Sábado, 14 Enero 2017 00:00 Guayaquil

Los manglares de la Perimetral, el sitio ideal para la venta de cangrejos

Los manglares de la Perimetral, el sitio ideal para la venta de cangrejos
Foto: William Orellana / El Telégrafo

Los comerciantes informales conformaron la Asociación Unidos Venceremos para legalizar su actividad que se desarrolla los siete días de la semana desde las 08:00

Edward Lara Ponce

A pocos metros del tercer puente de la vía Perimetral. Cerca del sector de Tres Bocas, más de media docena de vendedores de cangrejos han conseguido que el Manglar de Guayaquil se transforme en la ‘tierra de oportunidades’ para que sus vidas mejoren.

Sin postrarse, ante la falta de trabajo, varios hombres y una mujer saltan desde las 08:00 (hasta que haya luz natural) a formar parte de los comerciantes que colocan una fila de endebles mesas de madera en donde colocan las planchas y atados de cangrejos de 13 y 26 unidades respectivamente.  

En esta periférica zona de Guayaquil, los informales se exponen, sin desearlo, al sol, el polvo y a la delincuencia común. Los comerciantes provenientes, en su mayoría, del suburbio oeste y de otros sectores populares. Dicen no solo tienen que lidiar con las inclemencias del tiempo y la inseguridad sino también contra los municipales que de vez en cuando dan su vuelta por ahí.

Por la ruta de la periferia

En el lugar de ventas del crustáceo destaca María Isabel Peñafiel por sus ojos claros y piel bronceada por el sol, quien agita los brazos para llamar al atención de un vehículo que baja la velocidad al divisar los puestos pero que no se detiene ni para preguntar. Ella sabe que su lugar es el segundo en la fila y debe respetarlo. No invadiendo la línea imaginaria ni ocupa el sitio de su compañero. Aunque su puesto esté al final de la fila y su compañero se convierta en un rival a la hora de vender, prefiere el respeto.

“Tener un local dentro de la ciudad es muy complicado por el costo. Nosotros no tenemos dinero para invertir por eso buscamos este sitio que es bueno, pasan bastantes carros, aunque algunas veces  pasa personal de la Policía Metropolitana y nos quiere desalojar de forma muy respetuosa”, recordó la mujer de 21 años mientras se acomoda en una silla plástica.

María siempre anda acompañada de 1 de los más de 12 gatos que pululan en el sector. Critica a las personas que botan basura y no solo eso, ha tenido inconvenientes con quienes dejan abandonados animales vivos y hasta con crías.

“Aquí ayudamos a estos gatitos, les damos de comer y además limpiamos el manglar   recogemos llantas botadas, fundas plásticas vacías o llenas de desperdicios y muchas cosas que dejan los recicladores  u otro ciudadano mal viviente, aseguró la mujer.

El conviviente de María, Ítalo Lindao, llegó a este espacio hace  tres años. Refiere que cada uno de los 12 puestos ‘oficiales’ que son parte de la naciente Asociación Unidos Venceremos, buscan que las autoridades municipales les den la oportunidad de pasar de la clandestinidad a ser vendedores formales.

“Pretendemos que los legalicen ya como asociación porque es una forma de cuidar nuestro lugar de trabajo. Además es un buen lugar para vender, pasan muchos carros y camiones que nos hacen el gasto” comentó Lindao.

Manuel Bustos, taxista ejecutivo, sabe de la informalidad y de los problemas de trabajar bajo la presión de las autoridades. Se parquea y negocia el valor de tres atados para una reunión familiar.

“Mi hermano se regresa a España  es la primera vez que en casi 10 años nos volvemos a ver y me ha pedido que compre unos cangrejos para cerrar su visita”, dijo el hombre tras acomodar los crustáceos en la cajuela del auto.

Las ganancias van en proporción de las ventas, cada atado está  para los mayoristas a $ 10. Pero depende del comerciante quien lo termina revendiendo a $ 12 y $ 13. Aunque si el día es malo, lo remata a $ 11. Además toman en cuenta que el crustáceo vive de 3 a 4 días. Lo hacen para no perder la inversión, comentó Ricardo Carpio quien nació en Puerto Roma en el Golfo de Guayaquil.

“Cada puesto regularmente, de lunes a viernes, puede invertir de $ 150 a $ 200 en cangrejos. Los fines de semana la cifra aumenta a unos $ 300 dólares mientras que en feriados aumenta a unos $ 500 por cada puesto. Eso al final no garantiza una jugosa remuneración pero sí el trabajo honrado” resaltó Carpio quien desde hace 20 años vive en la cooperativa Santiaguito Róldos.

Alejado de la novísima Asociación de Cangrejeros hay otros vendedores ocasionales que se instalan pasando la planta de tratamiento de aguas servidas, que construye Interagua en la vía Perimetral, sector de El Salitral-Tres Bocas. Ahí se anuncia con un letrero de cartón pequeño la venta del crustáceo.  

Ahí trabaja Mario Poveda quien cuenta que la mayoría de los cangrejos los compra en el mercado Caraguay. “Ahí hay demasiada competencia por eso optamos por comercializarlos acá. Es una forma de venderlos más rápido y evitar el fuerte sol que azota a Guayaquil.  Además el lugar está en la ruta que transitan los carros que van al sur de la urbe” acotó el hombre mientras degusta su almuerzo, un encebollado.

Los cangrejos no solo satisfacen los paladares de quienes gustan de su sabor sino también son la fuente de ingreso de familias de pocos recursos económicos.

Aquellas que sin un trabajo fijo se dan la forma de ganarse la vida, los siete días de la semana, al pie de la Perimetral. En un ambiente inseguro, entre el ruido y el polvo pero con el deseo de salir adelante.

“Yo siempre les compro, es una forma de ayudarlos” dice Rogelio Tafur, un taxista informal. (I)

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