Miércoles, 25 Enero 2017 00:00 Justicia

Alberto quedó inmóvil tras ser arrolado por un bus y su esposa clama ayuda

Alberto quedó inmóvil tras ser arrolado por un bus y su esposa clama ayuda
Foto: Miguel Castro / El Telégrafo

La joven pareja tiene tres hijos, entre ellos, una niña con microcefalia que necesita tratamiento para aprender a caminar y hablar. El mayor de los niños ya no puede ir a la escuela.

Redacción Justicia

Alberto Nupia no habla y no puede moverse, pasa acostado en una cama y es alimentado a través de una sonda. Solo abre los ojos y mueve débilmente los dedos de las manos. El 6 de julio de 2016, el joven, 28 años, perdió parte de la masa encefálica luego de que un alimentador del consorcio Metroexpress lo arrollara cuando cruzaba las calles Alejo Lascano y Pedro Moncayo, en el centro de Guayaquil.

El hombre para llegar a su trabajo en una óptica caminaba a diario en dirección hacia el Malecón Simón Bolívar. El accidente ocurrió, a las 09:45, cuando cruzaba por la línea cebra de la calle donde solo hay carriles exclusivos para la Metrovía. Según testigos, el conductor del micro que giró desde la calle Padre Solano se pasó la luz roja del semáforo y lo embistió.

Ayer, en la intersección, aproximadamente 50 personas, entre familiares y amigos de los afectados, se reunieron dos horas para exigir justicia.

No solo levantaban pancartas de colores y una gigantografía con una foto actual de la víctima, sino también sus voces que parecían multiplicarse cuando pasaban los articulados o alimentadores del servicio de transporte masivo. La consigna de ellos era manifestarse, pero en orden, sin cerrar el tránsito.

Shirley Acuria tiene 25 años y   aproximadamente una década comparte su vida con Alberto, tres años mayor que ella. Asegura que ya no sabe qué hacer, pues su esposo era el sustento de ella y sus tres hijos: un niño de 7 años y dos niñas de dos y un año de edad.

La primera de ellas tiene microcefalia y su progenitora, desde el día del accidente, no ha podido llevarla a los tratamientos de rehabilitación que la ayudarían a aprender a caminar y hablar. “Tiene el cerebro más pequeño de lo que deberían tener los niños de su edad. La llevaba con la esperanza de que pueda desenvolverse normalmente, pero para llevarla a ella tendría que llevarlos a todos”, dice.

Además retiró a su hijo de una escuela en Guayaquil, pues viven en Durán y no hay quién lo acompañe. El pequeño tampoco quiere separarse de su papá. “No tenemos dinero para los medicamentos, ni para el bus. Mi esposo era el único que trabajaba y ahora está postrado en una cama, tiene escaras en su cuerpo y yo mismo debo curarlo, porque no hay cómo llevarlo al hospital. No saben mi sufrimiento, yo ya no tengo fuerzas. Por eso, es que estamos pidiendo ayuda”.

Tomás Acuria cuenta que su yerno tiene convulsiones cada dos o tres días. “Aunque abre los ojos parece que no reconoce a nadie. Mi hija está desesperada, nosotros y los vecinos somos quienes ayudamos con bingos o haciendo canastas solidarias”.

La abogada Sandra Delgado, directora de los centros de apoyo a víctimas de accidentes de tránsito ‘Corazones en el cielo’, patrocina a la familia y manifiesta que el conductor está libre y “un juez dictaminó que la Metrovía y el chofer paguen $ 70.000, pero apelaron esta resolución para que el valor sea menor. Es una familia ecuatoriana que se encuentra en total estado de indefensión, en extrema pobreza. Queremos que se garanticen los derechos ciudadanos”.

En la manifestación también estuvieron familiares de las víctimas del accidente ocurrido en la vía Guayaquil-Babahoyo en el tramo Yaguachi-T. de Milagro que dejó 21 fallecidos.

Los ciudadanos se solidarizaron con los parientes de Alberto y pidieron medidas para evitar que las personas al volante sigan dañando más vidas. (I)

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