueden elegir entre educación primaria, secundaria o universitaria.

Para los 2 primeros niveles existe un convenio con la Unidad Educativa Leonidas Proaño, que funciona en las mañanas. Para la formación superior colaboran las universidades ESPE y Particular de Loja, en la tarde y noche.

Raúl Tica, de 38 años, logró graduarse como psicólogo con una de las notas más altas en la historia de la UTPL. “Mi defensa de tesis obtuvo 9,63 puntos, eso llenó de orgullo a mis tutores y familiares, y me permitirá trabajar cuando salga”.

Al igual que Tica, a diario cientos de internos e internas practican la lectura en las bien aprovisionadas bibliotecas del CRS Cotopaxi. Acceden además a los servicios permanentes de salud en las áreas de medicina general, enfermería, odontología, obstetricia, psicología, siquiatría, entre otras. (I)

328 internas del Centro de Cotopaxi participan de los talleres textiles. Foto: Roberto Chávez / El Telégrafo

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