Los granjeros trabajan para salvar sus tierras

| 19 de Agosto de 2017 - 00:00
Las labores de los hacendados de la zona se hacen de forma manual, y se busca que sean permanentes.
FOTO: Foto: Miguel Castro / El Telégrafo

100 familias se benefician con un proyecto hídrico que servirá a pobladores de Guayas y Manabí.

Para los habitantes del recinto Boca de Pucón, no hay que ser científicos para saber que el cambio climático es una realidad. Las sequías son una problemática con la que no solo hay que lidiar sino empezar a convivir.

Esta situación llevó a los habitantes de esta zona del cantón Balzar a formar la Junta de Usuarios del Río Pucón.

Los campesinos y los ganaderos usan picos, palas y retroexcabadoras, luego que concluyó  la temporada invernal, para crear embalses  que sirven de reservas hídricas.

Con esta acción las más de cien familias de esta zona fronteriza de las provincias de Guayas y Manabí buscan en la Secretaría Nacional del Agua (Senagua) legalizar la toma del líquido vital.

Han pasado casi tres meses de la última lluvia, y el afluente empieza a evidenciar los efectos. En la actualidad la arena del río gana espacio ante el bajo caudal; a esta situación los pobladores la denominan —desde septiembre hasta octubre—  “playa muerta”, por el poco uso que se le da al sitio.

Por la falta de agua, Aurelio Chila Placesana, presidente de la Junta de Usuarios del Río Pucón —que aún es un proyecto— recuerda que en 2015 decenas de reses así como una incontable reducción de la producción se perdieron. La situación en 2016 se repitió con un drástico aumento de reses muertas (más de 1.500).

El ganadero refiere que son 12 recintos los que están asentados a orillas del río Pucón. A los que se suman los habitantes de los afluentes Pucca y Chicompe, que se pueden contar entre los afectados por la sequía.

Chila, quien es sargento de policía en estado pasivo, menciona que la realización de este plan (contempla la participación de los ganaderos y agricultores) también involucrará en un futuro la gestión de la Prefectura del Guayas en la construcción de embalses de hormigón. En total, el programa rural hídrico tiene 15 recintos agropecuarios. 

El cantón Balzar tiene 54 mil habitantes que se estima tienen algún grado de relación de más del 90% con las actividades del campo.

Chila afirma que entre la sequía y el robo de ganado los finqueros y trabajadores de esta zona están en un proceso de quiebra.  

Por eso el plan de los campesinos abarca seis ejes adicionales, entre los que consta el procesador de lácteos, cárnicos, feria de comercialización de ganado en pie, almacenamiento y procesamiento de maíz, mejoramiento de accesos viales y seguridad rural. Todo esto mantendría las plazas de trabajo si no que se generarían nuevas opciones.

Yaquelin Chila, quien ha vivido en este sector recuerda que hasta hace tres años los animales se morian de sed, los cultivos no se desarrollaban y la falta de empleo era constante,  algo que hoy ya se logra evitar, pero por su propia mano. El agua nos sirve incluso para los  quehaceres del hogar. 

Para Milton Castro López, de 53 años, la necesidad de ser atendidos los obligó a organizarse y trabajar para evitar que los cultivos de cacao, naranjas, maní, arroz o el ganado se pierdan en el recinto Tachuela, del cantón Santa Ana, provincia de Manabí. 

El río Pucón no alcanza la zona de cultivos de Castro, pero la realización de la albarrada sí los beneficiaría así como la implementación de pozos profundos, una alternativa también viable dentro del plan.

“En verano se usan piscinas para producciones de ciclos cortos y para que beban las vacas y no mueran  generando gastos adicionales en producciones que en promedio llegan a los 20 mil quintales de maíz y 8 mil de arroz, cifras que en invierno se duplican y que se intercambian entre estas localidades”, afirmó Castro. 

Con estas implementaciones, los residentes de los recintos y puntos ‘perdidos’ de este cantón guayasense intentan mantener y generar plazas de empleo en zonas donde el desarrollo comercial suele ser intenso o bajo, dependiendo del volumen del agua. (I)