Viernes, 25 Agosto 2017 00:00 Justicia

Dylann Roof permanece en el corredor de la muerte por su intenso odio racial

Dylann Roof permanece en el corredor  de la muerte por su intenso odio racial
Foto: Publico.es

En la masacre de la iglesia metodista, del condado de Charleston, fallecieron nueve personas y otras resultaron gravemente heridas. En medio del tiroteo el joven gritó: “He venido a matar negros”.

Redacción Justicia

Los ojos de los congregados estaban cerrados, era un momento de oración y de un encuentro con Dios. Ellos escuchaban un pasaje bíblico, cuando un desconocido, que portaba un mensaje de odio racial y un arma de fuego terminó con la vida de nueve personas de raza negra, que se hallaban reunidas en una iglesia metodista, en Carolina del Sur, Estados Unidos.

Ese desconocido asesino era Dylann Storm Roof, hijo de un carpintero y una camarera, que tenía la falsa creencia, que ser blanco era poseer una raza superior a los demás por elementos biológicos, culturales y morales.

Dylann pasó sus primeros años de vida mostrando sus conflictos, traumas, erradas convicciones y trastornos que tenían sus raíces, en la separación de sus progenitores, quienes se divorciaron al momento de su nacimiento y volvieron a unirse. Durante esos años hubo severos maltratos para su madre.

Su padre conformó varios hogares mostrando abusos hacia sus parejas. Dylann no se quedó atrás: siete escuelas lo tuvieron y ninguna lo soportaba, así se recluyó en los videojuegos y en la drogadicción.

A un mes de cumplir 21 años, las drogas lo llevaron a la cárcel cuando se encontraba en un centro comercial. El joven llevaba unos narcóticos de efectos similares a los estupefacientes. No demoró en obtener su libertad, mas sus infracciones crecían y posteriormente se lo encontró con un arma de fuego.

Planifica matar a negros

El 17 de junio de 2015 planificó y contó sobre sus ideas de matar personas y los oyentes no le pusieron atención pensando que sus palabras eran delirantes.

Su primer objetivo fue la escuela de la localidad como el lugar ideal para mostrar su odio a la sociedad negra; pero, al observar la seguridad del centro educativo desistió y se enfocó en la iglesia.

Roof se unió a un grupo de estudio de la Biblia de la Iglesia Metodista Episcopal Africana Emanuel, un símbolo de la lucha contra la esclavitud, y minutos después emprendió una masacre en la que murieron nueve personas de piel negra.

Jennifer Pinckney, la esposa del pastor, se escondió con su hija de seis años en un cuarto aledaño. Otra sobreviviente, Felicia Sanders, protegió a su nieta, de 11 años, con su cuerpo y presenció el momento en que Roof mató de un tiro a su hijo, Tywanza Sanders y en medio de los disparos, hechos con una pistola Glock, calibre 45, gritó: “He venido aquí a matar negros”.

Un día después fue capturado el asesino y trasladado a un centro de detención en el norte de Charleston, Carolina del Norte. A menos de 24 horas fue procesado por nueve asesinatos y posesión de arma de fuego. El juez James Gosnell Jr. estableció $ 1 millón por los cargos menores y negó la libertad bajo fianza por los crímenes.

Una de las pruebas más expresivas que se presentaron fue el video de la confesión que hizo Roof tras su arresto, al día siguiente del ataque y cuando el joven justificaba sus acciones como una represalia por los supuestos crímenes cometidos por los negros contra los blancos. “Alguien tenía que hacerlo porque, sabes, los negros están matando a los blancos todo el tiempo en la calle y están violando a las mujeres blancas”, decía el acusado al oficial del FBI que lo interrogaba.

Juicio contra Dylann Roof

En el juicio, el fiscal Jay Richardson indicaba a los miembros del jurado que Roof “pasó años alimentando este profundo odio. Que cada uno de nosotros quisiera pensar que no es posible que exista en nadie”.

En su alegato de cierre, el fiscal recordó al tribunal que el acusado “ejecutó cruelmente” a “personas a las que describió en sus escritos como meros animales salvajes” y agregó: “sentencien a este acusado a la muerte, por matar a Clementa Pinckney”, refiriéndose al pastor de esa iglesia. Luego repitió la frase nombrando a las otras ocho víctimas, también recordó en su exposición que Roof no llegó al grupo de estudio de la Biblia a aprender.

Cuando tuvo oportunidad de ejercer la defensa de su caso, Dylann relató que el odio que sienten hacia él los familiares de las víctimas, el público en general y el fiscal es similar a los sentimientos que él tenía hacia quienes estaban congregados en la iglesia metodista.

Añadió, en un discurso no del todo coherente, que la suya fue una compulsión natural. “Nadie tiene la menor idea de lo que es el odio realmente...”. Y solicitó al jurado que tuviera compasión.

Sentenciado a pena capital

La voz del representante del Tribunal Federal de esa localidad, retumbó en la sala. Roof escuchó la sentencia con las manos tomadas entre la cintura y una rodilla y sin mostrar ninguna expresión de asombro o de queja, solo intentó sonreír y pidió una nueva defensa y así solicitar otro proceso. El juez federal Richard Gergel ignoró la petición y expresó que seguirían al día siguiente con el caso y los otros cargos imputados.

“Nadie me dijo que lo haga”, manifestó Roof, sorprendiendo a todos y hablando en su propia defensa. “Sentía que tenía que hacerlo y todavía siento que debía hacerlo”, explicó al jurado. También aclaró que los asistentes a la iglesia habían sido amables con él.

El martes 10 de enero de 2017, Dylann Roof fue condenado a muerte, por los miembros de un jurado federal compuesto por 10 mujeres y dos hombres, por la masacre de los nueve asistentes a la iglesia de la comunidad negra en Charleston, en el sureste de EE.UU.

El jurado lo halló culpable de 33 cargos federales de los que se lo acusaba: nueve por violar la Ley de Delito de Odio, nueve por obstrucción en el ejercicio de la religión que terminaron en asesinatos, seis más por intento de homicidio; y nueve cargos por el uso de un arma de fuego para cometer asesinatos. La sentencia fue formalizada por el juez Gergel. Dylann Roof espera su ejecución por inyección letal. (I)

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